La Justicia Federal de Río Grande asumió la competencia en una demanda contra empresas vinculadas con la explotación de recursos pesqueros en aguas circundantes a las Islas Malvinas y abrió una nueva etapa judicial para analizar las actividades denunciadas.
El juzgado reconoció la legitimación colectiva ambiental de la Fundación Agustina Lerena y ordenó incorporar información científica y operativa antes de resolver el pedido de una medida cautelar destinada a impedir la continuidad de las operaciones cuestionadas.
La resolución corresponde al expediente FCR 16446/2026, que tramitará por la vía ordinaria para permitir una investigación amplia sobre las relaciones societarias, comerciales y financieras de las empresas alcanzadas por la presentación.
La demanda fue impulsada por la fundación presidida por César Augusto Lerena, con el patrocinio del abogado Eduardo Salvador Barcesat.
El reclamo incluye una reparación económica por capturas pesqueras realizadas entre 1989 y 2025, cuyo volumen fue estimado por la parte demandante en 4.101.131 toneladas.
Según los cálculos incorporados al expediente, el presunto perjuicio económico oscila entre US$ 12.351 millones y US$ 26.465 millones, dependiendo del criterio utilizado para determinar el valor de los productos pesqueros.
Estas cifras corresponden a la estimación presentada por la parte actora y deberán ser examinadas durante el proceso judicial. Hasta el momento, no constituyen una indemnización establecida por sentencia.
La jueza pidió informes al INIDEP y a Prefectura antes de resolver la cautelar
La jueza federal Mariel Borruto dispuso una serie de medidas probatorias antes de pronunciarse sobre la solicitud de suspender las actividades pesqueras cuestionadas.
Entre las actuaciones ordenadas figura un requerimiento al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), que deberá aportar antecedentes científicos sobre las especies involucradas, su distribución y las relaciones biológicas entre las áreas de explotación.
La información permitirá examinar las características de los recursos pesqueros y su vinculación con las zonas marítimas comprendidas en la controversia.
Por su parte, la Prefectura Naval Argentina deberá incorporar registros de navegación y control marítimo disponibles en el sistema Guardacostas.
Estos antecedentes podrán contribuir a reconstruir movimientos de embarcaciones y otros aspectos operativos relevantes para la investigación.
La decisión judicial establece que el pedido cautelar será evaluado después de reunir elementos técnicos y documentales que permitan determinar el alcance de las actividades denunciadas.
Por lo tanto, la Justicia todavía no ordenó la paralización de las operaciones pesqueras cuestionadas ni resolvió las responsabilidades de las empresas involucradas.
La investigación podría afectar permisos y cuotas de pesca en Argentina
Uno de los puntos centrales del expediente está relacionado con el artículo 27 bis de la Ley Federal de Pesca 24.922, incorporado mediante la Ley 26.386.
Esta disposición establece restricciones para acceder y conservar derechos pesqueros cuando se comprueban determinadas relaciones jurídicas, económicas o de beneficio con titulares o armadores que realizan actividades de pesca en aguas bajo jurisdicción argentina sin autorización nacional.
La legislación contempla, ante la acreditación de los supuestos previstos, la caducidad de permisos, cuotas y autorizaciones de captura.
En consecuencia, la investigación no se limita a la actividad desarrollada en aguas próximas a Malvinas, sino que podría tener consecuencias para empresas con participación en el sistema pesquero argentino.
El juzgado deberá determinar si existen los vínculos denunciados, cuál es su naturaleza y si encuadran en las restricciones previstas por la normativa.
La eventual aplicación de sanciones dependerá de los hechos que se acrediten y de las decisiones administrativas o judiciales que correspondan.
El análisis adquiere especial relevancia porque la demanda comprende relaciones empresariales que podrían conectar operaciones desarrolladas en diferentes áreas del Atlántico Sur.
Empresas pesqueras, bancos y astilleros bajo análisis judicial
La acción promovida por la Fundación Agustina Lerena alcanza a empresas pesqueras españolas, sociedades vinculadas con operadores de las islas, entidades financieras, astilleros, aseguradoras y firmas argentinas mencionadas en la presentación.
La investigación buscará reconstruir los mecanismos de propiedad societaria, financiación, contratación, participación comercial y distribución de beneficios económicos asociados con las actividades denunciadas.
También se examinarán las relaciones operativas entre las distintas compañías para establecer si existen conexiones relevantes desde el punto de vista de la legislación pesquera argentina.
Entre las embarcaciones vinculadas con la actividad en el caladero de Malvinas figura el FALCON, matrícula FK 2002, identificado como uno de los arrastreros relacionados con capitales españoles que opera en esa zona.
La mención de empresas o embarcaciones dentro de una investigación no implica, por sí misma, que se haya determinado una infracción o responsabilidad judicial.
La tramitación por la vía ordinaria permitirá incorporar documentación comercial, informes técnicos y pruebas económicas para analizar individualmente las situaciones planteadas.
La magistrada interviniente también actuó anteriormente en una medida cautelar vinculada con el proyecto hidrocarburífero Sea Lion, desarrollado al norte de las Islas Malvinas.
Ese antecedente forma parte de las intervenciones del Juzgado Federal de Río Grande en controversias relacionadas con la explotación de recursos naturales del Atlántico Sur.
En el expediente pesquero, el próximo paso será la recepción de los informes del INIDEP y de Prefectura Naval, que servirán como elementos para resolver la solicitud cautelar.
Posteriormente continuará el análisis de los vínculos empresariales denunciados, la eventual afectación ambiental y la cuantificación del perjuicio económico invocado por la fundación demandante.
El resultado de la investigación tendrá especial importancia para el sector pesquero nacional si se acreditan relaciones comprendidas en el artículo 27 bis, ya que podrían abrirse procedimientos con consecuencias sobre permisos, cuotas y autorizaciones de pesca vigentes.
La Justicia Federal de Río Grande asumió la investigación sobre empresas vinculadas con la explotación pesquera en aguas de las Islas Malvinas. La demanda reclama una reparación de entre US$ 12.351 millones y US$ 26.465 millones por capturas realizadas entre 1989 y 2025. Antes de resolver una medida cautelar, el juzgado solicitó informes al INIDEP y a Prefectura Naval.
El conflicto por los recursos pesqueros de Malvinas acaba de ingresar en una etapa judicial que podría resultar bastante incómoda para algunas empresas. Después de décadas de capturas cuestionadas por una demanda argentina, un juzgado federal decidió examinar el asunto con documentos, informes científicos y registros de navegación. Una decisión que introduce un elemento potencialmente perturbador en cualquier negocio acostumbrado a navegar entre sociedades, contratos y jurisdicciones: la posibilidad de que alguien revise todos los papeles.
La Fundación Agustina Lerena reclama una reparación económica que oscila entre 12.351 millones y 26.465 millones de dólares. La diferencia entre ambos extremos es tan considerable que alcanza para recordar que incluso las estimaciones más conservadoras pueden tener dimensiones extraordinarias. El cálculo comprende más de cuatro millones de toneladas de recursos pesqueros capturados entre 1989 y 2025. A esa escala, la discusión ya no gira alrededor de un pescado que escapó de la red, sino de una actividad económica cuya magnitud exige una investigación minuciosa.
La jueza Mariel Borruto solicitó información al INIDEP y a Prefectura antes de decidir si corresponde frenar las operaciones cuestionadas. La ciencia deberá explicar dónde se distribuyen las especies y qué relaciones biológicas existen entre las zonas de pesca. Los registros marítimos, por su parte, ayudarán a reconstruir movimientos de embarcaciones. El océano es inmenso, pero la documentación administrativa tiene una virtud poco apreciada por quienes prefieren la discreción: puede conservar rastros incluso cuando los barcos ya regresaron a puerto.
El expediente también examinará relaciones entre empresas pesqueras, entidades financieras, astilleros, aseguradoras y sociedades comerciales. Es decir, la investigación no se limitará a observar quién lanzó las redes al agua. También buscará establecer quién financió las operaciones, quién participó de los negocios y quién obtuvo beneficios. Porque en ciertas estructuras empresariales la distancia entre el barco y el dinero puede ser considerable, aunque ambos terminen formando parte de una misma actividad económica.
El punto más delicado aparece en la legislación pesquera argentina: si se acreditan determinados vínculos prohibidos, podrían surgir consecuencias sobre permisos, cuotas y autorizaciones de captura. Para algunas compañías, la preocupación podría dejar de ser exclusivamente judicial y trasladarse al funcionamiento cotidiano de sus operaciones. El artículo 27 bis amenaza con convertirse en una lectura mucho menos recreativa que cualquier informe sobre la temporada de pesca.
Por ahora, la Justicia no resolvió la cautelar ni determinó responsabilidades. Ordenó reunir pruebas, una distinción fundamental en una causa de semejante alcance. El proceso deberá establecer si las relaciones denunciadas existen, qué consecuencias jurídicas tienen y cómo se calcula el perjuicio reclamado. En el Atlántico Sur, donde la soberanía y los recursos naturales llevan décadas de controversia, la próxima disputa decisiva podría desarrollarse lejos de las redes y muy cerca de los expedientes.
