El Honorable Tribunal Administrativo del Departamento General de Irrigación aprobó, mediante la Resolución N° 304, los Lineamientos Generales para la Gestión del Riesgo de Sequía incluidos en el Plan Especial de Gestión de Riesgo de Sequía (PEGRIS).
La medida establece un nuevo marco para enfrentar la aridez estructural de Mendoza y los efectos del cambio climático mediante una planificación preventiva, científica y sostenida en el tiempo.
El objetivo es modificar el enfoque tradicional basado principalmente en respuestas frente a situaciones críticas y avanzar hacia una gestión capaz de anticipar escenarios de escasez hídrica.
De la «emergencia» a la «prevención» permanente
Uno de los principales fundamentos del plan está relacionado con la fuerte dependencia que tiene Mendoza de la nieve acumulada en la Cordillera de los Andes.
Según el diagnóstico contemplado en la iniciativa, más del 95% del agua superficial disponible en la provincia depende de la nieve cordillerana, un factor que condiciona directamente la disponibilidad del recurso durante cada temporada.
Los períodos prolongados de sequía y las modificaciones en las condiciones climáticas llevaron al organismo hídrico a plantear un esquema en el que la seguridad hídrica pase a convertirse en una política pública transversal.
La planificación apunta a garantizar el abastecimiento para consumo humano, sostener la producción agrícola y preservar el equilibrio ambiental frente a escenarios de menor disponibilidad de agua.
Un sistema basado en planificación y conocimiento científico
Para desarrollar el PEGRIS, Irrigación tomó como referencia distintas metodologías y experiencias internacionales vinculadas con la administración de períodos de sequía.
Entre ellas se encuentra la metodología DRRA del Banco Mundial y los modelos de Planes Especiales de Sequía aplicados en España.
El esquema también se articula con herramientas nacionales y regionales, entre ellas el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) y el Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica (SISSA).
Con estos lineamientos, Irrigación busca contar con criterios que permitan evaluar riesgos, anticipar escenarios y definir medidas antes de que la falta de agua alcance niveles críticos, en lugar de concentrar la respuesta exclusivamente en períodos de emergencia.
Un cambio en la administración del agua de Mendoza
La Resolución N° 304 formaliza así un cambio de enfoque en la política hídrica provincial, con una mirada orientada a la gestión permanente del riesgo.
El PEGRIS pretende integrar información técnica, planificación y medidas preventivas para afrontar períodos de menor disponibilidad hídrica, particularmente en un territorio donde la nieve de alta montaña resulta determinante para el abastecimiento.
El nuevo esquema apunta a que la sequía deje de ser tratada únicamente como una contingencia excepcional y sea incorporada como una variable permanente dentro de la planificación del agua en Mendoza.
El Departamento General de Irrigación aprobó mediante la Resolución N° 304 los lineamientos del Plan Especial de Gestión de Riesgo de Sequía (PEGRIS). La iniciativa busca cambiar el manejo hídrico de Mendoza, pasando de respuestas ante emergencias a una planificación preventiva basada en información científica, frente a la aridez estructural y los efectos del cambio climático.
Mendoza decidió formalizar algo que la geografía viene explicando sin demasiada sutileza desde hace siglos: el agua no sobra y esperar a que falte para empezar a organizarse quizá no sea la estrategia más sofisticada disponible. Con la aprobación de los lineamientos del PEGRIS, Irrigación busca abandonar el tradicional modelo de combatir cada sequía cuando ya está instalada y pasar a anticiparse al problema. Una innovación conceptual comparable a comprar el paraguas antes de que empiece a llover, aunque en este caso justamente el inconveniente es que llueve muy poco.
La provincia depende en más de un 95% de la nieve cordillerana para disponer de agua superficial, de modo que cada invierno funciona prácticamente como una auditoría realizada por la naturaleza. Si nieva bien, las cuentas respiran; si nieva poco, productores, ciudades y organismos públicos comienzan a mirar las montañas con una intensidad que ningún pronóstico meteorológico debería tener que soportar.
El nuevo esquema pretende reemplazar los parches temporales por planificación, indicadores y mecanismos de prevención. Es decir, conseguir que la administración del agua deje de parecerse a una carrera contra la emergencia y se transforme en una política permanente. Para eso se incorporan metodologías internacionales y herramientas destinadas a medir riesgos antes de que la palabra sequía llegue acompañada por restricciones y comunicados urgentes.
El cambio tiene una lógica difícil de discutir: en una provincia árida, administrar el agua como si las crisis fueran acontecimientos inesperados resulta aproximadamente tan optimista como abrir una heladería en alta montaña y sorprenderse por el frío. El desafío ahora será convertir los lineamientos técnicos en decisiones concretas capaces de garantizar agua para consumo, producción y ambiente cuando la cordillera decida nuevamente recordar quién controla realmente la canilla.