Argentina avanzó en el ranking mundial de transición energética elaborado por el Foro Económico Mundial, aunque la mejora quedó condicionada por problemas estructurales que todavía limitan su capacidad para consolidar un sistema energético más moderno, sostenible y competitivo.
Durante 2026, el país elevó su puntuación de 55,6 a 57,4 puntos y escaló una posición entre las 120 naciones evaluadas, hasta ubicarse en el puesto 56. La mejora estuvo impulsada principalmente por el amplio acceso a la energía y por una mayor asequibilidad para hogares e industrias, en un contexto de reducción de los precios del gas y de relativa estabilidad en las tarifas eléctricas.
Equidad energética y seguridad de suministro
El informe destaca que Argentina mantiene uno de los desempeños más sólidos de América Latina en materia de equidad energética. Esa fortaleza se apoya en la cobertura del servicio y en la disponibilidad de recursos energéticos propios.
El país también figura entre los mejor posicionados del mundo en seguridad de suministro, gracias a la diversidad de fuentes y a la abundancia de recursos naturales. Ese punto constituye una ventaja relevante en un escenario internacional marcado por la necesidad de sistemas energéticos más resilientes.
Infraestructura, financiamiento y capital humano
Detrás del avance general, el diagnóstico expone señales de alerta. La infraestructura energética fue el principal factor de deterioro durante el último año. La desaceleración en la incorporación de energías renovables, junto con retrocesos en transporte e infraestructura digital, redujo la capacidad del sistema para acompañar el crecimiento de la demanda y afrontar los desafíos de la transición.
A esa situación se suma una debilidad persistente en materia de inversiones. El acceso al financiamiento continúa limitado por el riesgo país, la volatilidad económica y las dificultades para obtener crédito de largo plazo, una condición clave para impulsar proyectos energéticos de gran escala.
El análisis también señala un déficit creciente en capital humano. La escasez de profesionales especializados en ingeniería, operación de redes y tecnologías limpias empieza a convertirse en una restricción para el desarrollo del sector. Según el informe, la formación técnica será determinante para sostener la expansión energética en los próximos años.
El potencial del litio y los desafíos del sistema eléctrico
Otro de los puntos críticos identificados es la flexibilidad del sistema eléctrico. Aunque Argentina cuenta con abundantes recursos energéticos, su capacidad para responder a cambios bruscos en la oferta y la demanda se redujo durante la última década. Para revertir esa tendencia, el informe recomienda acelerar inversiones en almacenamiento, modernización de redes y herramientas de gestión inteligente de la demanda.
En contraste, el país muestra una ventaja estratégica en minerales críticos para la transición energética. Su posición dentro del Triángulo del Litio lo ubica entre los actores con mayor potencial para abastecer las cadenas globales de suministro vinculadas a tecnologías limpias y electromovilidad.
El resultado refleja una paradoja: Argentina cuenta con recursos energéticos abundantes, buena cobertura y un papel cada vez más relevante en la economía de la transición, pero todavía enfrenta dificultades para transformar ese potencial en infraestructura, innovación e inversiones. El desafío ya no pasa por los recursos disponibles, sino por la velocidad con la que pueda convertirlos en desarrollo.
Argentina avanzó en el ranking mundial de transición energética del Foro Económico Mundial durante 2026, al subir su puntaje a 57,4 y ubicarse en el puesto 56 entre 120 países. La mejora se apoyó en el acceso y la asequibilidad energética, aunque persisten problemas de infraestructura, financiamiento, capital humano y flexibilidad eléctrica.
Argentina volvió a hacer una de esas maniobras que desconciertan a los manuales internacionales: avanzó en el ranking mundial de transición energética mientras buena parte de su sistema energético todavía parece pedir una reunión urgente con mantenimiento, finanzas y un ingeniero que no esté mirando ofertas laborales en el exterior. El país subió su puntaje, escaló un puesto y quedó en el lugar 56, como quien llega a la meta con el motor tosiendo, pero igual saluda a la tribuna.
El Foro Económico Mundial miró los números y encontró una Argentina con buena cobertura, energía relativamente accesible y recursos naturales como para armar una saga de ciencia ficción con litio, gas y renovables. Hasta ahí, aplausos. El problema es que detrás del decorado aparece la infraestructura, ese personaje secundario que entra tarde, con los cables en la mano y cara de haber leído el presupuesto recién esa mañana.
La transición energética argentina tiene algo de superproducción ambiciosa filmada con una zapatilla sosteniendo la cámara: hay recursos, hay potencial, hay un lugar privilegiado en el Triángulo del Litio y una promesa de futuro que brilla más que una presentación de PowerPoint en un ministerio. Pero también hay falta de financiamiento, riesgo país, volatilidad económica y escasez de especialistas. Es decir, el guion incluye épica, pero el productor todavía no aprobó el adelanto.
El informe también advierte que el sistema eléctrico perdió flexibilidad en la última década, una forma elegante de decir que no siempre reacciona con la velocidad que exige un mundo donde la demanda cambia, las fuentes renovables crecen y la paciencia de los usuarios no cotiza precisamente al alza. Harían falta redes más modernas, almacenamiento y gestión inteligente de la demanda. Nada demasiado extravagante: apenas el equivalente energético de dejar de usar un mapa de papel para manejar una nave espacial.
Así, Argentina aparece en la foto global con una paradoja muy nacional: tiene los recursos, tiene la ubicación estratégica y tiene una base energética amplia, pero todavía necesita convertir ese potencial en obras, inversión, tecnología y talento especializado. La transición energética no le exige inventar la rueda; le pide, con bastante insistencia, que la instale, la conecte y evite que quede esperando licitación.