Un informe ecotoxicológico incorporó nuevos elementos al debate sobre la mortandad de pejerreyes registrada en noviembre de 2025 en el dique Cuesta del Viento, en el departamento Iglesia. El trabajo detectó concentraciones elevadas de metales en tejidos de los peces y cuestiona la hipótesis oficial que atribuía el episodio a una falta localizada de oxígeno, aunque aclara que todavía no existen pruebas que permitan vincular directamente la contaminación con la mina Veladero.
Metales en peces, agua y sedimentos
Entre los resultados más relevantes, el estudio identificó 2.464 miligramos por kilogramo de aluminio en el hígado de peces muertos, mientras que un ejemplar vivo utilizado como referencia presentó 119 mg/kg. En las branquias también se detectaron concentraciones elevadas, con 824 mg/kg de aluminio.
Además, los investigadores registraron la presencia de aluminio, cobre, arsénico, boro y cloro en muestras de agua, sedimentos y tejidos. El informe fue elaborado por especialistas vinculados con la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, integrando resultados de estudios previos realizados por la UNCuyo, SGS, CIPCAMI y antecedentes científicos sobre la cuenca.
El trabajo no corresponde a una nueva campaña de muestreo, sino a un análisis conjunto de la información disponible para reconstruir las posibles causas del episodio.
La hipótesis del oxígeno perdió fuerza
La Secretaría de Ambiente de San Juan había informado inicialmente que la mortandad podía explicarse por una disminución localizada del oxígeno disuelto en el agua.
Sin embargo, análisis posteriores registraron valores de entre 7,67 y 9,16 miligramos por litro, niveles considerados compatibles con la supervivencia del pejerrey. Los autores del informe sostienen que esos resultados debilitan la explicación oficial, aunque aclaran que no permiten descartar que un episodio puntual de baja oxigenación haya ocurrido antes de la toma de muestras.
En paralelo, el Gobierno provincial informó que no detectó cianuro, mercurio ni nitritos y que los parámetros analizados permanecieron dentro de la línea de base ambiental incorporada al expediente judicial.
Veladero aparece como una hipótesis, no como una conclusión
El informe plantea que la explicación más consistente para la mortandad es un estrés fisiológico severo provocado por la exposición conjunta a metales y cloro.
Los investigadores identifican al río La Palca como un posible aporte de contaminantes hacia el sistema Río Blanco-Cuesta del Viento-Río Jáchal, una cuenca que se conecta con el área cordillerana donde opera la mina Veladero.
También recuerdan un antecedente relevante: tras el derrame de solución cianurada ocurrido en 2015, la empresa utilizó hipoclorito de sodio para neutralizar el cianuro. La detección de cloro en los análisis realizados durante 2025 y 2026 volvió a instalar interrogantes sobre un posible vínculo.
Sin embargo, el propio informe aclara que no se comprobó ningún derrame ocurrido en 2025 ni existe una huella química capaz de atribuir el origen de los metales directamente a Veladero. La relación con la actividad minera continúa siendo una hipótesis científica que requiere nuevas investigaciones.
La causa se archivó antes de recibir una evidencia clave
La UFI Norte desestimó la investigación penal el 25 de febrero de 2026 al considerar que no existían pruebas suficientes para acreditar la comisión de un delito ambiental.
El análisis de los tejidos de los peces, que posteriormente detectó concentraciones elevadas de metales, fue incorporado después del cierre del expediente. Esa evidencia no demuestra por sí sola la responsabilidad de ninguna empresa, pero podría abrir una nueva discusión sobre la conveniencia de revisar la investigación.
El informe también menciona interrogantes sobre un muestreo realizado en el río La Palca que no figuraba en la documentación inicialmente entregada a la Justicia y sobre la capacidad analítica del CIPCAMI para determinar la presencia de mercurio.
Hasta el momento, los datos permiten afirmar que existieron concentraciones elevadas de metales en los peces y que la hipótesis oficial de la falta de oxígeno perdió solidez frente a la nueva evidencia. Lo que todavía no está demostrado es que la contaminación y la mortandad hayan sido provocadas directamente por la actividad de Veladero.
Un informe ecotoxicológico incorporó nuevas evidencias sobre la mortandad de pejerreyes registrada en noviembre de 2025 en el dique Cuesta del Viento. Los análisis detectaron concentraciones elevadas de metales en los peces y cuestionan la hipótesis oficial de una falta de oxígeno. Sin embargo, los investigadores aclaran que todavía no existen pruebas que permitan atribuir directamente la contaminación a la mina Veladero.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Dos mil cuatrocientos sesenta y cuatro miligramos de aluminio por kilo en el hígado de un pejerrey. El dato no salió de una película apocalíptica ni de un laboratorio clandestino: figura en un informe técnico incorporado a la investigación sobre la mortandad de peces en Cuesta del Viento. La explicación oficial, mientras tanto, seguía mirando para otro lado con la tranquilidad de quien busca las llaves debajo del farol porque ahí hay más luz.
Durante meses se sostuvo que todo había sido consecuencia de una falta de oxígeno. El problema apareció cuando empezaron a llegar análisis con niveles de oxígeno disuelto compatibles con la supervivencia del pejerrey. No alcanza para descartar que en algún momento haya existido un episodio puntual de hipoxia, pero sí alcanza para que la explicación deje de caminar sola. Cuando los datos empiezan a discutir entre ellos, la versión oficial ya no puede seguir hablando en nombre de todos.
Después llegaron los metales. Aluminio en concentraciones muy superiores a las registradas en un pez vivo utilizado como referencia. También cobre, arsénico, boro y cloro distribuidos entre agua, sedimentos y tejidos. No es una prueba de quién contaminó. Es una fotografía incómoda de un ecosistema que claramente no estaba atravesando un buen día.
Como suele pasar en las historias ambientales, la discusión terminó viajando río arriba. El informe identifica al río La Palca como un posible aporte de contaminantes hacia el sistema Río Blanco-Cuesta del Viento-Río Jáchal, una cuenca que conecta con la zona donde opera Veladero. Ahí aparecen las sospechas, los antecedentes del derrame de 2015 y el uso de hipoclorito para neutralizar cianuro. Pero también aparece el límite que impone la evidencia: hoy no existe una huella química que permita afirmar que esos metales provienen directamente de la mina.
Mientras tanto, la causa penal fue archivada antes de que llegaran los análisis de tejidos que hoy alimentan la discusión. El expediente cerró. Los datos siguieron llegando. A veces la ciencia tarda más que la burocracia. Y cuando finalmente alcanza la puerta, descubre que ya apagaron la luz.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un informe ecotoxicológico incorporó nuevos elementos al debate sobre la mortandad de pejerreyes registrada en noviembre de 2025 en el dique Cuesta del Viento, en el departamento Iglesia. El trabajo detectó concentraciones elevadas de metales en tejidos de los peces y cuestiona la hipótesis oficial que atribuía el episodio a una falta localizada de oxígeno, aunque aclara que todavía no existen pruebas que permitan vincular directamente la contaminación con la mina Veladero.
Metales en peces, agua y sedimentos
Entre los resultados más relevantes, el estudio identificó 2.464 miligramos por kilogramo de aluminio en el hígado de peces muertos, mientras que un ejemplar vivo utilizado como referencia presentó 119 mg/kg. En las branquias también se detectaron concentraciones elevadas, con 824 mg/kg de aluminio.
Además, los investigadores registraron la presencia de aluminio, cobre, arsénico, boro y cloro en muestras de agua, sedimentos y tejidos. El informe fue elaborado por especialistas vinculados con la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, integrando resultados de estudios previos realizados por la UNCuyo, SGS, CIPCAMI y antecedentes científicos sobre la cuenca.
El trabajo no corresponde a una nueva campaña de muestreo, sino a un análisis conjunto de la información disponible para reconstruir las posibles causas del episodio.
La hipótesis del oxígeno perdió fuerza
La Secretaría de Ambiente de San Juan había informado inicialmente que la mortandad podía explicarse por una disminución localizada del oxígeno disuelto en el agua.
Sin embargo, análisis posteriores registraron valores de entre 7,67 y 9,16 miligramos por litro, niveles considerados compatibles con la supervivencia del pejerrey. Los autores del informe sostienen que esos resultados debilitan la explicación oficial, aunque aclaran que no permiten descartar que un episodio puntual de baja oxigenación haya ocurrido antes de la toma de muestras.
En paralelo, el Gobierno provincial informó que no detectó cianuro, mercurio ni nitritos y que los parámetros analizados permanecieron dentro de la línea de base ambiental incorporada al expediente judicial.
Veladero aparece como una hipótesis, no como una conclusión
El informe plantea que la explicación más consistente para la mortandad es un estrés fisiológico severo provocado por la exposición conjunta a metales y cloro.
Los investigadores identifican al río La Palca como un posible aporte de contaminantes hacia el sistema Río Blanco-Cuesta del Viento-Río Jáchal, una cuenca que se conecta con el área cordillerana donde opera la mina Veladero.
También recuerdan un antecedente relevante: tras el derrame de solución cianurada ocurrido en 2015, la empresa utilizó hipoclorito de sodio para neutralizar el cianuro. La detección de cloro en los análisis realizados durante 2025 y 2026 volvió a instalar interrogantes sobre un posible vínculo.
Sin embargo, el propio informe aclara que no se comprobó ningún derrame ocurrido en 2025 ni existe una huella química capaz de atribuir el origen de los metales directamente a Veladero. La relación con la actividad minera continúa siendo una hipótesis científica que requiere nuevas investigaciones.
La causa se archivó antes de recibir una evidencia clave
La UFI Norte desestimó la investigación penal el 25 de febrero de 2026 al considerar que no existían pruebas suficientes para acreditar la comisión de un delito ambiental.
El análisis de los tejidos de los peces, que posteriormente detectó concentraciones elevadas de metales, fue incorporado después del cierre del expediente. Esa evidencia no demuestra por sí sola la responsabilidad de ninguna empresa, pero podría abrir una nueva discusión sobre la conveniencia de revisar la investigación.
El informe también menciona interrogantes sobre un muestreo realizado en el río La Palca que no figuraba en la documentación inicialmente entregada a la Justicia y sobre la capacidad analítica del CIPCAMI para determinar la presencia de mercurio.
Hasta el momento, los datos permiten afirmar que existieron concentraciones elevadas de metales en los peces y que la hipótesis oficial de la falta de oxígeno perdió solidez frente a la nueva evidencia. Lo que todavía no está demostrado es que la contaminación y la mortandad hayan sido provocadas directamente por la actividad de Veladero.
Un informe ecotoxicológico incorporó nuevas evidencias sobre la mortandad de pejerreyes registrada en noviembre de 2025 en el dique Cuesta del Viento. Los análisis detectaron concentraciones elevadas de metales en los peces y cuestionan la hipótesis oficial de una falta de oxígeno. Sin embargo, los investigadores aclaran que todavía no existen pruebas que permitan atribuir directamente la contaminación a la mina Veladero.
Dos mil cuatrocientos sesenta y cuatro miligramos de aluminio por kilo en el hígado de un pejerrey. El dato no salió de una película apocalíptica ni de un laboratorio clandestino: figura en un informe técnico incorporado a la investigación sobre la mortandad de peces en Cuesta del Viento. La explicación oficial, mientras tanto, seguía mirando para otro lado con la tranquilidad de quien busca las llaves debajo del farol porque ahí hay más luz.
Durante meses se sostuvo que todo había sido consecuencia de una falta de oxígeno. El problema apareció cuando empezaron a llegar análisis con niveles de oxígeno disuelto compatibles con la supervivencia del pejerrey. No alcanza para descartar que en algún momento haya existido un episodio puntual de hipoxia, pero sí alcanza para que la explicación deje de caminar sola. Cuando los datos empiezan a discutir entre ellos, la versión oficial ya no puede seguir hablando en nombre de todos.
Después llegaron los metales. Aluminio en concentraciones muy superiores a las registradas en un pez vivo utilizado como referencia. También cobre, arsénico, boro y cloro distribuidos entre agua, sedimentos y tejidos. No es una prueba de quién contaminó. Es una fotografía incómoda de un ecosistema que claramente no estaba atravesando un buen día.
Como suele pasar en las historias ambientales, la discusión terminó viajando río arriba. El informe identifica al río La Palca como un posible aporte de contaminantes hacia el sistema Río Blanco-Cuesta del Viento-Río Jáchal, una cuenca que conecta con la zona donde opera Veladero. Ahí aparecen las sospechas, los antecedentes del derrame de 2015 y el uso de hipoclorito para neutralizar cianuro. Pero también aparece el límite que impone la evidencia: hoy no existe una huella química que permita afirmar que esos metales provienen directamente de la mina.
Mientras tanto, la causa penal fue archivada antes de que llegaran los análisis de tejidos que hoy alimentan la discusión. El expediente cerró. Los datos siguieron llegando. A veces la ciencia tarda más que la burocracia. Y cuando finalmente alcanza la puerta, descubre que ya apagaron la luz.