Las casas prefabricadas chinas ganan terreno en Argentina: cuánto cuestan y qué garantías ofrecen

Redacción Cuyo News
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En medio del fuerte aumento de los costos de construcción en Argentina, comenzaron a aparecer en el mercado las primeras viviendas modulares importadas desde China. Se trata de casas prefabricadas que prometen reducir significativamente el valor por metro cuadrado y acortar los tiempos de obra a apenas unas horas.

La propuesta ya comenzó a comercializarse en Mendoza y referentes del sector consideran que podría encontrar demanda en otros mercados donde la construcción industrializada tiene mayor desarrollo, como Córdoba y distintas regiones de la Patagonia.

Según los valores difundidos por importadores y comercializadores, algunos módulos básicos arrancan en torno a los $5 millones, mientras que un monoambiente de aproximadamente 30 metros cuadrados ronda los $15,5 millones. Las viviendas más completas, de casi 40 m², con dos habitaciones y baño, se ofrecen cerca de los $25 millones.

Aunque estas propuestas ganan visibilidad en regiones donde la construcción en seco ya tiene una trayectoria consolidada, persisten interrogantes vinculados a las garantías, la posventa y la respuesta frente a eventuales inconvenientes.

La diferencia de precio constituye uno de los principales argumentos de venta. Mientras una construcción tradicional puede costar entre $1,6 millones y $2,5 millones por metro cuadrado, dependiendo de la ubicación y las terminaciones, las viviendas modulares importadas se ofrecen entre $600.000 y $931.000 por metro cuadrado.

Cómo son las viviendas modulares importadas

Las unidades llegan prácticamente terminadas desde China. Están construidas con estructuras de acero galvanizado y paneles tipo sándwich, diseñados para acelerar los tiempos de montaje y mejorar la aislación térmica.

Según los vendedores, pueden incluir cocina, baño, instalaciones eléctricas, aberturas de aluminio, ventanas con doble vidrio y diferentes terminaciones interiores.

Los modelos que comenzaron a ofrecerse en el país se comercializan en formatos de 37, 56 y hasta 74 metros cuadrados, aunque también existen módulos más pequeños destinados a oficinas, depósitos o ampliaciones.

Una de las características que más llama la atención es la velocidad de instalación. Mientras una obra tradicional puede demandar varios meses, los fabricantes aseguran que algunos módulos pueden quedar montados en apenas diez horas una vez preparada la base correspondiente.

Además, muchas de estas estructuras son trasladables y pueden ampliarse mediante la incorporación de nuevos módulos, una característica que las diferencia de los sistemas constructivos tradicionales.

Garantías, posventa y asistencia técnica

Más allá del atractivo de los precios, arquitectos y referentes de la construcción industrializada advierten que una de las principales diferencias entre comprar una vivienda importada y una fabricada localmente pasa por la garantía y el servicio posventa.

Según explican, el problema no necesariamente radica en la calidad de los materiales. De hecho, destacan que muchos de los componentes utilizados por fabricantes chinos son similares a los empleados por empresas argentinas. Las dudas aparecen cuando surge un inconveniente una vez instalada la vivienda.

«Una cosa es recibir el módulo y otra muy distinta es saber quién responde si aparece una falla a los seis meses o al año», explican desde el sector.

Los especialistas sostienen que uno de los principales diferenciales de los fabricantes nacionales es la capacidad de ofrecer garantía, asistencia técnica y reposición de piezas ante eventuales defectos de fabricación.

También advierten que la diferencia de precio final puede reducirse considerablemente al incorporar costos como transporte, adecuación del terreno, montaje, impuestos y otros gastos asociados a la importación.

Mendoza, Córdoba y la Patagonia como mercados estratégicos

Especialistas vinculados a la construcción industrializada consideran que estas viviendas podrían encontrar una buena recepción en regiones donde la construcción en seco ya tiene trayectoria y aceptación.

Mendoza aparece como uno de los primeros mercados donde comenzaron a comercializarse de manera visible. Por su parte, Córdoba cuenta con una de las industrias más desarrolladas del país en sistemas industrializados, steel frame y soluciones prefabricadas.

En la Patagonia, el interés podría estar vinculado a la actividad petrolera, minera y turística, sectores que suelen demandar soluciones habitacionales rápidas y de fácil instalación en zonas alejadas de los grandes centros urbanos.

La construcción industrializada también viene ganando terreno por cuestiones de eficiencia energética y velocidad de ejecución. Este tipo de sistemas ya se utiliza en proyectos de alta complejidad, desde hospitales modulares hasta instalaciones científicas en la Antártida argentina.

¿Son realmente más económicas?

El menor costo inicial es uno de los principales argumentos de venta. Sin embargo, los especialistas recomiendan analizar el valor final del proyecto y no únicamente el precio publicado.

Además del módulo, el comprador debe contemplar movimientos de suelo, fundaciones, conexiones de agua, cloacas, electricidad, transporte y eventuales trámites municipales.

A ello se suma otro factor relevante: no todos los municipios cuentan con normativas específicas para este tipo de construcciones y muchas de estas operaciones no califican para créditos hipotecarios tradicionales.

Por ese motivo, aunque aparecen como una alternativa atractiva frente al encarecimiento de la construcción, los expertos recomiendan evaluar no solo el precio, sino también la garantía, el servicio técnico y el respaldo de quien comercializa el producto.

Mientras tanto, las viviendas modulares importadas comienzan a captar la atención de quienes buscan alternativas más económicas para construir en un mercado donde los costos continúan en niveles históricamente elevados.

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