Los hospitales Argerich y Gutiérrez realizaron el primer trasplante renal pediátrico de la salud pública porteña, una intervención que permitió que Lautaro, un niño de nueve años, recibiera un riñón donado por su padre Emiliano. El procedimiento se llevó adelante el mes pasado y requirió la coordinación entre ambos centros de salud, el Instituto de Trasplante de la Ciudad y la Policía porteña.
El órgano recorrió siete kilómetros entre La Boca y Recoleta en apenas doce minutos, acompañado por un operativo de traslado especial. Mientras en el Hospital Argerich el padre se sometía a la ablación, en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez comenzaba la preparación del niño para recibir el trasplante.
Una operación coordinada entre dos hospitales públicos
«Cuando yo entraba en un quirófano, mi hijo me esperaba del otro lado», relató Emiliano, padre de Lautaro. La intervención simultánea permitió que el equipo médico pudiera avanzar con el procedimiento de extracción y colocación del órgano en tiempos coordinados.
Lautaro padecía una insuficiencia renal crónica que lo llevó a realizar diálisis dos veces por semana durante varios meses. Los médicos detectaron la enfermedad a partir de estudios de laboratorio realizados por los cuadros de otitis recurrente que presentaba desde su primer año de vida.
Luego de conocer que podía ser donante, Emiliano se realizó los estudios correspondientes en el Hospital Argerich para determinar la compatibilidad con su hijo. Tras recibir la confirmación positiva, avanzó con la ablación renal.
El camino de Lautaro dentro del sistema público
Todo el tratamiento del niño fue realizado dentro de la red pública de la Ciudad de Buenos Aires. Antes de llegar al Gutiérrez, Lautaro fue atendido en los hospitales Fernández y Durand desde mediados de 2025.
Esta fue la primera intervención de trasplante renal pediátrico realizada en el Hospital Gutiérrez desde que el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) aprobó ese servicio en febrero de este año.
Alicia Fayad, jefa de Nefrología del hospital, fue una de las profesionales responsables del proceso, que involucró a más de 30 integrantes del sistema sanitario entre médicos, enfermeros, técnicos y ambulancieros.
Tras recibir el alta, Lautaro tuvo su primer control médico con resultados positivos. Ahora deberá continuar con medicación de por vida debido a su condición de inmunosuprimido y mantener controles periódicos para evaluar su evolución.
Además, junto a su familia deberá incorporar cuidados específicos vinculados a la alimentación, la vida saludable y las señales de alerta ante posibles complicaciones médicas.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, destacó el trabajo conjunto entre los equipos del Hospital Gutiérrez, el Hospital Argerich, el SAME y el Instituto de Trasplante: «Los equipos del Hospital Gutiérrez y el Hospital Argerich, junto al SAME y el Instituto de Trasplante hicieron posible este logro histórico. Un enorme trabajo en equipo que nos llena de orgullo».
También señaló: «El 45% de los trasplantes del país se hacen en la Ciudad, y no es casualidad. Es resultado de la inversión histórica que estamos haciendo en salud».
Por su parte, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, afirmó: «Es el resultado de una red sanitaria integrada con profesionales altamente capacitados y una infraestructura preparada para dar respuestas cada vez más complejas y generar nuevas oportunidades».
Después del procedimiento, Emiliano volvió a encontrarse con su hijo tras haberle donado uno de sus riñones. «Me da alegría y orgullo tener tanta gente que se haya preocupado», expresó.
Los hospitales Argerich y Gutiérrez realizaron el primer trasplante renal pediátrico de la salud pública porteña. El procedimiento permitió que Lautaro, un niño de nueve años con insuficiencia renal crónica, recibiera un riñón donado por su padre. La intervención requirió coordinación entre equipos médicos, el Instituto de Trasplante de la Ciudad y un operativo de traslado del órgano.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Un riñón recorrió siete kilómetros en doce minutos y logró algo que ni el GPS del celular consigue siempre: llegar a destino sin vueltas. Fue el primer trasplante renal pediátrico de la salud pública porteña, con un órgano que salió del Hospital Argerich, en La Boca, rumbo al Hospital Gutiérrez, en Recoleta.
La escena tuvo más coordinación que una final de campeonato: un padre entrando a quirófano para donar un riñón, un hijo esperando el trasplante del otro lado y una caravana policial escoltando una caja que llevaba más esperanza que equipaje. Si las películas de acción necesitan explosiones para generar tensión, acá alcanzaron una ambulancia y un reloj corriendo.
Lautaro, de nueve años, pasó meses conectado a diálisis mientras su familia esperaba una solución. Su papá Emiliano ofreció uno de sus riñones y terminó protagonizando una operación que unió dos hospitales públicos separados por kilómetros, pero conectados por una red sanitaria que tuvo que funcionar con precisión quirúrgica.
Más de 30 profesionales participaron del procedimiento, que incluyó médicos, enfermeros, técnicos y ambulancieros. La logística fue tan ajustada que hasta el tránsito porteño, ese eterno enemigo de los horarios, tuvo que correrse unos minutos para dejar pasar la posibilidad de una nueva vida.
El país donde conseguir turno puede sentirse como una aventura medieval, pero un riñón cruza la ciudad custodiado como si llevara la Copa del Mundo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Los hospitales Argerich y Gutiérrez realizaron el primer trasplante renal pediátrico de la salud pública porteña, una intervención que permitió que Lautaro, un niño de nueve años, recibiera un riñón donado por su padre Emiliano. El procedimiento se llevó adelante el mes pasado y requirió la coordinación entre ambos centros de salud, el Instituto de Trasplante de la Ciudad y la Policía porteña.
El órgano recorrió siete kilómetros entre La Boca y Recoleta en apenas doce minutos, acompañado por un operativo de traslado especial. Mientras en el Hospital Argerich el padre se sometía a la ablación, en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez comenzaba la preparación del niño para recibir el trasplante.
Una operación coordinada entre dos hospitales públicos
«Cuando yo entraba en un quirófano, mi hijo me esperaba del otro lado», relató Emiliano, padre de Lautaro. La intervención simultánea permitió que el equipo médico pudiera avanzar con el procedimiento de extracción y colocación del órgano en tiempos coordinados.
Lautaro padecía una insuficiencia renal crónica que lo llevó a realizar diálisis dos veces por semana durante varios meses. Los médicos detectaron la enfermedad a partir de estudios de laboratorio realizados por los cuadros de otitis recurrente que presentaba desde su primer año de vida.
Luego de conocer que podía ser donante, Emiliano se realizó los estudios correspondientes en el Hospital Argerich para determinar la compatibilidad con su hijo. Tras recibir la confirmación positiva, avanzó con la ablación renal.
El camino de Lautaro dentro del sistema público
Todo el tratamiento del niño fue realizado dentro de la red pública de la Ciudad de Buenos Aires. Antes de llegar al Gutiérrez, Lautaro fue atendido en los hospitales Fernández y Durand desde mediados de 2025.
Esta fue la primera intervención de trasplante renal pediátrico realizada en el Hospital Gutiérrez desde que el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) aprobó ese servicio en febrero de este año.
Alicia Fayad, jefa de Nefrología del hospital, fue una de las profesionales responsables del proceso, que involucró a más de 30 integrantes del sistema sanitario entre médicos, enfermeros, técnicos y ambulancieros.
Tras recibir el alta, Lautaro tuvo su primer control médico con resultados positivos. Ahora deberá continuar con medicación de por vida debido a su condición de inmunosuprimido y mantener controles periódicos para evaluar su evolución.
Además, junto a su familia deberá incorporar cuidados específicos vinculados a la alimentación, la vida saludable y las señales de alerta ante posibles complicaciones médicas.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, destacó el trabajo conjunto entre los equipos del Hospital Gutiérrez, el Hospital Argerich, el SAME y el Instituto de Trasplante: «Los equipos del Hospital Gutiérrez y el Hospital Argerich, junto al SAME y el Instituto de Trasplante hicieron posible este logro histórico. Un enorme trabajo en equipo que nos llena de orgullo».
También señaló: «El 45% de los trasplantes del país se hacen en la Ciudad, y no es casualidad. Es resultado de la inversión histórica que estamos haciendo en salud».
Por su parte, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, afirmó: «Es el resultado de una red sanitaria integrada con profesionales altamente capacitados y una infraestructura preparada para dar respuestas cada vez más complejas y generar nuevas oportunidades».
Después del procedimiento, Emiliano volvió a encontrarse con su hijo tras haberle donado uno de sus riñones. «Me da alegría y orgullo tener tanta gente que se haya preocupado», expresó.
Los hospitales Argerich y Gutiérrez realizaron el primer trasplante renal pediátrico de la salud pública porteña. El procedimiento permitió que Lautaro, un niño de nueve años con insuficiencia renal crónica, recibiera un riñón donado por su padre. La intervención requirió coordinación entre equipos médicos, el Instituto de Trasplante de la Ciudad y un operativo de traslado del órgano.
Un riñón recorrió siete kilómetros en doce minutos y logró algo que ni el GPS del celular consigue siempre: llegar a destino sin vueltas. Fue el primer trasplante renal pediátrico de la salud pública porteña, con un órgano que salió del Hospital Argerich, en La Boca, rumbo al Hospital Gutiérrez, en Recoleta.
La escena tuvo más coordinación que una final de campeonato: un padre entrando a quirófano para donar un riñón, un hijo esperando el trasplante del otro lado y una caravana policial escoltando una caja que llevaba más esperanza que equipaje. Si las películas de acción necesitan explosiones para generar tensión, acá alcanzaron una ambulancia y un reloj corriendo.
Lautaro, de nueve años, pasó meses conectado a diálisis mientras su familia esperaba una solución. Su papá Emiliano ofreció uno de sus riñones y terminó protagonizando una operación que unió dos hospitales públicos separados por kilómetros, pero conectados por una red sanitaria que tuvo que funcionar con precisión quirúrgica.
Más de 30 profesionales participaron del procedimiento, que incluyó médicos, enfermeros, técnicos y ambulancieros. La logística fue tan ajustada que hasta el tránsito porteño, ese eterno enemigo de los horarios, tuvo que correrse unos minutos para dejar pasar la posibilidad de una nueva vida.
El país donde conseguir turno puede sentirse como una aventura medieval, pero un riñón cruza la ciudad custodiado como si llevara la Copa del Mundo.