Un hombre de 43 años fue procesado con prisión preventiva acusado de amenazar de muerte a su expareja y madre de su hija en el barrio porteño de Nueva Pompeya. La medida fue dictada por el juez nacional en lo Criminal y Correccional Martín Yadarola, quien consideró acreditada la existencia de amenazas coactivas y lesiones leves agravadas por el vínculo y por mediar violencia de género.
El episodio ocurrió el 25 de junio, cuando el imputado llegó hasta la vivienda de la mujer y comenzó a enviarle mensajes por WhatsApp mientras permanecía en el lugar.
De acuerdo con la investigación, los textos incluían amenazas como: «Si no salís te prendo fuego todo» y estaban acompañados por una fotografía del frente de la vivienda y la imagen de una botella de alcohol etílico. Al mismo tiempo, golpeaba puertas y ventanas mientras gritaba que la iba a matar.
Ante la situación, la mujer llamó al 911. Minutos después, efectivos de la Policía de la Ciudad detuvieron al sospechoso en el lugar.
Qué secuestró la Policía
Durante el procedimiento, los agentes encontraron entre las pertenencias del acusado una botella de alcohol etílico, una cuchilla de cocina de aproximadamente 30 centímetros, una manopla metálica y un encendedor.
Según el expediente, esos elementos coincidían con las amenazas que la víctima había denunciado previamente y reforzaban la verosimilitud de los mensajes enviados.
Los antecedentes de violencia
La víctima declaró que la relación se extendió durante 11 años y que ambos tienen una hija de nueve años.
Relató que decidió separarse en 2023 tras descubrir una infidelidad y que, durante una discusión, el hombre la golpeó en el rostro. Afirmó además que su hija presenció aquella agresión.
También denunció otros episodios de violencia ocurridos con posterioridad, entre ellos una quemadura provocada con un cigarrillo y reiteradas amenazas para que retomara la convivencia.
Según su testimonio, el acusado le enviaba mensajes de audio y texto en los que le advertía que la iba a matar si no regresaba con él. En varias oportunidades, sostuvo, esos mensajes eran eliminados después de haber sido enviados.

Las pruebas incorporadas a la causa
La mujer entregó a la Justicia capturas de pantalla de conversaciones por WhatsApp, audios y videos que, según la investigación, contienen amenazas explícitas.
Entre las pruebas también aportó conversaciones mantenidas con la directora de la escuela donde asiste su hija, en las que explicaba que había decidido no llevarla a clases debido al temor de encontrarse con el agresor.
El magistrado destacó que los mensajes, los audios y los elementos secuestrados durante la detención guardan concordancia entre sí y respaldan el relato de la denunciante.
Por qué seguirá detenido
Al resolver el procesamiento con prisión preventiva, el juez Yadarola sostuvo que existen riesgos procesales que justifican mantener al imputado detenido mientras continúa la investigación.
Entre los fundamentos señaló la posibilidad de que el acusado intente influir sobre la víctima o sobre eventuales testigos, además de valorar la gravedad de las amenazas denunciadas y las circunstancias en las que fue detenido.
La resolución también remarca la necesidad de adoptar medidas destinadas a garantizar la protección integral de la mujer mientras avanza el proceso judicial.
Un hombre de 43 años fue procesado con prisión preventiva tras ser acusado de amenazar de muerte a su expareja y madre de su hija en el barrio porteño de Nueva Pompeya. La Justicia consideró acreditadas las amenazas, los antecedentes de violencia de género y el riesgo para la víctima, luego de que fuera detenido con un cuchillo, alcohol etílico, una manopla y un encendedor.
Una botella de alcohol etílico, una cuchilla de 30 centímetros, una manopla y un encendedor. No era una lista de compras ni una escena de película: eran los elementos que llevaba un hombre cuando fue detenido frente a la casa de su expareja, después de amenazar con matarla.
La violencia de género rara vez empieza el día en que llega un patrullero. Antes hubo insultos, golpes, amenazas, pedidos de volver, mensajes que aparecían y desaparecían del teléfono y un miedo que obligó a cambiar rutinas. En este caso, incluso una nena dejó de ir al colegio porque su madre temía encontrarse con quien prometía atacarla.
Las amenazas no quedaron solo en palabras. Según la investigación, fueron acompañadas por fotografías de la vivienda, audios intimidatorios y la exhibición de elementos que reforzaban cada advertencia. La Justicia entendió que no se trataba de expresiones impulsivas, sino de una situación que requería una respuesta inmediata para proteger a la víctima.
El expediente también reconstruye una historia que se extendió durante años. Una separación atravesada por episodios de violencia física, agresiones que nunca habían sido denunciadas y un hostigamiento persistente que, con el tiempo, fue escalando hasta llegar a la intervención policial.
La prisión preventiva no representa una condena, pero sí una medida destinada a evitar nuevos riesgos mientras avanza la investigación. Cuando las amenazas dejan de ser una posibilidad y empiezan a estar acompañadas por hechos concretos, la prevención también pasa a formar parte de la Justicia.