El nuevo moroso argentino: más de 5 millones de personas tienen deudas y preocupan al sistema financiero

Redacción Cuyo News
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Durante años, la imagen del deudor argentino estuvo asociada casi exclusivamente a personas de bajos ingresos o directamente excluidas del sistema financiero. Pero esa fotografía cambió: el nuevo moroso también puede tener empleo formal, cobrar un sueldo todos los meses, utilizar billeteras virtuales, pagar con tarjeta y haber accedido recientemente a préstamos.

Detrás del aumento de la mora aparece un fenómeno más amplio: el sobreendeudamiento de sectores que se incorporaron masivamente al sistema financiero, pero que ahora enfrentan dificultades para sostener sus compromisos.

Según un relevamiento que reúne información de bancos, fintech, cooperativas, tarjetas de crédito, cadenas comerciales y otras entidades financieras, el 26,9% de las personas con algún tipo de deuda se encuentra en situación de mora. Sobre un universo cercano a los 19,8 millones de deudores, el resultado implica que más de 5,3 millones de argentinos presentan atrasos relevantes en sus pagos.

La mora dejó de ser exclusiva de los sectores vulnerables

La expansión del crédito durante los últimos años sumó millones de usuarios al sistema financiero. Muchos recurrieron a préstamos personales, tarjetas y financiamiento digital para comprar electrodomésticos, realizar mejoras en sus viviendas, cambiar vehículos o sostener gastos cotidianos.

Con la desaceleración de la inflación, las cuotas comenzaron a representar una mayor carga dentro de los ingresos familiares. Para muchos hogares, el desafío dejó de estar en conseguir financiamiento y pasó a ser mantener al día los pagos asumidos.

El nuevo perfil del moroso reúne distintos grupos. Por un lado, hogares de ingresos bajos que utilizan el crédito para cubrir gastos básicos. Por otro, trabajadores registrados, profesionales, empleados públicos y privados, además de pequeños comerciantes de clase media que aprovecharon el acceso al financiamiento y ahora enfrentan niveles de deuda difíciles de sostener.

También aparecen trabajadores independientes e informales que, ante las limitaciones del sistema bancario tradicional, recurrieron a plataformas digitales u otras alternativas de crédito.

Los jóvenes y el crecimiento del crédito digital

La mayor concentración de mora se encuentra entre personas de 18 a 30 años. Se trata de una generación con alta adopción de herramientas digitales, acostumbrada a operar con billeteras virtuales, pagos QR y créditos aprobados en pocos minutos.

Muchos de estos usuarios tienen poca trayectoria financiera, ingresos variables o una inserción laboral reciente, factores que aumentan las probabilidades de incumplimiento.

Al mismo tiempo, fueron uno de los grupos que más aprovecharon la expansión del crédito digital en los últimos años.

Bancos y fintech muestran perfiles diferentes

La situación también varía según el tipo de entidad que otorgó el financiamiento. Los bancos tradicionales concentran la mayor parte del crédito y registran niveles de mora relativa más bajos.

Entre quienes tienen deuda únicamente con bancos, alrededor del 20% presenta atrasos. En cambio, entre quienes operan exclusivamente con fintech, la cifra alcanza el 28,4%. Si se observa el volumen de cartera, la irregularidad llega al 12,6% en bancos frente al 21,6% en fintech.

La diferencia está relacionada con el perfil de los usuarios. Las plataformas digitales suelen atender a personas más jóvenes, con menor historial crediticio, ingresos variables o dificultades para acceder al sistema financiero tradicional.

El avance del consumidor con múltiples deudas

Otro fenómeno creciente es el del llamado multideudor: personas que acumulan diferentes fuentes de financiamiento al mismo tiempo.

Un mismo consumidor puede tener una tarjeta bancaria, un préstamo personal, una línea de crédito en una billetera virtual, financiación comercial y algún crédito otorgado por cooperativas o mutuales.

Cuando los ingresos dejan de alcanzar, los pagos comienzan a priorizarse y algunos compromisos quedan relegados. Ese comportamiento puede extender la mora a distintos sectores del sistema financiero.

Para bancos y fintech, el aumento de los atrasos no representa únicamente mayores pérdidas. También puede generar un endurecimiento de las condiciones para otorgar nuevos préstamos.

Esto afecta directamente a actividades donde la financiación es clave, como la venta de automóviles, motos, electrodomésticos, materiales para construcción, turismo y comercio minorista.

La evolución de la mora comenzó a funcionar como un indicador anticipado de la economía. No sólo muestra cuántas personas tienen dificultades para pagar, sino también qué sectores pueden enfrentar una caída en sus ventas y dónde las entidades financieras podrían restringir el acceso al crédito.

El nuevo moroso argentino refleja una transformación del sistema financiero: una economía donde millones de personas accedieron al crédito, pero donde ahora el desafío pasa por sostener esas obligaciones en un escenario donde los ingresos todavía no recuperan plenamente su capacidad de respuesta.

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