Mariana Nannis participó telefónicamente de Desayuno Americano tras la muerte de Samuel “Chiche” Gelblung, fallecido el miércoles a los 82 años. Durante la conversación recordó con emoción al periodista, pero también se refirió a su distanciamiento con Alex Caniggia, el conflicto por un departamento y su deseo de que su hijo vuelva a acercarse a ella.
Mariana Nannis atendió el teléfono para hablar de la muerte de Chiche Gelblung y terminó atravesando, en cuestión de minutos, buena parte del universo Caniggia: reconciliaciones pendientes, departamentos prestados, impuestos, hijos distanciados y una copa de Gran Hermano como eventual instrumento de diplomacia familiar. Una conversación capaz de demostrar que, en determinadas familias argentinas, reconstruir el vínculo requiere menos una terapia grupal que una comisión negociadora con escribano incluido.
El capítulo más delicado volvió a tener como protagonista a Alex Caniggia. Nannis dejó en claro que respeta la familia que construyó su hijo, aunque deslizó una condición bastante elemental desde su perspectiva: recordar que también tiene madre. No pidió tratados internacionales, devolución de territorios ni una cumbre extraordinaria. Solamente acercamiento. Claro que, tratándose de los Caniggia, hasta un llamado telefónico puede adquirir la complejidad administrativa de una sucesión europea.
En el medio reapareció el célebre departamento. Según relató Nannis, se lo prestó a sus hijos desde 2012, pagó impuestos y posteriormente pidió recuperarlo. El inmueble, que en cualquier otra familia habría sido apenas una propiedad, terminó convertido en protagonista secundario permanente de una historia donde los metros cuadrados tienen más desarrollo narrativo que varios personajes de ficción.
Pero Nannis buscó establecer una diferencia clara. Su participación televisiva no estaba motivada por ese conflicto ni por sus problemas familiares, sino por la muerte de Chiche. Dijo haber llorado durante toda la noche por el periodista y dejó en segundo plano las disputas que la rodearon durante los últimos años. Por una vez, entre propiedades, reproches y parentescos en revisión permanente, el centro de la conversación fue simplemente la tristeza por alguien que ya no está.