La contratación de créditos hipotecarios atraviesa una etapa de desaceleración respecto del pico alcanzado en 2025, aunque la oferta de préstamos UVA continúa siendo amplia. Más de una decena de entidades bancarias mantienen líneas destinadas a la compra, construcción o refacción de viviendas.
Al mismo tiempo, el costo del financiamiento aumentó respecto de los niveles registrados durante la recuperación del mercado en 2024 y 2025. Los bancos también endurecieron algunos requisitos y el volumen de operaciones se redujo con fuerza.
Durante los primeros siete meses de 2026 se concretaron unas 13.329 operaciones hipotecarias, frente a las 25.160 registradas durante el mismo período de 2025. La diferencia representa una caída interanual del 47%.
Sin embargo, el crédito hipotecario continúa formando parte de la oferta de los principales bancos que operan en el país. Una de las principales características del escenario actual es la dispersión de condiciones entre las entidades: para una misma propiedad, la diferencia de tasas puede modificar de manera significativa tanto la cuota inicial como el ingreso que debe acreditar una familia.
Qué pasa con los créditos UVA
La modalidad predominante sigue siendo el crédito en UVA ajustado por CER, con una tasa fija adicional. En este tipo de préstamos, el capital y las cuotas se expresan en UVA y aumentan en pesos de acuerdo con la evolución del índice de precios.
Por eso, las tasas que publican los bancos —por ejemplo, 6,7%, 7,5%, 8,5% o 9,5%— no contemplan la actualización derivada de la inflación.
El valor de la UVA se ubicaba en torno de $2.073,04 al 12 de agosto de 2026, según el Banco Central de la República Argentina. A su vez, la mediana de las expectativas de mercado relevadas por el BCRA proyectaba una inflación interanual del 21,8% para los próximos doce meses, aunque la evolución efectiva de la UVA dependerá de la inflación futura.
En este contexto, comparar solamente la TNA puede llevar a conclusiones equivocadas. El costo real del préstamo depende de un conjunto más amplio de variables que deben ser consideradas antes de tomar una decisión.
Qué hay que mirar antes de sacar un crédito
Además de la tasa, resultan determinantes el plazo del préstamo, el porcentaje que financia el banco y la relación entre la cuota y los ingresos del solicitante.
También deben contemplarse el costo financiero total, el seguro de incendio, los gastos de escrituración y las condiciones establecidas para una eventual cancelación anticipada.
La diferencia entre las propuestas bancarias puede ser relevante incluso cuando los préstamos parecen similares a primera vista. Una tasa menor puede reducir la cuota inicial y, dependiendo de las condiciones, también modificar el ingreso necesario para acceder al financiamiento.
El nuevo fondeo que prepara el Gobierno
El escenario podría cambiar durante las próximas semanas a partir de las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció un esquema para reactivar el crédito hipotecario mediante fondos de ANSES.
El programa contempla un fondeo de $2 billones provenientes del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Administración Nacional de la Seguridad Social.
La expectativa está puesta en las próximas licitaciones de esos fondos, que podrían generar nuevas alternativas de financiamiento y abrir margen para una reducción de las tasas de interés.
La situación actual, sin embargo, todavía refleja una marcada contracción frente al año anterior. Mientras la oferta de créditos UVA permanece disponible, la cantidad de operaciones se redujo casi a la mitad durante los primeros siete meses de 2026.
La oferta de créditos hipotecarios UVA continúa vigente en más de una decena de bancos, aunque el costo del financiamiento aumentó y las operaciones cayeron un 47% interanual durante los primeros siete meses de 2026. Las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno, que contemplan $2 billones del FGS de ANSES, podrían modificar las tasas y condiciones de acceso.
13.329 créditos hipotecarios en siete meses, contra 25.160 en el mismo período del año pasado. El mercado inmobiliario consiguió una forma bastante argentina de enfriar una herramienta que había vuelto a entusiasmar: subir el costo del financiamiento mientras la vivienda sigue esperando que alguien pueda pagarla.
La oferta, de todos modos, sigue ahí. Más de una decena de bancos mantienen líneas UVA para comprar, construir o refaccionar, con tasas que van desde el 6,7% hasta el 9,5%, aunque ese número tiene una pequeña letra chica: la inflación no está incluida.
Porque el crédito UVA tiene esa particularidad de convertir una decisión inmobiliaria en una relación de largo plazo con el índice de precios. Capital y cuotas se expresan en UVA y se actualizan según la evolución del CER, mientras la tasa fija se suma por encima.
La diferencia entre bancos tampoco es decorativa. Para una misma propiedad, unos pocos puntos de tasa pueden modificar la cuota inicial y el ingreso que una familia necesita demostrar, como si elegir banco fuera una suerte de casting financiero donde además de querer la casa hay que convencer al banco de que uno merece tenerla.
El Gobierno ahora puso sobre la mesa $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES para financiar nuevas líneas. La expectativa es que las licitaciones de esos fondos permitan mejorar las condiciones y bajar las tasas, aunque por ahora el mercado sigue mostrando una caída fuerte en la cantidad de operaciones.
Y si pensabas que comparar la tasa alcanzaba, todavía quedan el plazo, el porcentaje financiado, la relación cuota-ingreso, el costo financiero total, el seguro de incendio, la escrituración y las condiciones para cancelar antes. Comprar una casa sigue siendo una decisión patrimonial; conseguir el crédito, en cambio, parece venir con un posgrado.