La inflación mostró señales de desaceleración durante agosto, pero los precios de alimentos y bebidas volvieron a encender alertas hacia el cierre de septiembre. Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor registró en agosto una variación mensual del 1,7%, por debajo del 2,1% de julio y el nivel más bajo de los últimos 14 meses.
Sin embargo, los relevamientos privados comenzaron a mostrar una aceleración en productos de consumo cotidiano. La consultora LCG registró una suba semanal del 0,8% en alimentos durante la quinta semana de septiembre, completando cuatro períodos consecutivos con variaciones positivas.
El principal impulso provino del rubro bebidas e infusiones para consumir en el hogar, que acumuló un incremento promedio del 10,8% durante el último mes y se convirtió en el componente de mayor presión dentro del relevamiento.
El promedio de las últimas cuatro semanas llegó al 4,2%
La aceleración también quedó reflejada en el promedio móvil de las últimas cuatro semanas, que alcanzó el 4,2%, con un aumento de 1,5 puntos porcentuales respecto de la medición anterior.
El comportamiento del indicador durante septiembre mostró una aceleración marcada. En la semana finalizada el 9 de septiembre, el promedio móvil se ubicaba en el 1,8%.
Una semana más tarde, al 16 de septiembre, avanzó hasta el 2,7%. Para el 23 de septiembre registró un salto hasta el 4,7%, mientras que al cierre del mes se moderó al 4,2%.
A pesar de esa desaceleración en la última medición, algunos productos continuaron ejerciendo presión sobre el índice. Los lácteos aumentaron 2% durante la última semana, mientras que las carnes subieron 0,7%.
Menos productos bajan de precio
El relevamiento de LCG se realiza sobre unos 8.000 precios correspondientes a cinco cadenas de supermercados y también mostró cambios en la forma en que se distribuyen los aumentos.
De acuerdo con el informe, las variaciones presentaron «menor dispersión y menor presencia de valores extremos» respecto de la semana previa.
Esto implica que los movimientos de precios comenzaron a mostrarse de manera más homogénea entre los distintos productos relevados.
Otro elemento observado fue el índice de difusión: la cantidad de bienes que registran bajas de precios disminuyó, mientras que el porcentaje de productos con aumentos continúa en niveles elevados.
La combinación de ambos factores muestra una dinámica en la que las subas se extienden de manera más uniforme entre los alimentos, dificultando una reducción rápida de la inflación dentro de uno de los rubros con mayor impacto sobre el presupuesto cotidiano de los hogares.
Así, mientras el índice general había mostrado una desaceleración durante agosto, los movimientos registrados durante septiembre en alimentos y bebidas vuelven a plantear interrogantes sobre la velocidad con la que podría continuar reduciéndose la inflación.
La inflación mostró una desaceleración en agosto, con una suba mensual del 1,7% según el INDEC, pero los precios de los alimentos volvieron a generar preocupación. Un relevamiento de LCG registró un aumento semanal del 0,8% y ubicó a bebidas e infusiones para consumir en el hogar como el rubro de mayor presión, con un incremento del 10,8% en el último mes.
La inflación argentina volvió a ensayar una de sus especialidades favoritas: bajar por un lado mientras reaparece por otro con la discreción de alguien entrando a una fiesta con una banda de música. Agosto había dejado un alentador 1,7% mensual, el registro más bajo en 14 meses, pero septiembre decidió recordar que en la góndola todavía quedaban capítulos pendientes. Los alimentos acumularon cuatro semanas consecutivas de aumentos y las bebidas e infusiones directamente optaron por abandonar cualquier pretensión de pasar inadvertidas.
El rubro trepó 10,8% en apenas un mes, convirtiéndose en el protagonista indiscutido de una película que ningún consumidor había comprado entrada para ver. Café, yerba, bebidas y compañía comenzaron a comportarse como artículos con vocación bursátil, mientras el promedio móvil de precios de las últimas cuatro semanas escaló hasta el 4,2%. Una cifra que transforma el desayuno en una actividad financiera donde cada taza requiere análisis de riesgo.
La secuencia semanal tampoco contribuyó demasiado a la tranquilidad: el promedio móvil pasó del 1,8% al 2,7%, después al 4,7% y terminó septiembre en 4,2%. Técnicamente hubo una moderación al cierre; emocionalmente, el changuito probablemente no lo percibió. Lácteos y carnes también hicieron su aporte con incrementos semanales del 2% y 0,7%, respectivamente, demostrando que la remarcación encontró una vocación bastante democrática para distribuirse entre los distintos sectores de la heladera.
El dato más incómodo quizá sea que los aumentos empiezan a mostrarse más uniformes. Según LCG, hay menos productos bajando y una proporción elevada que continúa subiendo. Es decir, la inflación estaría perdiendo algunos picos extremos para convertirse en algo más parejo, una transformación estadísticamente elegante pero escasamente reconfortante para quien llega a la caja. Porque si los precios suben de manera ordenada, coordinada y sin grandes sobresaltos, siguen subiendo; simplemente lo hacen con mejores modales.