El Instituto Nacional de Estadística y Censos (**INDEC**) difundirá este jueves el dato de pobreza e indigencia correspondiente al primer semestre de 2026. Las estimaciones realizadas por especialistas anticipan que la pobreza se ubicará en torno al 30%, por encima del 28,2% registrado durante el segundo semestre de 2025.
El último informe oficial había establecido que la pobreza alcanzaba al 28,2% de la población, unas 13 millones de personas, mientras que la indigencia se ubicaba en 6,3%. A comienzos de la gestión de Javier Milei, ambos indicadores habían llegado a 52,9% y 18,1%, respectivamente.
De esta manera, desde aquel momento la pobreza acumuló una baja de 24,7 puntos porcentuales y la indigencia una reducción de 11,8 puntos. Sin embargo, las proyecciones privadas para los primeros seis meses de este año anticipan un posible cambio en esa tendencia.
Las estimaciones para el primer semestre
Uno de los cálculos fue realizado por Martín González-Rozada, del departamento de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella. El especialista estimó una tasa de pobreza de 31,3% para el período comprendido entre enero y junio de 2026.
“La incidencia proyectada se puede descomponer en un promedio ponderado de una tasa de pobreza de 30% para marzo de 2026, 32,7% para el segundo trimestre y 29,9% para el bimestre julio-agosto”, explicó.
Por su parte, Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), proyectó que la pobreza pasó de 28,8% a 30% durante el primer semestre de 2026. Para la indigencia, estimó un incremento de 6,3% a 6,5%.
Según el análisis de Salvia, el resultado representaría un cambio de tendencia después de la reducción de la pobreza que se había registrado desde la segunda mitad de 2024.
Los factores detrás del posible aumento
Entre los factores señalados por los especialistas de la UCA aparece la caída de los ingresos familiares, junto con el aumento del costo de los servicios. Las tarifas de luz, gas, agua y transporte representan una porción cada vez mayor del presupuesto de los hogares.
A esto se suma el crecimiento de la informalidad laboral y el deterioro de algunos indicadores del mercado de trabajo, entre ellos la subocupación. La actividad económica, además, redujo su ritmo de crecimiento y la recuperación se presentó de manera diferente según los sectores.
Otro elemento señalado es la pérdida de poder adquisitivo de jubilaciones, pensiones y asignaciones de ANSES. Esos ingresos se actualizan con dos meses de rezago y, de acuerdo con el análisis citado, no siempre logran acompañar la evolución del índice de precios.
Los ingresos promedio, de todos modos, continuaron recuperándose frente a la inflación y la pobreza permanece por debajo de los niveles registrados un año atrás. La mejora, sin embargo, no se distribuyó de manera uniforme entre los hogares.
Los hogares de mayores ingresos tuvieron una recuperación superior a la de los sectores de menores recursos. Esa diferencia amplió la brecha y dejó a numerosas familias sin alcanzar las líneas que determinan la condición de pobreza o indigencia.
El dato oficial del INDEC permitirá establecer cuál fue finalmente la evolución de ambos indicadores durante el período comprendido entre enero y junio de 2026 y determinar si las proyecciones privadas se aproximaron al resultado definitivo.
El INDEC difundirá este jueves el índice de pobreza e indigencia correspondiente al primer semestre de 2026. Las estimaciones privadas ubican la pobreza entre el 30% y el 31,3%, por encima del 28,2% registrado en el segundo semestre de 2025. Los especialistas atribuyen el posible aumento al deterioro de los ingresos, el empleo y el poder adquisitivo.
La pobreza podría volver a rondar el 30%. Después de bajar durante varios períodos, el indicador llega al primer semestre de 2026 con especialistas que esperan una nueva suba, como si la economía hubiera decidido que todavía quedaba una casilla por visitar.
El último dato oficial había marcado 28,2% y casi 13 millones de personas. Ahora las proyecciones privadas ubican la cifra entre 30% y 31,3%, ese pequeño tramo porcentual que en una planilla parece una diferencia y en la vida cotidiana puede significar que otra familia quede del lado equivocado de la línea.
La explicación tiene varios ingredientes: ingresos familiares que pierden fuerza, tarifas que ocupan una porción cada vez mayor del presupuesto, más informalidad y un mercado laboral que empezó a mostrar señales menos favorables. La recuperación promedio puede seguir existiendo, pero no todos reciben el mismo ticket de salida.
También aparecen jubilaciones, pensiones y asignaciones que se actualizan con rezago, mientras los servicios de luz, gas, agua y transporte siguen reclamando su parte del sueldo. La inflación puede bajar y, aun así, la cuenta del supermercado seguir teniendo memoria.
Martín González-Rozada proyectó una pobreza de 31,3% para enero-junio, mientras Agustín Salvia estimó 30% y una indigencia de 6,5%. Dos cálculos distintos, una misma señal: la caída de la pobreza que había comenzado a mediados de 2024 encontró un freno.
El dato oficial se conocerá esta tarde y pondrá números sobre una discusión que ya tiene demasiados porcentajes dando vueltas. La estadística, como siempre, llega puntual; las familias que esperan que cierre la cuenta no siempre.