La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete y el nombramiento de Diego Santilli reordenaron el mapa interno del Gobierno nacional. El cambio, producido en medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito que involucra al ex funcionario, volvió a exponer las tensiones entre las distintas terminales de poder del oficialismo y consolidó la centralidad política de Karina Milei. :contentReference[oaicite:0]{index=0}

“El poder político es de Karina”, sintetizó un funcionario para describir el impacto que generaron los últimos movimientos en el Gabinete. La frase resume la lectura que circula en sectores del propio Gobierno: la secretaria general de la Presidencia logró reubicar a una figura de confianza en un cargo estratégico y forzó una nueva configuración del esquema de mando.

La renuncia de Adorni golpeó al entorno presidencial y también afectó, aunque en menor medida, al asesor presidencial Santiago Caputo. Sin embargo, en la Casa Rosada no hubo margen para una transición prolongada. Con el respaldo del presidente Javier Milei, Karina Milei avanzó en una reorganización que redujo interlocutores, reacomodó lealtades y abrió una nueva etapa de disputas internas.

Karina Milei y el nuevo centro de poder

El desplazamiento de Adorni y la llegada de Santilli reforzaron el protagonismo de Karina Milei dentro de la estructura política del Gobierno. En su intento por neutralizar expresiones de poder paralelas y ordenar la toma de decisiones, la funcionaria busca además ganar incidencia sobre la tarea legislativa, un frente clave para las reformas que el oficialismo pretende impulsar.

Ese movimiento abrió una nueva puja de lealtades en el Congreso de la Nación, donde el Gobierno necesita construir mayorías para avanzar con su agenda. En ese contexto, el oficialismo proyecta a 2026 como “el año más reformista de la historia”, una consigna que exige coordinación política, disciplina parlamentaria y capacidad de negociación.

Santilli, que dejó el Ministerio del Interior para asumir como jefe de Gabinete, quedó ubicado en el centro de esa ingeniería política. Su nombramiento fue oficializado después de la salida de Adorni y se produjo en un contexto de reestructuración del Gabinete nacional. :contentReference[oaicite:1]{index=1}

El rol de Santilli y la interna oficialista

Tras el desembarco de “El Colo”, en el Gobierno conviven interpretaciones distintas. Algunos sectores aseguran que el ex dirigente del PRO mantiene buen diálogo con Santiago Caputo y puede funcionar como puente entre las distintas líneas internas. Otros, en cambio, califican de “falopa” la versión de un consenso pleno detrás de su designación.

Lo cierto es que el nombramiento de Santilli redujo la cantidad de interlocutores dentro de la estructura política libertaria. Cerca del nuevo jefe de Gabinete sostienen que eso “simplifica” la ecuación y ordena un esquema que venía mostrando signos de desgaste.

Desde el entorno de Santilli buscan dejar clara la ubicación política del nuevo funcionario. “Diego es de confianza de Karina. Construyó ese vínculo con ella y con el Presidente. Con Santiago Caputo mantiene el diálogo que corresponde, pero ocupa otro lugar”, señalaron.

El nuevo jefe de Gabinete deberá equilibrar su gestión con sus aspiraciones electorales hacia 2027, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Dentro del oficialismo lo consideran uno de los principales activos políticos para ese distrito, aunque su prioridad inmediata será contribuir al ordenamiento interno y al avance de las reformas.

Críticas internas por la conducción

Los últimos movimientos del Gabinete, el abrupto cambio de estilo y la sucesión de ministros coordinadores en la gestión de Milei alimentaron la percepción, entre algunos actores del oficialismo, de que no existe una dirección clara. También crecieron las sospechas de improvisación en la toma de decisiones.

“Nadie conduce ni toma decisiones inteligentes. Todas son improvisadas. Incluso a veces no está claro quién las toma”, se expidieron desde el oficialismo.

La crítica apunta al modo en que el Gobierno administra sus internas y distribuye el poder entre la Secretaría General de la Presidencia, la Jefatura de Gabinete, el asesoramiento presidencial y el armado legislativo. En ese escenario, la salida de Adorni no cerró una crisis, sino que abrió una etapa distinta del mismo conflicto.

“Lo único que importa es la disputa de poder. No qué se hace con ese poder», arremetió una voz con acceso al despacho presidencial.

Con Santilli ya instalado en un cargo central, el Gobierno enfrenta el desafío de convertir el reordenamiento interno en capacidad de gestión. La nueva etapa tendrá como prueba inmediata el avance de las reformas legislativas, la administración de las tensiones entre Karina Milei y Santiago Caputo, y la necesidad de mostrar conducción política en un oficialismo que volvió a reacomodarse bajo presión.