Dejar un cargador conectado al tomacorriente después de retirar el teléfono o cualquier otro dispositivo puede parecer un hábito inofensivo, pero especialistas advierten que esa práctica implica un consumo eléctrico constante y puede generar riesgos para la seguridad del hogar.

Según explicó Glen Farivar, profesor de Electrónica de Potencia de la Universidad de Melbourne, los cargadores continúan consumiendo una pequeña cantidad de energía aun cuando no están cargando ningún dispositivo, un fenómeno conocido como «consumo en espera».

Consumo eléctrico y mayor gasto

Aunque el consumo individual de cada cargador es reducido, la suma de varios equipos conectados de manera permanente puede reflejarse en la factura de electricidad y aumentar la demanda energética.

Además del impacto económico, ese consumo innecesario también contribuye al incremento de las emisiones asociadas a la generación de electricidad.

El riesgo del sobrecalentamiento

Los especialistas advierten que mantener los cargadores enchufados favorece la acumulación de calor en sus componentes internos, especialmente en los capacitores, que son sensibles a las altas temperaturas.

Con el paso del tiempo, ese desgaste puede reducir la vida útil del cargador y aumentar las posibilidades de fallas, especialmente si se producen sobretensiones eléctricas o variaciones bruscas en el suministro.

En casos extremos, un cargador deteriorado podría humear, derretirse o incluso incendiarse, sobre todo si se trata de equipos antiguos o con daños visibles.

Riesgos para niños y mascotas

Los cargadores conectados también representan un riesgo adicional en hogares donde viven niños pequeños o mascotas.

Los menores pueden manipular los cables y exponerse a descargas eléctricas, mientras que los animales domésticos pueden morderlos y sufrir lesiones graves.

Además, los cables sueltos aumentan la posibilidad de tropiezos y accidentes dentro del hogar.

Impacto ambiental

El consumo permanente de energía también tiene consecuencias ambientales, ya que incrementa la demanda de electricidad y, en muchos casos, la utilización de combustibles fósiles para abastecer esa demanda.

Desenchufar los cargadores cuando no se utilizan es una medida sencilla que contribuye a reducir la huella de carbono y el desperdicio energético.

Cómo prevenir problemas

Los especialistas recomiendan desenchufar los cargadores después de utilizarlos, revisar periódicamente su estado y reemplazarlos cuando presenten signos de desgaste o sobrecalentamiento.

También aconsejan utilizar cargadores certificados, incorporar protectores contra sobretensiones y evitar productos sin certificaciones reconocidas.

Guardar los cargadores en lugares secos y frescos, además de mantenerlos fuera del alcance de niños y mascotas, ayuda a prolongar su vida útil y reducir los riesgos asociados.