La liquidez de las empresas industriales volvió a deteriorarse en julio. **El 47,6% de las firmas tuvo dificultades para cubrir al menos uno de sus pagos habituales**, entre salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios públicos o impuestos, mientras que **el 9,2% acumuló atrasos en todos ellos al mismo tiempo**, el nivel más alto de la serie y muy por encima del promedio histórico del 4%, según la última Encuesta del Centro de Estudio de la UIA.
El relevamiento correspondiente a julio mostró que la debilidad de la demanda comenzó a reflejarse con mayor intensidad en la situación financiera de las empresas. En paralelo, **el Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se ubicó en 40,4 puntos**, con todos los sectores por debajo de 50, el umbral que marca la zona de contracción.
Impuestos y proveedores, los principales focos de atraso
Los mayores problemas de liquidez se concentraron en los pagos de impuestos y a proveedores. De acuerdo con la encuesta, **el 34,6% de las empresas no pagó en su totalidad sus obligaciones impositivas**, mientras que **el 33,3% quedó en falta con proveedores**.
En tercer lugar se ubicaron los compromisos financieros, con el 25,6% de las firmas afectadas. Luego aparecieron los servicios públicos, con el 16,3%, y los salarios, con el 12,7%.
Los datos muestran que la restricción de liquidez comenzó a trasladarse tanto al frente impositivo como al comercial, con consecuencias sobre el funcionamiento cotidiano de las compañías.
Más deuda y mayores costos financieros
Entre las empresas afectadas por las dificultades de pago, **el 56,2% recurrió a financiamiento de corto plazo o incrementó su nivel de endeudamiento**. A su vez, el 53,2% enfrentó mayores intereses y costos financieros.
El deterioro financiero también tuvo efectos concretos sobre la operatoria. **El 31,8% de las empresas informó un deterioro en la relación con proveedores o empleados**, mientras que el 22,7% sufrió retrasos en la producción o en la prestación de servicios.
Además, el 21,1% mencionó interrupciones o un encarecimiento del abastecimiento de insumos y el 2,7% registró cortes de servicios. Solo el **12,7% afirmó no haber tenido impactos significativos** como consecuencia de esta situación.
Menor actividad y caída de la demanda interna
Las dificultades financieras se produjeron en un contexto de menor actividad, con un impacto más marcado sobre el mercado interno. “La mitad de las empresas registró una caída en sus ventas internas, mientras que solo el 16,2% informó aumentos. En producción, el 42,9% redujo sus niveles y apenas el 20,9% los incrementó. Las exportaciones tuvieron un desempeño comparativamente menos desfavorable y mejoraron respecto de los relevamientos recientes. Esto es consistente con el principal problema señalado por las empresas: la caída de la demanda interna, mencionada por el 48,6% de las firmas”, destacó el informe.
Las micro y pequeñas empresas atravesaron un escenario más exigente que el promedio. En ese segmento, **el 47,8% redujo su producción y el 54,8% registró una caída en sus ventas**, porcentajes superiores a los observados entre las empresas medianas y grandes.
Las perspectivas para los próximos meses también mostraron un deterioro. **El 64,4% de las empresas operó por debajo de su nivel considerado óptimo de utilización de la capacidad instalada** y, entre esas compañías, ocho de cada diez no esperan alcanzar ese nivel durante los próximos 12 meses.
La encuesta del Centro de Estudios de la UIA también registró una caída en la proporción de empresas que considera que es un buen momento para invertir en maquinaria y equipos. **Ese indicador descendió al 43%**.
Con una demanda interna debilitada, menores niveles de actividad y un financiamiento más costoso, aumentó la cantidad de empresas que acumulan atrasos en sus pagos habituales. El deterioro de la liquidez se suma así a las dificultades productivas y comerciales que atraviesa el sector industrial.
La liquidez de las empresas industriales se deterioró en julio: el 47,6% tuvo dificultades para afrontar al menos uno de sus pagos habituales y el 9,2% acumuló atrasos en salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios o impuestos. El escenario estuvo marcado por la caída de la demanda interna, menores niveles de producción y mayores costos financieros.
El 47,6% de las empresas industriales tuvo problemas para pagar al menos una de sus obligaciones habituales en julio. Y el 9,2% logró completar el combo: salarios, proveedores, bancos, servicios e impuestos quedaron todos esperando su turno.
La industria argentina encontró una forma poco novedosa, pero bastante eficiente, de hacer que el dinero desaparezca: menos clientes, menos producción y más costos financieros. El problema es que esta vez la billetera no llegó ni para hacer la clásica maniobra de pagar una cosa y patear otra para la semana siguiente.
Los impuestos y los proveedores encabezaron la lista de cuentas que quedaron a medio camino. El 34,6% de las empresas no pudo pagar completamente sus obligaciones impositivas y el 33,3% quedó en falta con proveedores. Después llegaron los compromisos financieros, los servicios públicos y, finalmente, los salarios, como si hasta las cuentas hubieran armado una fila para ver cuál esperaba más.
Entre las firmas que enfrentaron dificultades, más de la mitad recurrió a financiamiento de corto plazo o incrementó su endeudamiento. Al mismo tiempo, el 53,2% tuvo que soportar mayores intereses y costos financieros. Es decir, para conseguir oxígeno hubo que pagar por el tubo.
El deterioro tampoco quedó encerrado en los balances. Hubo empresas que reportaron problemas con proveedores o empleados, retrasos en la producción, dificultades para abastecerse de insumos y hasta cortes de servicios. Apenas el 12,7% aseguró no haber sufrido impactos significativos.
Mientras tanto, la demanda interna siguió haciendo de las suyas: fue señalada como el principal problema por casi la mitad de las firmas. El MDI quedó en 40,4 puntos y todos los sectores terminaron debajo de 50, en zona de contracción.
La industria que necesita vender para pagar, pagar para producir y producir para volver a vender quedó atrapada en el único circuito económico donde hasta la caja parece estar haciendo horas extra.