La expectativa por la última presentación de Lionel Messi con la camiseta de la Selección Argentina quedó atravesada por un escándalo vinculado con denuncias públicas por reventa ilegal de entradas a precios muy superiores a los valores oficiales.
En la previa del encuentro programado para este martes en el Estadio Monumental, usuarios de redes sociales y periodistas difundieron publicaciones en las que aparecen figuras del espectáculo, creadores de contenido y familiares de famosos ofreciendo ubicaciones con incrementos que, según las denuncias, llegaron hasta un mil por ciento respecto de los precios establecidos por la AFA.
Entradas de hasta 1.550.000 pesos
Entre los nombres involucrados aparece el del influencer Chapu Martínez, conocido por los videos que difundió durante el Mundial de Rusia. El creador de contenidos publicó ofertas de entradas populares a 600.000 pesos, frente a un valor oficial de 90.000 pesos, además de plateas ofrecidas por cifras que oscilaban entre 700.000 y 1.550.000 pesos.
Tras recibir críticas por esas publicaciones, Martínez sostuvo públicamente que había adquirido las ubicaciones a un tercero y que su participación consistió en aplicar un recargo menor por la intermediación.
La controversia también alcanzó al entorno familiar de Yanina Latorre. Su madre, Dora Caamaño, y su hermana, Maite Arruza, fueron señaladas por comercializar pases oficiales mediante plataformas digitales.
Las acusaciones tomaron fuerza a partir de capturas difundidas por la comunicadora Natali Rodríguez y la panelista Fernanda Iglesias, en las que se observaban ofrecimientos de entradas para la tribuna Sívori alta por hasta 700.000 pesos.
Caamaño respondió públicamente a los cuestionamientos y defendió los valores solicitados en función de los vínculos laborales de su familia. “Querida esto no es una estafa, mi nieto mayor trabaja para la gente de AFA y cuando hay eventos de esta categoría, el precio lo pone quien tiene las entradas”,
Más nombres señalados y ventas por fuera del circuito oficial
Las publicaciones difundidas en redes sociales también incluyeron a otras personas vinculadas con figuras públicas y del deporte. Entre los nombres mencionados aparecieron Martina García, esposa del futbolista Brandon Cortés, y Matías Schwartzman, hermano del tenista Diego Schwartzman.
Las denuncias describen así un circuito paralelo de comercialización de entradas que aprovecha la alta demanda generada por la presencia de Messi y la dificultad de numerosos hinchas para obtener ubicaciones mediante los canales oficiales.
A ese escenario se agregó otro episodio: distintos reportes periodísticos indicaron que en las instalaciones de Huracán, en Parque Patricios, podían gestionarse entradas de manera presencial antes del comienzo de la venta virtual oficial, presuntamente mediante contactos específicos.
La situación volvió a poner bajo cuestionamiento el funcionamiento del sistema de expendio y los mecanismos de control sobre la circulación de entradas por fuera de los canales habilitados.
Una organización atravesada por contratiempos
La organización de la despedida del capitán argentino ya había acumulado dificultades durante los días previos al encuentro. Entre ellas se mencionaron complicaciones logísticas relacionadas con los seleccionados rivales, como las demoras en el arribo del plantel de Burkina Faso.
A eso se sumó la velocidad con la que se agotó el cupo digital oficial de entradas, un escenario que, combinado con la aparición casi simultánea de boletos a valores ampliamente superiores en circuitos informales, profundizó los cuestionamientos sobre el destino de las ubicaciones disponibles y los controles aplicados a su comercialización.
La expectativa por la última presentación de Lionel Messi con la Selección Argentina quedó atravesada por denuncias de reventa ilegal de entradas para el encuentro de este martes en el Monumental. Influencers y familiares de figuras públicas fueron señalados por ofrecer ubicaciones con fuertes sobreprecios, mientras también surgieron cuestionamientos por la comercialización anticipada y los controles del sistema oficial.
La última presentación de Lionel Messi con la camiseta argentina prometía ser una ceremonia deportiva cargada de emoción, nostalgia y probablemente alguna lágrima difícil de disimular. Sin embargo, antes de que rodara la pelota apareció otro clásico nacional dispuesto a disputar protagonismo: conseguir una entrada sin hipotecar una porción razonable del patrimonio familiar. Mientras la AFA había fijado populares en 90.000 pesos, el mercado paralelo decidió aplicar una política monetaria propia y algunas ubicaciones comenzaron a circular por 600.000 pesos, como si además del partido incluyeran una charla táctica con Scaloni y derecho a ejecutar un córner.
El influencer Chapu Martínez quedó en el centro del vendaval después de ofrecer populares a 600.000 pesos y plateas que llegaban hasta 1.550.000. Ante las críticas explicó que había comprado las entradas a un tercero y aplicado apenas un recargo por la intermediación, concepto financiero que, dependiendo de la calculadora utilizada, puede abarcar desde pagar el envío de una pizza hasta descubrir petróleo en el living.
La polémica después ingresó al universo familiar de Yanina Latorre, donde Dora Caamaño y Maite Arruza fueron señaladas por ofrecer pases en plataformas digitales. Allí apareció una de esas frases destinadas a obtener ciudadanía permanente en Internet: “Querida esto no es una estafa, mi nieto mayor trabaja para la gente de AFA y cuando hay eventos de esta categoría, el precio lo pone quien tiene las entradas”. Adam Smith tomó nota desde alguna biblioteca del más allá y pidió que, por favor, no lo involucraran.
Como toda trama argentina que se respete, el asunto todavía guardaba una estación adicional: reportes señalaron que en Huracán podían conseguirse ubicaciones presencialmente mediante contactos antes del inicio de la venta virtual oficial. El hincha común, mientras tanto, quedó enfrentado al desafío ancestral de actualizar una página hasta perder sensibilidad en el dedo, mientras otros parecían competir en una categoría especial donde el requisito principal no era la velocidad de conexión sino conocer a la persona correcta.
Así, una despedida pensada para quedar en la memoria por Messi terminó acumulando un capítulo paralelo con entradas multiplicadas, capturas de pantalla, intermediarios y explicaciones públicas. El fútbol argentino consiguió una vez más ese extraño prodigio institucional: convertir la búsqueda de una butaca en una investigación económica, sociológica y familiar antes de que el árbitro siquiera lleve el silbato a la boca.