Las huellas que quedaron en el ADN de los seres humanos actuales podrían ayudar a reconstruir una parte del pasado evolutivo que todavía permanece ausente del registro fósil. Un nuevo estudio identificó señales de dos linajes ancestrales desconocidos hasta ahora mediante un análisis retrospectivo de los genomas de personas que viven en la actualidad.
Los investigadores desarrollaron un nuevo método informático, denominado TRACE, para reconstruir genealogías genéticas y detectar fragmentos de ADN que podrían proceder de poblaciones humanas desaparecidas. Los resultados fueron publicados el 30 de julio en la revista Science.
Uno de los linajes identificados habría tenido contacto directo con Homo sapiens en África hace más de 50.000 años, antes de la gran migración de nuestra especie fuera del continente. El otro sería mucho más antiguo y habría transmitido parte de su material genético a los humanos modernos de manera indirecta, a través de los denisovanos.
Dos ramas ocultas del árbol humano
Los científicos ya habían establecido que los humanos modernos se cruzaron con otros grupos humanos extintos, entre ellos los neandertales y los denisovanos. La diferencia es que de estos últimos existen restos antiguos de los que fue posible recuperar ADN, mientras que los llamados linajes fantasma no cuentan con material genético antiguo que pueda compararse directamente con las señales encontradas en los genomas actuales.
Los estudios anteriores habían detectado indicios de estos linajes, pero no habían podido establecer con precisión cuándo ocurrieron los cruces ni cuánto tiempo atrás se habían separado esas poblaciones de los antepasados de los humanos modernos.
TRACE intenta resolver ese problema mediante la reconstrucción de genealogías. Según explicó Priya Moorjani, coautora del estudio y profesora asociada del departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de California en Berkeley, cada fragmento del genoma puede tener una historia genealógica diferente.
“La pregunta más fundamental que la mayoría de nosotros nos hacemos es: ‘¿Por qué estamos aquí? ¿De dónde venimos?’. Y estas genealogías realmente nos permiten observar el pasado de una manera que antes no era posible”, dijo Moorjani.
El método fue probado en más de 500 genomas humanos modernos procedentes de poblaciones actuales de África, Europa y Asia. Los investigadores encontraron rastros del linaje fantasma más reciente en todas las poblaciones analizadas, lo que apunta a que ese aporte genético ocurrió antes de la migración de Homo sapiens fuera de África.
Los investigadores estiman que ese linaje representa aproximadamente entre el 0,5% y el 1% de los genomas de las personas actuales, una proporción similar a la cantidad de ADN neandertal presente en muchos seres humanos modernos.
“Nuestros genomas son mosaicos de pequeños fragmentos de ADN procedentes de todos nuestros antepasados, por lo que en distintas partes del genoma tenemos un árbol genealógico diferente”, explicó Moorjani.
Un antepasado de 1,8 millones de años
El segundo linaje identificado por los investigadores es considerablemente más antiguo. Fue denominado antepasado “superarcaico” porque procede de una rama del árbol genealógico humano que se habría separado hace unos 1,8 millones de años.
Según el estudio, este homínido habría entrado en contacto con los denisovanos en Eurasia hace más de 200.000 años. Parte de su ADN habría pasado posteriormente a los humanos modernos a través de los cruces entre Homo sapiens y los denisovanos.
“El hallazgo del linaje superarcaico es particularmente emocionante porque revela contribuciones genéticas de un linaje humano que vivió hace más de un millón de años, pese a que no existe ADN secuenciado de esa población”, dijo en un comunicado Arjun Biddanda, investigador posdoctoral de la Universidad Johns Hopkins y uno de los autores principales del estudio.
Aunque todavía no pueden determinar con certeza qué poblaciones de homínidos correspondían a los dos linajes, los investigadores redujeron las posibilidades a partir del momento estimado en que esas ramas se separaron del resto del árbol evolutivo.
En el caso de uno de los linajes, la fecha estimada coincide con la de poblaciones africanas del género Homo durante el Pleistoceno medio. Por ese motivo, los investigadores plantean que podría tratarse de Homo heidelbergensis, una especie que vivió en África y Europa hace entre unos 700.000 y 200.000 años.
Para el otro linaje, mucho más antiguo, los científicos consideran que podría estar relacionado con Homo erectus de Eurasia. Hasta el momento, no se ha recuperado ADN de ninguno de esos dos grupos.
La información que todavía falta
El paleoantropólogo John Hawks, profesor de la Universidad de Wisconsin–Madison que no participó en el estudio, señaló que las pequeñas diferencias genéticas entre los humanos actuales pueden estar relacionadas, en parte, con estos antiguos linajes.
“Hoy tendemos a centrarnos en diferencias entre las personas que parecen grandes, pero que en realidad son superficiales, como el color de la piel o la apariencia del rostro”, dijo Hawks. “Estas diferencias entre las personas que viven actualmente son en realidad minúsculas en comparación con las de los antepasados de quienes todos descendemos. Esos antepasados encontraron maneras de interactuar y sobrevivir juntos. Ese es nuestro legado, y ahora importa más que nunca”.
Hawks también destacó que el descubrimiento del linaje fantasma más reciente sitúa el momento de esa mezcla genética mucho antes de los cruces conocidos con los neandertales y muestra que su influencia alcanzó a las poblaciones humanas actuales.
Los investigadores esperan que TRACE pueda utilizarse para detectar otros linajes ocultos, tanto en la historia evolutiva humana como en la de otras especies animales. Sin embargo, consideran que las pruebas más concluyentes seguirán siendo aquellas obtenidas directamente del ADN extraído de fósiles antiguos.
Mientras ese material no aparezca, los genomas de los seres humanos actuales constituyen una de las principales herramientas para reconstruir la historia de poblaciones que desaparecieron hace cientos de miles o incluso millones de años.
“Dos personas cualesquiera del mundo podrían heredar por azar el mismo fragmento de ADN de un antepasado cuya existencia desconocíamos, pero del que ahora tenemos constancia”, dijo Yulin Zhang, una de las autoras principales del estudio y estudiante de doctorado en biología computacional de la Universidad de California en Berkeley. “Este misterioso antepasado nos une desde una perspectiva distinta”.
Un estudio publicado en Science identificó señales de dos linajes humanos ancestrales hasta ahora desconocidos a partir del análisis de más de 500 genomas modernos. Uno habría aportado entre el 0,5% y el 1% del ADN actual tras cruzarse con Homo sapiens en África hace más de 50.000 años, mientras que otro, mucho más antiguo, habría llegado a nuestra especie a través de los denisovanos.
El ADN humano moderno acaba de revelar que llevamos recuerdos genéticos de dos linajes que ni siquiera dejaron una muestra para la foto. Uno de ellos habría aportado entre el 0,5% y el 1% de nuestro genoma, mientras el otro se habría separado de nuestra rama hace unos 1,8 millones de años.
La ciencia los llama “linajes fantasma”, que es una manera bastante elegante de decir que sabemos que estuvieron ahí porque dejaron ADN, pero no tenemos sus fósiles con nombre y apellido. Es como encontrar una transferencia bancaria de hace dos millones de años y no saber quién tenía la cuenta.
Para reconstruir esta historia, los investigadores desarrollaron TRACE, un método informático que busca en los genomas actuales las huellas de poblaciones desaparecidas. Probaron el sistema con más de 500 genomas de personas de África, Europa y Asia y encontraron señales del linaje más reciente en todas las poblaciones estudiadas.
El segundo caso es todavía más desproporcionado. El denominado antepasado “superarcaico” se habría separado de otros linajes humanos hace unos 1,8 millones de años, se habría cruzado con denisovanos en Eurasia hace más de 200.000 años y, mucho después, parte de ese ADN habría terminado en Homo sapiens.
La historia familiar de la humanidad, entonces, se parece menos a un árbol genealógico prolijo y más a una reunión familiar donde alguien pregunta quién invitó a ese señor y nadie sabe, pero resulta que comparte el 1% del ADN con todos.
Los investigadores todavía no pueden identificar con certeza qué homínidos correspondieron a estos linajes. Entre las posibilidades aparecen Homo heidelbergensis para uno y una población relacionada con Homo erectus de Eurasia para el otro.
Mientras tanto, el ADN moderno sigue haciendo de archivo histórico, paleontólogo y detective. Los fósiles todavía tienen la última palabra; el problema es que algunos de los protagonistas llevan millones de años sin contestar el teléfono.