Más de un año después de su cierre definitivo, el Aquarium de Mar del Plata todavía no resolvió el destino de una parte de los animales que permanecen en sus instalaciones.
En el marco del proceso de quiebra del parque, la sindicatura avanza con la venta de cuatro pingüinos de la especie saltarín, tasados en u$s 40.000.
El objetivo de la operación es obtener recursos para afrontar los gastos que demanda el mantenimiento de los animales que continúan en el predio mientras esperan una nueva ubicación.
El cierre del Aquarium y los animales sin reubicar
El parque marino cerró definitivamente el 31 de marzo de 2025, luego de que la empresa que lo operaba no alcanzara un acuerdo de alquiler con los propietarios del predio y se sumara además un pedido de quiebra.
En ese momento, desde el Aquarium se había informado que todos los animales serían trasladados a otros espacios.
Sin embargo, más de un año después del cierre, el proceso todavía no se completó y parte de las especies continúa dentro de las instalaciones.
Cuatro pingüinos fueron tasados en u$s 40.000
Como parte de las medidas adoptadas dentro de la quiebra, la sindicatura trabaja en la venta de cuatro pingüinos saltarines por un valor estimado de u$s 40.000.
Los fondos obtenidos con esa operación serían destinados a solventar parte de los costos necesarios para mantener a los animales que todavía aguardan una reubicación.
De esta manera, el proceso abierto tras el cierre del Aquarium continúa mientras se intenta resolver el destino definitivo de las especies que aún permanecen en el antiguo parque marino de Mar del Plata.
Más de un año después del cierre definitivo del Aquarium de Mar del Plata, todavía quedan animales sin reubicar. En el marco de la quiebra del parque, la sindicatura avanza con la venta de cuatro pingüinos de la especie saltarín, tasados en u$s 40.000, para cubrir parte de los gastos que demanda mantener a las especies que continúan en las instalaciones.
El Aquarium de Mar del Plata cerró sus puertas el 31 de marzo de 2025, pero algunos de sus antiguos habitantes parecen haber quedado atrapados en una versión acuática y burocrática de “próximamente”. Más de un año después, todavía hay animales esperando un destino definitivo y la quiebra del parque sumó ahora un capítulo difícil de imaginar incluso para una reunión de síndicos con exceso de café: cuatro pingüinos saltarines están tasados en u$s 40.000.
La sindicatura busca concretar la venta para financiar los gastos de mantenimiento de las especies que todavía permanecen en el predio. Es decir, algunos animales podrían terminar ayudando económicamente a sostener a otros, una solución que tiene la eficiencia contable de una planilla y la extrañeza narrativa de una película donde los protagonistas descubren que también forman parte del activo.
Cuando el parque cerró, se había informado que todos los animales serían trasladados a otros espacios. Sin embargo, más de un año después, el proceso sigue incompleto. La promesa de reubicación avanzó con una velocidad menos oceánica que administrativa, mientras el mantenimiento continúa generando costos y la quiebra obliga a encontrar recursos para sostener a las especies.
El resultado es una escena singular: un parque sin público, animales que todavía esperan traslado y cuatro pingüinos convertidos involuntariamente en protagonistas de una operación de venta. El Aquarium dejó de recibir visitantes, pero la historia sigue abierta, con la particularidad de que ahora parte de su fauna también ocupa un casillero en el complicado rompecabezas financiero que dejó el cierre.