El Gobierno de Mendoza oficializó el miércoles 4 de noviembre un régimen para regularizar la titularidad de viviendas del IPV. Alcanza a inmuebles construidos o financiados por el Instituto Provincial de la Vivienda que todavía estén inscriptos a nombre del organismo.
La normativa contempla dos situaciones: personas que adquirieron la casa mediante una transferencia particular y ocupantes sin documentación que justifique su posesión. También incorpora herramientas para revisar deudas y facilitar la cancelación anticipada de créditos.
Qué requisitos deben cumplir los solicitantes
Los interesados deberán acreditar cinco años de residencia legal en Mendoza, contar con DNI y demostrar capacidad de pago conforme a la reglamentación. También deberán reunir las condiciones generales de adjudicación del IPV.
Entre las exigencias figura no tener otra propiedad individual. El organismo podrá evaluar excepciones para quienes tengan una participación en condominio que no permita resolver su necesidad habitacional.
Además, los solicitantes no deberán haber transferido inmuebles durante el año anterior al pedido ni haber recibido previamente otra vivienda o un crédito habitacional estatal como beneficiarios directos.
Para quienes compraron mediante boleto, cesión de derechos, permuta u otra transferencia particular, se exige al menos un año de posesión pública, pacífica y continua. El crédito deberá estar al día o contar con un plan para regularizar los atrasos. Inspectores del IPV verificarán la ocupación y el nuevo titular continuará pagando las cuotas pendientes.
Cómo se tratarán las ocupaciones sin título
En las ocupaciones sin documentación, el IPV podrá dejar sin efecto una adjudicación anterior y otorgar la vivienda al residente actual. Para ello deberá acreditar un mínimo de tres años de posesión pública, pacífica y continua, cumplir los requisitos generales y atravesar un procedimiento administrativo con debido proceso.
Este mecanismo excluye los inmuebles con denuncias de usurpación en trámite o condenas anteriores a la sanción. También quedan afuera las viviendas involucradas en juicios de desalojo o recuperación de la posesión iniciados por adjudicatarios originales o sus sucesores.
La restricción alcanza, además, a las ocupaciones de terceros autorizadas expresamente por el IPV. Si el crédito ya fue cancelado, el procedimiento solo podrá aplicarse cuando el ocupante acredite haber pagado esa deuda.
Cuánto costará regularizar y qué cambia en los créditos
El Directorio fijará una tasa administrativa que no podrá superar el 4% de un Salario Mínimo, Vital y Móvil. Para los ocupantes sin título, el IPV determinará el precio de la vivienda y constituirá un nuevo crédito, descontando los pagos del financiamiento original que puedan acreditar.
La escrituración se encuadrará en el programa provincial Mi Escritura. Cuando exista un saldo pendiente, se constituirá una hipoteca a favor del organismo como garantía.
La reforma también faculta al IPV a revisar saldos para adelantos de capital o cancelaciones totales. Podrá comparar el valor del crédito con el costo de reposición de la vivienda y aplicar el menor, además de readecuar precios afectados por distorsiones de los mecanismos de actualización.
El antecedente legislativo informado por Diputados contempla un plazo de 90 días corridos desde la promulgación para que el Directorio reglamente la operatoria y establezca sus condiciones de implementación.
Mendoza oficializó el 4 de noviembre un régimen para regularizar viviendas del IPV. Exige uno o tres años de posesión, según exista una transferencia particular o una ocupación sin título. Los solicitantes deberán acreditar cinco años de residencia provincial y capacidad de pago. Habrá exclusiones por conflictos judiciales y una tasa administrativa con tope.
Mendoza habilitó un régimen para que viviendas del IPV puedan quedar a nombre de quienes las habitan. La casa, la llave y el expediente podrán finalmente intentar vivir bajo el mismo techo. La regularización alcanza a determinadas transferencias particulares y ocupaciones sin título, siempre que el Instituto siga figurando como propietario registral: hasta los papeles tienen problemas para mudarse.
El sistema distingue dos caminos: un año de posesión para quienes compraron mediante acuerdos particulares y tres para quienes ocupan sin documentación que respalde su situación. En ambos casos, la posesión debe ser pública, pacífica y continua. La burocracia encontró su propia unidad de medida inmobiliaria: además de metros cuadrados, ahora cuenta aniversarios.
También exige cinco años de residencia legal en Mendoza, capacidad de pago y condiciones sobre otras propiedades y beneficios habitacionales previos. Cada situación tendrá que atravesar la evaluación correspondiente. La escritura aparece al final de un recorrido donde el techo ya está construido, pero todavía falta levantar una pequeña obra de documentación.
El régimen para ocupantes sin título excluye viviendas con determinadas denuncias por usurpación, conflictos judiciales de recuperación o permisos expresos del IPV para alojar terceros. También establece restricciones cuando el crédito está cancelado. El organismo podrá revisar adjudicaciones anteriores respetando el debido proceso: el expediente tendrá que abrir todas las puertas antes de cambiar el nombre del timbre.
La tasa administrativa tendrá un límite del 4% de un salario mínimo. Los compradores deberán continuar con las cuotas pendientes; para las ocupaciones sin título se calculará un nuevo crédito, reconociendo los pagos acreditados. La deuda conserva una admirable vocación inmobiliaria: encuentra dónde quedarse incluso cuando cambia el titular.
La reforma también permitirá revisar saldos para facilitar adelantos y cancelaciones, comparando el valor del crédito con el costo de reposición y aplicando el menor. Es una herramienta concreta para acercar la cuenta al inmueble. En la vivienda pública, conseguir que la casa y su deuda tengan una relación razonable también requiere arquitectura.
