Una ortopedia de San Juan fue víctima de una estafa por un monto cercano a los $200 millones, luego de que delincuentes consiguieran acceder a su cuenta bancaria y realizaran casi 30 transferencias en menos de dos días. El caso ocurrió durante un fin de semana y quedó bajo investigación de la UFI de Delitos Informáticos y Estafas.
La maniobra comenzó cuando uno de los responsables de la empresa necesitó comunicarse con la entidad bancaria y decidió buscar el número telefónico en Google. Realizó una primera llamada que terminó rápidamente y, poco después, recibió otra comunicación.
Del otro lado se presentaron como personas capaces de ayudarlo con un supuesto inconveniente de seguridad en la cuenta. A partir de allí, los estafadores lo fueron guiando hasta conseguir información y credenciales que posteriormente utilizaron para ingresar al sistema bancario.
Casi 30 transferencias en menos de dos días
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la cantidad y el volumen de los movimientos realizados.
Según explicó el fiscal Pablo Martín, integrante de la UFI de Delitos Informáticos y Estafas, los delincuentes hicieron “casi 30 transferencias en menos de dos días”.
Las operaciones se realizaron durante un fin de semana y tuvieron montos que iban desde aproximadamente $1 millón hasta transferencias de $10 millones.
El perjuicio total rondó los $200 millones. Para la Fiscalía, la cantidad y la magnitud de los movimientos constituyen operaciones que deberían haber generado algún mecanismo de alerta.
La investigación también busca reconstruir qué ocurrió con el dinero una vez que salió de la cuenta de la empresa.
De acuerdo con las primeras averiguaciones, los fondos pasaron por distintas cuentas intermediarias y podrían haber terminado en billeteras virtuales o en circuitos relacionados con criptomonedas.
Intentan recuperar parte del dinero
Luego de la denuncia, la Justicia dispuso medidas destinadas a bloquear algunas de las cuentas que habían recibido los fondos.
Sin embargo, la velocidad con la que el dinero puede ser transferido entre distintas cuentas y plataformas dificulta considerablemente las posibilidades de recuperación.
Otro elemento que complicó la investigación fue el momento en que se presentó la denuncia. La presentación judicial se concretó varios días después de que se realizaran las transferencias.
Por el momento, la investigación apunta de manera preliminar hacia personas vinculadas con Córdoba, aunque las autoridades continúan trabajando para determinar quiénes participaron de la maniobra y cuál fue el recorrido completo del dinero.
La advertencia de la Fiscalía
A partir de este caso, el fiscal Pablo Martín difundió una serie de recomendaciones destinadas a prevenir estafas de este tipo, especialmente cuando se trata de cuentas bancarias utilizadas por empresas.
La principal advertencia es no buscar números telefónicos de bancos en Google. Frente a cualquier inconveniente, la recomendación es utilizar exclusivamente los canales oficiales disponibles en la aplicación bancaria, la página oficial de la entidad o un resumen de cuenta donde figure un número de contacto previamente conocido.
La causa continúa bajo investigación de la UFI de Delitos Informáticos y Estafas, que busca identificar a todos los involucrados y establecer si es posible recuperar parte del dinero sustraído.
Una ortopedia de San Juan sufrió una estafa cercana a los $200 millones luego de que delincuentes obtuvieran acceso a su cuenta bancaria. La maniobra comenzó tras una búsqueda en Google del teléfono del banco y derivó en casi 30 transferencias realizadas en menos de dos días. La UFI de Delitos Informáticos y Estafas investiga el recorrido del dinero e intenta recuperar parte de los fondos.
Casi 30 transferencias en menos de dos días y un agujero de alrededor de $200 millones. Todo empezó con algo tan cotidiano como buscar en Google el teléfono del banco, una decisión que terminó convirtiéndose en una clase acelerada de ciberseguridad, pero con matrícula de nueve cifras.
Después de la primera llamada llegó otra, esta vez de quienes se presentaron como supuestos asistentes para resolver un problema de seguridad. La paradoja vino incluida de fábrica: el llamado que prometía proteger la cuenta terminó abriendo la puerta para vaciarla.
Los delincuentes movieron montos que iban desde cerca de $1 millón hasta operaciones de $10 millones durante un fin de semana. La Fiscalía ahora analiza cómo pudieron concretarse semejantes movimientos sin que saltara antes alguna alarma, porque una cosa es comprar una licuadora en oferta y otra bastante distinta es despachar millones como si fueran transferencias entre amigos.
El dinero habría pasado por distintas cuentas intermediarias y podría haber terminado en billeteras virtuales o circuitos vinculados con criptomonedas. La ruta de los fondos, como suele ocurrir en estas maniobras, parece diseñada por alguien que odia profundamente las flechas rectas.
La Justicia logró bloquear algunas cuentas receptoras, aunque la denuncia se presentó días después de realizadas las operaciones, un margen que complica seriamente cualquier intento de recuperación. La investigación, por ahora, apunta de manera preliminar hacia personas vinculadas con Córdoba.
El fiscal Pablo Martín dejó una recomendación tan simple como brutalmente necesaria: no buscar teléfonos de bancos en Google y utilizar únicamente canales oficiales. En 2026, llamar al banco correcto ya forma parte de la seguridad bancaria.