El 26 de enero de 2018, un grupo de tripulantes de cabina vestidos con pantalones cargo y zapatillas recibió a los primeros 189 pasajeros que abordaron el entonces único Boeing 737-800 de Flybondi, la aerolínea pionera del segmento low cost en Argentina. La propuesta estaba condensada en su propio nombre, una referencia directa al modo informal en que los argentinos llaman al ómnibus: “bondi”.
Con tarifas bajas y una estética descontracturada, la empresa prometía acercar el avión a personas que nunca antes habían volado. Esa idea se expresaba antes de cada despegue con una pregunta que se volvió parte de su identidad: “¿Alguien viaja por primera vez? Levante la mano”.
Ocho años después, la compañía atraviesa una crisis profunda: tiene operativos solo dos aviones de los trece que integran su flota, acumula meses con altos niveles de cancelaciones, redujo personal y quedó sin conducción estable. Su última CEO, Paz Lovisolo, renunció a principios de junio de 2026, después de menos de cuatro meses al frente de la empresa.
Una low cost con fuerte caída operativa
Flybondi fue uno de los emblemas de la llamada “revolución de los aviones”, la política de apertura de cielos impulsada durante la presidencia de Mauricio Macri, entre 2015 y 2019. La empresa integra un mercado doméstico acotado, donde compite con la estatal Aerolíneas Argentinas y con JetSmart, controlada por el fondo de inversión estadounidense Indigo Partners.
Durante la reactivación de la actividad aérea posterior a la pandemia, la firma logró una fuerte expansión. En febrero de 2026 alcanzaba el 25% de participación en el mercado doméstico y el 5% en el mercado internacional, según registros de la Administración Nacional de Aviación Civil.
Ese desempeño se deterioró en apenas tres meses. En mayo de 2026, Flybondi registró solo el 6% del mercado de cabotaje y el 1,3% del internacional, niveles similares a los de sus primeros meses de operación, en 2018. El último informe oficial también indica que, entre mayo de 2025 y mayo de 2026, la empresa sufrió una reducción del 64% en la cantidad de vuelos operados y una caída del 66% en los pasajeros transportados.
Según el periodista aeronáutico Pablo Díaz, editor del portal Aviacionline, el origen de la crisis puede rastrearse algunos años atrás, cuando comenzaron a acumularse mantenimientos mayores de aeronaves. El ingreso de aviones a talleres, la falta de pago de reparaciones y el incumplimiento en el pago del alquiler de algunas unidades impidieron que varias aeronaves pudieran seguir volando.
Ese cuadro, combinado con deficiencias en la operación diaria, derivó en una cadena creciente de demoras y cancelaciones que se profundizó en los últimos meses.
Cancelaciones, pasajeros afectados y pérdida de confianza
Entre el 1° de junio de 2025 y el 31 de mayo de 2026, Flybondi canceló más de 2.500 vuelos, lo que afectó a más de 350.000 pasajeros, de acuerdo con la consultora Adventus. Ese desempeño ubicó a la empresa en el último lugar de su ranking de confiabilidad, elaborado a partir del historial de cumplimiento de las compañías que operan en el país.
La situación impactó directamente en la confianza de los usuarios. Aunque Flybondi continúa siendo una de las opciones más competitivas en precio, muchos pasajeros dejaron de elegirla ante la incertidumbre por posibles demoras o cancelaciones.
El último fin de semana largo en Argentina, extendido por el feriado del lunes 15 de junio, la compañía canceló 73 vuelos y llegó a operar durante 12 horas con una sola aeronave. La otra unidad activa quedó fuera de servicio por una falla en el parabrisas de la cabina, según detalló el sitio Aviación en Argentina.
“Hay mercado en Argentina para tres aerolíneas. Flybondi perdió una oportunidad histórica de convertirse en una low cost de referencia”, apunta Pablo Díaz. Para el especialista, la compañía necesita una inyección de capital muy significativa para asegurar su continuidad, incluso superior a la ya realizada por el nuevo inversor.
A mediados de 2025, en plena crisis financiera, el fondo Cartesian Capital Group dejó de ser el principal accionista de Flybondi. Ese lugar pasó a ocuparlo COC Global Enterprise, cuyo CEO es Leonardo Scatturice, empresario argentino con creciente poder y notoriedad en el entorno del Gobierno de Javier Milei.
Como parte de los planes de la nueva gestión, la aerolínea anunció en diciembre de 2025 un programa de expansión que preveía incorporar 35 aeronaves Airbus y Boeing para aumentar su flota un 230% en los cuatro años siguientes. En el escenario actual, ese objetivo aparece cada vez más difícil de concretar.
Deudas, suspensiones y una conducción vacante
Para Diego Dominelli, periodista especializado del portal Aviación en Argentina, los problemas de Flybondi se remontan a sus inicios, cuando comenzó a operar desde el aeropuerto de El Palomar, hoy cerrado. “Las cancelaciones y los desvíos por la mala programación fueron siempre un distintivo de la empresa, independientemente del accionista que estuviera en cada momento. Su cultura operacional siempre fue muy precaria”, afirma.
Dominelli sostiene que la empresa se encuentra en una situación límite. “Está en una etapa dramática porque hay damnificados de toda índole: pasajeros que no pudieron volar y no recibieron devoluciones; trabajadores perjudicados con los que, en muchos casos, acordaron retiros voluntarios que luego no cumplieron, o a quienes no pagaron la liquidación final y las indemnizaciones”, agrega.
Hace algunas semanas, la compañía despidió a toda su dirección, incluidos los responsables del área de comunicación. Tampoco fue posible establecer contacto con autoridades de la firma, mientras que la agencia de comunicación del fondo controlante no brinda información sobre la situación de la aerolínea.
Flybondi cuenta con una plantilla de alrededor de 1.300 empleados. En los últimos días, alcanzó un principio de acuerdo con la Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi para implementar suspensiones rotativas hasta que pueda recomponer su flota.
La empresa también enfrenta causas judiciales iniciadas por exempleados, que derivaron en embargos de cuentas, y pedidos de embargo de compañías proveedoras. Entre ellas figura Tienda León, a la que Flybondi adeuda 122 millones de pesos por traslados terrestres de pasajeros no abonados, equivalentes a unos 85.000 dólares.
Flybondi, pionera del modelo low cost en Argentina, atraviesa una crisis operativa y financiera: opera solo dos de sus trece aviones, perdió participación de mercado, acumuló más de 2.500 cancelaciones en un año y enfrenta recortes, suspensiones, deudas y la salida de su última CEO.
Dos aviones operativos sobre trece. La aerolínea que prometía democratizar el cielo argentino quedó más cerca de la sala de embarque eterna que de la “revolución de los aviones”.
Flybondi nació con pantalones cargo, zapatillas y una pregunta de épica popular: “¿Alguien viaja por primera vez? Levante la mano”. Ocho años después, muchos levantan la mano por otro motivo: para preguntar si el vuelo sale, si se reprograma o si el avión quedó en una especie de terapia intensiva con matrícula.
La low cost que llegó para parecerse al ómnibus terminó pareciéndose al trámite municipal que pide tres sellos, dos fotocopias y una fe que no figura en el formulario. En febrero tenía el 25% del mercado doméstico; en mayo, apenas el 6%. Una caída con menos planeo que promesa electoral después del corte de cinta.
El problema no fue solo vender barato, sino descubrir que los aviones también piden mantenimiento, alquileres, repuestos y una disciplina operativa que no se resuelve con estética descontracturada. El modelo necesitaba precisión quirúrgica y terminó administrado como un freezer de almacén: cuando abrís la puerta, no sabés si hay stock, hielo o una deuda esperando.
En un año canceló más de 2.500 vuelos y afectó a más de 350.000 pasajeros. Para una empresa que quería subir gente al avión por primera vez, la experiencia iniciática terminó incluyendo demora, incertidumbre y una clase práctica sobre cómo mirar compulsivamente una pantalla de partidas.
El país donde una revolución aérea puede quedarse sin aviones.