La votación fue el jueves 5 de noviembre: tuvo 43 votos afirmativos, 13 abstenciones y ninguno en contra. La aprobación legislativa es un paso distinto de la promulgación y de la implementación en las escuelas.
Qué medidas contempla la ley
Los contenidos se incorporan en los niveles obligatorios del sistema educativo porteño. La norma apunta al uso responsable, ético y crítico de las tecnologías y a prevenir las violencias digitales.
También prevé formación docente inicial y continua, materiales didácticos accesibles y actualizados, y criterios para el uso de inteligencia artificial en las escuelas. Para sostener las actividades, contempla conectividad y equipamiento tecnológico, además de la figura del facilitador pedagógico en los distintos niveles y modalidades.
La propuesta incluye talleres para familias sobre algoritmos y efectos de las redes sociales. También prevé encuestas periódicas a adolescentes sobre su vínculo con las tecnologías digitales.
A qué escuelas alcanza y qué pasa con la aplicación
La ley comprende establecimientos de gestión estatal y privada de la Ciudad de Buenos Aires. No modifica por sí sola la normativa de las escuelas sanjuaninas: su alcance es porteño.
La aprobación no determina por sí misma cuándo comenzarán las medidas. La promulgación y el cronograma de implementación no están confirmados.
La agenda de la comisión de Educación del 27 de octubre registró dos expedientes diferenciados: el 1209-D-2025, sobre Educación Digital Integral, y el 1268-D-2026, sobre uso de inteligencia artificial en la educación. La agenda oficial de la Legislatura porteña consigna esos proyectos por separado.
La Legislatura porteña aprobó la ley el jueves 5 de noviembre, con 43 votos a favor y 13 abstenciones. Alcanza a escuelas públicas y privadas de la Ciudad y prevé formación docente y talleres para familias.
En un heroico despliegue de optimismo burocrático, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires decidió que la mejor manera de domar a los algoritmos que devoran cerebros en tres segundos es redactar una ley de Educación Digital Integral. La histórica sesión del jueves 5 de noviembre concluyó con un tablero que rozó la unanimidad soviética: 43 votos afirmativos, 13 abstenciones y cero almas en contra. A partir de ahora, tanto colegios públicos como privados porteños deberán enseñar ética en redes sociales, protección de datos personales y cómo convivir con la inteligencia artificial sin que una máquina termine reemplazando la entrega de cartulinas con brillantina.
El plan maestro no escatima en aspiraciones galácticas: promete conectividad, computadoras, materiales actualizados, capacitación continua para docentes y la mística figura del «facilitador pedagógico», ese mártir moderno que intentará explicarle privacidad de datos a alumnos que transmiten su vida en tiempo real por streaming. Por si fuera poco, la norma añade talleres para que las familias entiendan por qué el algoritmo les sugiere comprar freidoras de aire a las tres de la mañana, sumado a encuestas periódicas a adolescentes para medir su adicción a las pantallas. La iniciativa condensó dos expedientes tratados el 27 de octubre en comisión: el 1209-D-2025 y el 1268-D-2026, aunque nadie sabe bien cómo ensamblaron ambos textos antes de apretar el botón verde.
Por supuesto, ningún estudiante sanjuanino debe temer por exámenes sorpresa sobre redes: la normativa tiene alcance exclusivamente porteño y cruzar la avenida General Paz sigue requiriendo más fe que cobertura de fibra óptica. Como marca la tradición republicana, levantar la mano en el recinto es un trámite estético muy distinto de promulgar la ley o comprar los cables de red, por lo que las fechas de implementación efectiva permanecen flotando en una nube cuántica sin calendario a la vista.
