Dorada S.A., la empresa que produce la marca Dánica, confirmó el cierre definitivo de su planta de Llavallol para el próximo 30 de septiembre. La decisión afecta a unos 30 trabajadores que todavía permanecían vinculados al establecimiento y abre una nueva instancia de conflicto con el sindicato aceitero.
El anuncio fue realizado mediante un cartel colocado en la puerta de la fábrica. Los trabajadores del turno sabatino encontraron el aviso al llegar alrededor de las 6 de la mañana y no pudieron ingresar al establecimiento.
“Dorada SA informa el cierre definitivo de la operación industrial de su planta ubicada en Llavallol”, señala el comunicado difundido por la compañía.
La empresa atribuyó la decisión a “un prolongado proceso que buscó revertir las dificultades económicas, productivas y operativas que afectaban la viabilidad del establecimiento” y sostuvo que impulsó distintas medidas para sostener la actividad y preservar las fuentes laborales, aunque sin conseguir “las condiciones necesarias para asegurar una operación sostenible”.
Qué pasará con los trabajadores
Fuentes de la empresa confirmaron que “el 30 de septiembre se cierra definitivamente la operación industrial de la planta de Llavallol”.
Según explicaron, durante el último período la actividad funcionó bajo un acuerdo con el sindicato que limitó el establecimiento principalmente a tareas de envasado y mantenía una dotación total de unas 35 personas.
“Ese acuerdo vence el 30 de septiembre y a partir de ese momento queda totalmente deshabilitada esa planta”, indicaron desde la compañía.
La firma aseguró además que ya comenzaron “todas las formalidades con los empleados para el pago de las indemnizaciones de ley”. El comunicado exhibido en la planta también señala que los pagos “serán abonados de acuerdo con lo establecido por la Ley de Contrato de Trabajo y la normativa aplicable”.
Hasta la fecha prevista para el cierre, la empresa indicó que mantendrá el pago de los salarios.
Los trabajadores, sin embargo, no pueden ingresar actualmente al establecimiento. Ante esta situación, instalaron una carpa frente a la fábrica y organizaron una permanencia mediante turnos mientras esperan definiciones formales sobre su situación.

El sindicato denunció el cierre
El Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria Aceitera de Capital Federal y Gran Buenos Aires (SOEIA) presentó una denuncia ante el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires por la decisión empresaria.
El gremio también solicitó una audiencia con representantes de la compañía y espera que la cartera laboral confirme un encuentro virtual.
El secretario general del SOEIA, Ezequiel Roldán, afirmó que el sindicato mantiene “la firme decisión de seguir defendiendo los puestos de trabajo, el salario y el Convenio Colectivo de Trabajo”.
Fuentes sindicales señalaron que, hasta el momento, los empleados no recibieron telegramas de despido ni cartas documento y que el único anuncio formal conocido es el cartel colocado en la puerta de la fábrica.
El tercer cierre de la planta
La decisión anunciada ahora representa el tercer cierre de la planta de Llavallol en los últimos años.
El primer antecedente ocurrió en abril de 2020, durante la pandemia, cuando la compañía decidió interrumpir la actividad y atribuyó la medida a “un desmedido reclamo salarial de los gremios de Federación Aceitera”, que calificó como “excesivamente oneroso” para la actividad.
Aquel cierre se revirtió dos días después mediante un acuerdo alcanzado con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
El segundo episodio ocurrió a fines de 2024, cuando la empresa volvió a anunciar el fin de la producción en Llavallol. La actividad se retomó algunos meses después, en febrero de 2025, luego de un acuerdo con el sindicato, aunque con una dotación considerablemente menor.
Durante noviembre de 2024, la empresa había abierto un programa de retiros voluntarios que alcanzó a 17 trabajadores. Según fuentes sindicales, parte de esos puestos correspondían a tareas consideradas críticas para mantener la producción en condiciones seguras.
En ese período, siempre según la representación gremial, la compañía también comenzó a retirar mercadería, redujo la compra de insumos e inventarió maquinaria con vistas a su posible traslado a la planta que el Grupo Beltrán posee en Córdoba.
La situación derivó entonces en presentaciones ante el Ministerio de Trabajo bonaerense y en un acuerdo que permitió sostener la actividad con una dotación reducida. El plantel, que había llegado a rondar los 150 trabajadores, fue disminuyendo hasta quedar en unas pocas decenas de empleados.
Una fábrica con casi nueve décadas de historia
La planta de Llavallol funciona desde fines de la década del 30. Su historia comenzó cuando el inmigrante danés Christian Boll, dedicado hasta entonces a la producción de lácteos en Santa Fe, se instaló en la zona para fabricar aceites vegetales hidrogenados destinados a la industria alimenticia.
En 1963, la compañía se convirtió en pionera en la fabricación de margarinas de origen vegetal bajo la marca Dánica, que comenzó a comercializarse en panes y potes plásticos.
La marca alcanzó una fuerte presencia en el mercado argentino mediante campañas publicitarias que quedaron asociadas a distintas generaciones. Durante los años 60 se hizo conocida la frase “era para untar, era para untar”, mientras que en 1973 apareció por primera vez el histórico jingle “Dánica Dorada, Dánica Dorada”.
La empresa cambió de propietarios en varias oportunidades. En 2011 fue adquirida por el grupo brasileño BRF, que también operó marcas como Paty y Sadía. Siete años después se desprendió de la compañía y, a fines de 2018, Dánica quedó en manos del Grupo Beltrán.
El grupo cordobés mantiene actualmente otras operaciones industriales, entre ellas una fábrica de aderezos ubicada en el Parque Industrial Ferreyra, en Córdoba.
Con el cierre anunciado para el 30 de septiembre, la planta de Llavallol se encamina ahora a finalizar definitivamente su actividad industrial. El futuro inmediato de los trabajadores dependerá de las indemnizaciones comprometidas por la empresa y de la audiencia que el sindicato busca concretar ante el Ministerio de Trabajo bonaerense.
Dorada S.A., fabricante de la marca Dánica, confirmó el cierre definitivo de su planta de Llavallol para el 30 de septiembre. Unos 30 trabajadores permanecen afectados por la decisión y la empresa aseguró que abonará las indemnizaciones previstas por ley. El sindicato denunció el cierre ante el Ministerio de Trabajo bonaerense y pidió una audiencia para discutir la situación laboral.
Dánica cierra definitivamente su planta de Llavallol el 30 de septiembre y unos 30 trabajadores quedan a la espera de definiciones. La fábrica ya había cerrado dos veces antes, así que esta vez la palabra “definitivo” llega con más presión que un cartel de “última oportunidad” pegado por tercera vez en la vidriera.
La empresa comunicó la decisión con un cartel en la puerta. Los trabajadores del turno sabatino llegaron a las 6 de la mañana y no pudieron ingresar. Una forma bastante literal de enterarse de que la persiana industrial también puede funcionar como comunicado oficial.
Según Dorada S.A., el cierre responde a dificultades económicas, productivas y operativas que no pudieron revertirse pese a distintas medidas para sostener la actividad. El acuerdo vigente con el sindicato permitía mantener apenas un proceso de envasado con una dotación muy reducida y vence justamente el 30 de septiembre.
La empresa aseguró que iniciará la parada definitiva de las instalaciones y que las indemnizaciones se pagarán conforme a la Ley de Contrato de Trabajo. Mientras tanto, los empleados instalaron una carpa frente a la planta y organizan una permanencia por turnos, porque cuando el futuro laboral queda pendiente de una audiencia, hasta esperar se convierte en tarea asignada.
El sindicato aceitero ya presentó una denuncia ante el Ministerio de Trabajo bonaerense y pidió una audiencia con la compañía. Según los representantes gremiales, los trabajadores todavía no recibieron telegramas de despido ni cartas documento, por lo que el cartel sigue siendo, por ahora, la pieza de papel con mayor peso específico de todo el conflicto.
La historia de la planta hace todavía más fuerte el impacto. Llavallol produce desde fines de la década del 30 y fue parte del crecimiento de una marca que quedó grabada durante décadas en la publicidad argentina. El jingle sobrevivió generaciones; la fábrica, en cambio, no pudo ganarle al tercer cierre.
Dánica fue durante décadas “para untar”; ahora en Llavallol la discusión es cómo repartir las indemnizaciones sin que también se derrita el empleo.