OpenAI anunció el 8 de septiembre que un modelo interno todavía no lanzado produjo una solución al problema de existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio establecidos por el Clay Mathematics Institute. La compañía publicó tanto una demostración escrita como una formalización en Lean. :contentReference[oaicite:5]{index=5}
Las ecuaciones de Navier-Stokes describen el comportamiento de fluidos como el agua y el aire. La cuestión matemática pendiente era determinar si, a partir de condiciones iniciales suaves, esas ecuaciones mantienen siempre soluciones regulares o pueden desarrollar singularidades en un tiempo finito.
Según OpenAI, su demostración muestra precisamente que pueden desarrollarse singularidades en tiempo finito. La empresa sostiene que el resultado fue generado por un sistema interno y posteriormente formalizado para verificar cada paso de la prueba. :contentReference[oaicite:6]{index=6}
Hasta 10 mil agentes trabajando durante 88 horas
El esfuerzo computacional fue extraordinario. El sistema comenzó trabajando con alrededor de un centenar de agentes y, después de detectar avances prometedores, OpenAI concentró recursos sobre el problema de Navier-Stokes hasta desplegar hasta 10 mil agentes en paralelo.
El proceso demandó aproximadamente 88 horas y consumió recursos informáticos valuados en millones de dólares, de acuerdo con la información publicada sobre el proyecto. :contentReference[oaicite:7]{index=7}
OpenAI explicó que el trabajo comenzó el 1 de septiembre, luego de que dentro de la compañía circularan rumores sobre avances de investigadores relacionados con Anthropic. El proyecto completo y su verificación formal quedaron terminados el 6 de septiembre, según la propia empresa. :contentReference[oaicite:8]{index=8}
La compañía aseguró que no tiene intención de reclamar el premio de USD 1 millón previsto para cada Problema del Milenio resuelto. Su objetivo, señaló, es mostrar el avance alcanzado por sus modelos de inteligencia artificial. :contentReference[oaicite:9]{index=9}
Una disputa por la prioridad científica
El anuncio, sin embargo, quedó rápidamente atravesado por una controversia. El matemático Tristan Buckmaster, profesor de la Universidad de Nueva York, venía trabajando junto con Levent Alpöge, investigador vinculado a Anthropic, sobre una estrategia relacionada con el mismo campo.
Ambos investigadores habían utilizado distintos modelos de inteligencia artificial en su trabajo, entre ellos herramientas de Anthropic y Codex, de OpenAI. Buckmaster expresó posteriormente dudas sobre si esas interacciones pudieron haber influido de alguna forma en el modelo interno de OpenAI. :contentReference[oaicite:10]{index=10}
OpenAI rechazó haber accedido específicamente al trabajo privado de los investigadores y afirmó que ni sus científicos ni sus agentes vieron esos materiales antes de que fueran publicados.
La compañía, no obstante, incluyó una aclaración clave: “Aunque es improbable, no podemos descartar que datos desidentificados derivados de su uso de nuestros productos hayan ayudado a mejorar nuestros modelos.” :contentReference[oaicite:11]{index=11}
Buckmaster, por su parte, también reconoció límites en sus acusaciones y no afirmó tener pruebas de que OpenAI hubiese utilizado directamente sus datos para construir la demostración.
Las versiones también difieren respecto de las conversaciones mantenidas entre los investigadores y OpenAI antes de la publicación. La compañía sostiene que ofreció coordinar una presentación conjunta y reconocer la prioridad de los avances previos de Buckmaster y Alpöge, mientras que los investigadores cuestionaron cómo se desarrollaron esas negociaciones. :contentReference[oaicite:12]{index=12}
Un problema científico que ahora también es empresarial
La controversia amplió una discusión que excede a Navier-Stokes: qué ocurre con la autoría, la prioridad científica y los datos cuando investigadores utilizan modelos comerciales como parte habitual de su trabajo.
En este caso, los científicos emplearon sistemas pertenecientes a las mismas empresas que compiten por demostrar quién posee los modelos más capaces. Ese cruce volvió especialmente sensible cualquier posibilidad de que información derivada de las interacciones de los usuarios termine contribuyendo al entrenamiento de versiones posteriores.
OpenAI reconoce la prioridad de Buckmaster y Alpöge sobre su trabajo relacionado con el problema de Euler forzado y sostiene que su propia solución de Navier-Stokes fue obtenida de manera independiente. :contentReference[oaicite:13]{index=13}
El resultado anunciado por la compañía todavía enfrenta el proceso de revisión y escrutinio habitual de la comunidad matemática antes de que pueda considerarse definitivamente establecido. La magnitud del anuncio, sin embargo, ya abrió otro debate: hasta qué punto las herramientas de inteligencia artificial dejaron de ser simples asistentes de investigación para convertirse también en competidores directos de quienes las utilizan.
OpenAI anunció que un modelo interno, todavía no lanzado, produjo una solución al problema de existencia y suavidad de Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio. El sistema utilizó hasta 10 mil agentes durante unas 88 horas. El anuncio quedó rodeado por una disputa sobre prioridad científica y posible influencia de datos derivados del uso de herramientas de OpenAI por investigadores rivales. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Diez mil agentes de inteligencia artificial, 88 horas de trabajo y millones de dólares de cómputo para resolver un problema que lleva generaciones haciendo sufrir matemáticos. OpenAI puso el equivalente digital de una tribuna completa a hacer cuentas y anunció una solución para Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Hasta ahí, la postal era épica: la máquina contra uno de los grandes monstruos de la matemática. El detalle incómodo apareció después, cuando se supo que Tristan Buckmaster y Levent Alpöge venían trabajando sobre una estrategia relacionada utilizando, entre otras herramientas, Codex de OpenAI. Es como ganar una carrera y descubrir en la conferencia de prensa que parte del equipo rival entrenaba en tu gimnasio. :contentReference[oaicite:2]{index=2}
Buckmaster planteó dudas sobre si las sesiones realizadas con herramientas de OpenAI pudieron haber influido de alguna manera en el desarrollo del modelo. La empresa negó haber accedido a datos específicos de los investigadores, aunque reconoció que no puede descartar por completo que datos desidentificados derivados del uso de sus productos hayan contribuido a mejorar sus sistemas. Ese asterisco entra cómodo en una política de privacidad, pero en una disputa por prioridad científica pesa como una heladera en un ascensor. :contentReference[oaicite:3]{index=3}
OpenAI sostiene que su trabajo comenzó el 1 de septiembre, después de escuchar rumores sobre avances externos, y que completó el proyecto y su verificación formal el 6. La compañía también afirma que ofreció coordinar la publicación y reconocer la prioridad de los investigadores en su trabajo relacionado. Las versiones sobre cómo se desarrollaron esas conversaciones, sin embargo, chocan de frente. :contentReference[oaicite:4]{index=4}
La empresa no pretende reclamar el premio de un millón de dólares del Instituto Clay. Probablemente tampoco lo necesite: en esta historia, el premio importante no está en el cheque sino en demostrar que un modelo puede entrar a una competencia donde durante décadas sólo había seres humanos con pizarrón y café.
La matemática todavía discute quién llegó primero; Silicon Valley ya está discutiendo quién era dueño de la pista.