San Juan figura entre las provincias con menor porcentaje de estudiantes de tercer grado que tienen celular propio, de acuerdo con el informe «Celulares: ¿prohibir o no prohibir?», elaborado por Andrea Goldin, investigadora del CONICET y de la Universidad Torcuato Di Tella, junto a Martín Nistal y Tomás Besada, de Argentinos por la Educación.
El estudio analiza la tenencia de dispositivos móviles entre alumnos de primaria, las regulaciones existentes en las escuelas y los efectos que podrían tener las restricciones sobre el aprendizaje.
San Juan, por debajo del promedio nacional
Según los datos correspondientes a estudiantes de tercer grado, el 55,6% de los chicos sanjuaninos tiene celular propio, mientras que el 24,3% utiliza el teléfono de un familiar y el 20,1% no tiene acceso a un dispositivo móvil.
En conjunto, el 79,9% de los estudiantes dispone de algún tipo de acceso a un celular. A nivel nacional, el 58,6% posee un dispositivo propio, el 23,2% utiliza el de un familiar y el 18,2% no tiene acceso, por lo que San Juan se ubica tres puntos por debajo del promedio nacional en tenencia propia.
La provincia ocupa el puesto 19 entre las 24 jurisdicciones. Solo Corrientes, Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Misiones registran porcentajes inferiores, mientras que Santa Cruz (74%), Catamarca (71,9%) y Tierra del Fuego (70,1%) encabezan el ranking.
Menos celulares no significa mejores aprendizajes
El informe advierte que una menor presencia de celulares propios puede interpretarse como un dato favorable en términos de menor exposición temprana a dispositivos personales y a las distracciones que estos generan. Sin embargo, también señala que ese dato no implica automáticamente mejores resultados educativos, ya que puede estar vinculado con diferencias socioeconómicas y con la brecha digital.
En todo el país, el 63% de los alumnos pertenecientes a los sectores de mayores ingresos tiene celular propio, frente al 52% de quienes integran el nivel socioeconómico más bajo. También existe una diferencia entre escuelas urbanas, donde el porcentaje alcanza el 61%, y rurales, con el 48%.
La disponibilidad aumenta considerablemente durante la adolescencia: según Aprender 2023, el 90% de los estudiantes secundarios argentinos posee un celular propio.
Qué dice la evidencia sobre las prohibiciones
Las investigaciones internacionales analizadas muestran que las restricciones al uso de celulares pueden reducir significativamente las distracciones en el aula, especialmente cuando los dispositivos deben permanecer guardados durante la jornada escolar.
Entre los principales resultados observados figuran una reducción cercana al 30% en la actividad de los dispositivos durante las clases, una disminución de hasta el 80% en el uso declarado por los estudiantes y mejoras puntuales en alumnos con bajo rendimiento, además de una mayor organización de la dinámica escolar.
Sin embargo, los efectos sobre las calificaciones y el aprendizaje fueron limitados o inconsistentes. Algunos estudios detectaron mejoras moderadas, mientras que otros no encontraron diferencias significativas tras la implementación de las prohibiciones.
El informe sostiene que retirar el teléfono no garantiza por sí mismo una mayor concentración, ya que la distracción puede trasladarse hacia otras conductas si la medida no está acompañada por estrategias pedagógicas.
La situación en San Juan
En Argentina no existe una normativa nacional unificada sobre el uso de celulares en las escuelas. Según el relevamiento, 11 jurisdicciones cuentan con leyes, resoluciones o protocolos específicos, mientras que el resto no posee un marco general.
San Juan no figura entre las provincias con regulación provincial específica, aunque eso no impide que cada establecimiento establezca normas propias mediante acuerdos institucionales o códigos de convivencia.
El informe concluye que el desafío excede la discusión sobre prohibir o permitir los teléfonos. Para Argentinos por la Educación, resulta fundamental enseñar un uso responsable de la tecnología, capacitar a los docentes e involucrar a las familias en la construcción de hábitos digitales que acompañen el aprendizaje dentro y fuera de la escuela.
San Juan se ubica entre las provincias con menor porcentaje de estudiantes de tercer grado con celular propio, según un informe elaborado por Argentinos por la Educación, investigadores del CONICET y la Universidad Torcuato Di Tella. El estudio también analiza el impacto de las restricciones al uso de teléfonos en las escuelas y concluye que, por sí solas, no garantizan una mejora en los aprendizajes.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En San Juan, cuatro de cada diez chicos de tercer grado todavía no tienen celular propio. En un país donde el cargador parece venir en el bolso antes que el cuaderno, el dato llama la atención y pone a la provincia entre las que registran menor acceso a estos dispositivos.
La tentación es sacar una conclusión rápida: menos celulares, más atención. Pero la realidad tiene menos épica que un discurso de acto escolar. El mismo informe que muestra una menor presencia de teléfonos también recuerda que tener menos dispositivos no significa, automáticamente, aprender más. A veces es una cuestión de hábitos. Otras, simplemente de bolsillo.
Las investigaciones revisadas muestran que prohibir los celulares puede reducir las distracciones dentro del aula y ordenar la convivencia escolar. Si el teléfono queda guardado, se usa menos. Hasta ahí, la evidencia es bastante consistente. Lo que ya no resulta tan claro es que esa medida, por sí sola, se traduzca en mejores notas o aprendizajes más sólidos.
El desafío aparece cuando se apaga la pantalla. Porque un estudiante puede dejar de mirar el celular y empezar a mirar por la ventana, dibujar en la carpeta o contar las baldosas del aula. La atención no se instala por decreto y la pedagogía nunca encontró un botón de «modo concentración».
En ese escenario, San Juan tampoco cuenta con una regulación provincial específica sobre el uso de celulares en las escuelas, al menos según el relevamiento realizado. La mayoría de las decisiones queda en manos de cada institución, que define sus propias reglas de convivencia según su realidad.
La discusión ya dejó de ser si el celular entra o no al aula. El verdadero examen sigue siendo qué hacer cuando está adentro… y qué pasa cuando no está.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
San Juan figura entre las provincias con menor porcentaje de estudiantes de tercer grado que tienen celular propio, de acuerdo con el informe «Celulares: ¿prohibir o no prohibir?», elaborado por Andrea Goldin, investigadora del CONICET y de la Universidad Torcuato Di Tella, junto a Martín Nistal y Tomás Besada, de Argentinos por la Educación.
El estudio analiza la tenencia de dispositivos móviles entre alumnos de primaria, las regulaciones existentes en las escuelas y los efectos que podrían tener las restricciones sobre el aprendizaje.
San Juan, por debajo del promedio nacional
Según los datos correspondientes a estudiantes de tercer grado, el 55,6% de los chicos sanjuaninos tiene celular propio, mientras que el 24,3% utiliza el teléfono de un familiar y el 20,1% no tiene acceso a un dispositivo móvil.
En conjunto, el 79,9% de los estudiantes dispone de algún tipo de acceso a un celular. A nivel nacional, el 58,6% posee un dispositivo propio, el 23,2% utiliza el de un familiar y el 18,2% no tiene acceso, por lo que San Juan se ubica tres puntos por debajo del promedio nacional en tenencia propia.
La provincia ocupa el puesto 19 entre las 24 jurisdicciones. Solo Corrientes, Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Misiones registran porcentajes inferiores, mientras que Santa Cruz (74%), Catamarca (71,9%) y Tierra del Fuego (70,1%) encabezan el ranking.
Menos celulares no significa mejores aprendizajes
El informe advierte que una menor presencia de celulares propios puede interpretarse como un dato favorable en términos de menor exposición temprana a dispositivos personales y a las distracciones que estos generan. Sin embargo, también señala que ese dato no implica automáticamente mejores resultados educativos, ya que puede estar vinculado con diferencias socioeconómicas y con la brecha digital.
En todo el país, el 63% de los alumnos pertenecientes a los sectores de mayores ingresos tiene celular propio, frente al 52% de quienes integran el nivel socioeconómico más bajo. También existe una diferencia entre escuelas urbanas, donde el porcentaje alcanza el 61%, y rurales, con el 48%.
La disponibilidad aumenta considerablemente durante la adolescencia: según Aprender 2023, el 90% de los estudiantes secundarios argentinos posee un celular propio.
Qué dice la evidencia sobre las prohibiciones
Las investigaciones internacionales analizadas muestran que las restricciones al uso de celulares pueden reducir significativamente las distracciones en el aula, especialmente cuando los dispositivos deben permanecer guardados durante la jornada escolar.
Entre los principales resultados observados figuran una reducción cercana al 30% en la actividad de los dispositivos durante las clases, una disminución de hasta el 80% en el uso declarado por los estudiantes y mejoras puntuales en alumnos con bajo rendimiento, además de una mayor organización de la dinámica escolar.
Sin embargo, los efectos sobre las calificaciones y el aprendizaje fueron limitados o inconsistentes. Algunos estudios detectaron mejoras moderadas, mientras que otros no encontraron diferencias significativas tras la implementación de las prohibiciones.
El informe sostiene que retirar el teléfono no garantiza por sí mismo una mayor concentración, ya que la distracción puede trasladarse hacia otras conductas si la medida no está acompañada por estrategias pedagógicas.
La situación en San Juan
En Argentina no existe una normativa nacional unificada sobre el uso de celulares en las escuelas. Según el relevamiento, 11 jurisdicciones cuentan con leyes, resoluciones o protocolos específicos, mientras que el resto no posee un marco general.
San Juan no figura entre las provincias con regulación provincial específica, aunque eso no impide que cada establecimiento establezca normas propias mediante acuerdos institucionales o códigos de convivencia.
El informe concluye que el desafío excede la discusión sobre prohibir o permitir los teléfonos. Para Argentinos por la Educación, resulta fundamental enseñar un uso responsable de la tecnología, capacitar a los docentes e involucrar a las familias en la construcción de hábitos digitales que acompañen el aprendizaje dentro y fuera de la escuela.
San Juan se ubica entre las provincias con menor porcentaje de estudiantes de tercer grado con celular propio, según un informe elaborado por Argentinos por la Educación, investigadores del CONICET y la Universidad Torcuato Di Tella. El estudio también analiza el impacto de las restricciones al uso de teléfonos en las escuelas y concluye que, por sí solas, no garantizan una mejora en los aprendizajes.
En San Juan, cuatro de cada diez chicos de tercer grado todavía no tienen celular propio. En un país donde el cargador parece venir en el bolso antes que el cuaderno, el dato llama la atención y pone a la provincia entre las que registran menor acceso a estos dispositivos.
La tentación es sacar una conclusión rápida: menos celulares, más atención. Pero la realidad tiene menos épica que un discurso de acto escolar. El mismo informe que muestra una menor presencia de teléfonos también recuerda que tener menos dispositivos no significa, automáticamente, aprender más. A veces es una cuestión de hábitos. Otras, simplemente de bolsillo.
Las investigaciones revisadas muestran que prohibir los celulares puede reducir las distracciones dentro del aula y ordenar la convivencia escolar. Si el teléfono queda guardado, se usa menos. Hasta ahí, la evidencia es bastante consistente. Lo que ya no resulta tan claro es que esa medida, por sí sola, se traduzca en mejores notas o aprendizajes más sólidos.
El desafío aparece cuando se apaga la pantalla. Porque un estudiante puede dejar de mirar el celular y empezar a mirar por la ventana, dibujar en la carpeta o contar las baldosas del aula. La atención no se instala por decreto y la pedagogía nunca encontró un botón de «modo concentración».
En ese escenario, San Juan tampoco cuenta con una regulación provincial específica sobre el uso de celulares en las escuelas, al menos según el relevamiento realizado. La mayoría de las decisiones queda en manos de cada institución, que define sus propias reglas de convivencia según su realidad.
La discusión ya dejó de ser si el celular entra o no al aula. El verdadero examen sigue siendo qué hacer cuando está adentro… y qué pasa cuando no está.