Al menos 30 personas murieron y cerca de un centenar resultaron heridas como consecuencia del ataque masivo con misiles y drones lanzado por Rusia contra Kiev durante la madrugada del jueves, de acuerdo con el balance actualizado difundido por el Servicio de Emergencias de Ucrania este viernes.
Las autoridades indicaron que el número de víctimas fatales aumentó a medida que avanzaban las tareas de búsqueda y rescate entre los edificios derrumbados. El bombardeo es considerado por Kiev como el mayor contra la capital ucraniana desde el inicio de la invasión rusa en 2022.
Una noche marcada por misiles, drones y refugios colmados
Según el Gobierno ucraniano, Rusia lanzó alrededor de 500 drones y más de 70 misiles de distintos tipos, que provocaron daños o destruyeron numerosos edificios residenciales.
Periodistas de la AFP informaron que durante varias horas se escucharon explosiones en distintos sectores de la ciudad. Miles de habitantes buscaron protección en refugios subterráneos, muchos de ellos llevando colchones y pertenencias básicas.
El metro de Kiev informó que unas 52.000 personas, entre ellas 4.500 niños, utilizaron las estaciones subterráneas como refugio, la cifra más alta registrada en los últimos años.
«Nunca había bajado a un refugio, pero hoy lo hice por primera vez», contó Karina Taran, de 25 años. «Agarré a mi hijo y simplemente corrí al refugio. No salí hasta la mañana siguiente», agregó.
Día de luto y testimonios de los sobrevivientes
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, decretó este viernes como día de luto en la capital «en memoria de las víctimas del ataque más masivo del enemigo contra la capital».
Con la llegada de la mañana, numerosos vecinos comprobaron que sus viviendas habían quedado destruidas. Entre ellos estaba Sabina Mambetova, de 32 años, quien había abandonado la ciudad de Kramatorsk para instalarse en Kiev.
«La mitad del edificio está destruido y el techo ya no existe», relató mientras señalaba lo que hasta hacía pocas horas era su hogar. «Ha habido muchos ataques antes, pero nunca había sido así», afirmó. También describió la situación como «una verdadera pesadilla».
Zelenski reclama más defensa aérea mientras Moscú mantiene su postura
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, aseguró que el país responderá al ataque y solicitó a Estados Unidos autorización para fabricar misiles del sistema de defensa antiaérea Patriot con el objetivo de «impedir ataques como este».
«Rusia apunta a blancos civiles únicamente para obligar a Ucrania a renunciar a su Estado». «Eso no ocurrirá», afirmó el mandatario, quien además pidió a los aliados acelerar la asistencia en defensa aérea durante la próxima cumbre de la OTAN en Turquía.
Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso confirmó haber realizado un «ataque masivo» contra Kiev, al sostener que fue «en respuesta a los ataques terroristas del régimen de Kiev contra infraestructuras civiles». Según Moscú, los objetivos fueron empresas vinculadas con la industria militar e instalaciones energéticas.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó posteriormente que Rusia «seguirá incrementando la presión sobre el régimen de Kiev, para lograr nuestros objetivos establecidos», al ser consultado sobre las nuevas sanciones que prepara la Unión Europea.
Además, el Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus fuerzas tomaron once localidades ucranianas durante la última semana.
Condena internacional y negociaciones sin avances
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, condenó el ataque y volvió a reclamar un alto el fuego.
El bombardeo también generó fuertes críticas por parte de varios gobiernos occidentales. La Administración del presidente estadounidense Donald Trump evitó sumarse de forma explícita a esas condenas, aunque un alto funcionario señaló que el mandatario continúa buscando un acuerdo de paz para poner fin a las «matanzas insensatas» en Ucrania.
Los esfuerzos diplomáticos impulsados por Estados Unidos para alcanzar un alto el fuego permanecen estancados, mientras los ataques rusos sobre territorio ucraniano continúan prácticamente a diario y Ucrania también intensifica sus ofensivas contra objetivos en Rusia y en zonas ocupadas, especialmente contra instalaciones del sector petrolero.
Al menos 30 personas murieron y cerca de un centenar resultaron heridas tras un masivo ataque con misiles y drones lanzado por Rusia contra Kiev durante la madrugada del jueves. Las autoridades ucranianas lo califican como el mayor bombardeo sobre la capital desde el inicio de la invasión en 2022. El ataque provocó severos daños en edificios residenciales y motivó la declaración de un día de luto.
Treinta muertos. Cerca de cien heridos. Más de 500 drones y más de 70 misiles. Hay cifras que ya no parecen balances de guerra sino el marcador de una tragedia que se actualiza más rápido que el pronóstico del tiempo. Kiev volvió a pasar la noche mirando al cielo, pero no para ver estrellas.
Más de 52.000 personas terminaron refugiadas en estaciones de subte. Una ciudad entera funcionando como si el refugio fuera una parada más del recorrido diario, con colchones bajo el brazo y la incertidumbre haciendo fila como si sacara número para un trámite eterno. La normalidad, cuando dura una guerra, empieza a parecerse demasiado a una emergencia con horario fijo.
Mientras los equipos de rescate seguían removiendo escombros y el número de víctimas aumentaba con el paso de las horas, los edificios destruídos recordaban que los comunicados oficiales siempre llegan impecablemente redactados, aunque alrededor sólo queden paredes abiertas y techos convertidos en polvo. Las palabras «objetivos militares» y «respuesta» vuelven a aparecer en los discursos con la misma frecuencia que las sirenas en las calles.
Del lado ucraniano, el pedido es más defensa aérea y más sistemas Patriot. Del lado ruso, la promesa es incrementar la presión. En el medio quedan miles de familias calculando si todavía existe un departamento al que volver cuando termina la alarma. Una ecuación donde las declaraciones llegan puntuales y la paz sigue perdiendo el tren.
Las negociaciones internacionales continúan empantanadas, las condenas diplomáticas se acumulan y la guerra suma otra página con números que ya dejaron de sorprender al mundo, aunque nunca deberían hacerlo. Hay conflictos que parecen escritos por un burócrata con acceso ilimitado a explosivos. El saldo siempre lo pagan los mismos.
La guerra volvió a demostrar que los comunicados se imprimen más rápido que los ladrillos.