Estados Unidos afirmó este miércoles que desarticuló una operación de hackers chinos vinculada con intrusiones en organismos estratégicos, entre ellos el Departamento de Justicia, la NASA, la Reserva Federal y el Senado estadounidense.
Según informó el Departamento de Justicia, las autoridades incautaron dominios utilizados por dos plataformas de piratería informática denominadas “QScan” y “QTRouter”, que habrían sido empleadas como parte de la campaña.
Qué organismos habrían sido atacados
Una declaración jurada incorporada al caso identificó entre las víctimas al Departamento de Energía de Estados Unidos, el Departamento de Salud y Servicios Humanos y los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
También fueron mencionadas cuatro empresas no identificadas de Estados Unidos y Corea del Sur.
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, la infraestructura tecnológica incautada habría permitido desarrollar y ocultar distintas intrusiones contra organismos gubernamentales e instituciones consideradas sensibles.
La advertencia del Departamento de Justicia
El fiscal general Todd Blanche destacó la respuesta de las autoridades federales frente a este tipo de operaciones.
“Los piratas informáticos maliciosos patrocinados por el Estado que atacan la infraestructura crítica de América serán detenidos y procesados”, afirmó en el comunicado oficial del Departamento de Justicia.
Por su parte, el director del FBI, Kash Patel, vinculó directamente las herramientas investigadas con actores cibernéticos chinos.
“estas herramientas fueron utilizadas por actores cibernéticos de la República Popular China para ocultar el origen de sus ataques”, señaló.
La investigación continúa centrada en determinar el alcance de las intrusiones y la utilización de las plataformas identificadas, en un contexto de creciente preocupación internacional por los ataques informáticos contra organismos públicos e infraestructura estratégica.
Estados Unidos informó este miércoles que desarticuló una operación atribuida a hackers chinos que habría afectado organismos como el Departamento de Justicia, la NASA, la Reserva Federal y el Senado. El Departamento de Justicia incautó dominios vinculados con dos plataformas utilizadas en la campaña, mientras el FBI sostuvo que servían para ocultar el origen de los ataques.
Estados Unidos anunció que logró desarmar una operación informática atribuida a hackers chinos que, según la investigación, había conseguido meter la nariz digital en lugares donde definitivamente no se espera encontrar visitantes sin credencial: el Departamento de Justicia, la NASA, la Reserva Federal y hasta el Senado. Una recorrida institucional bastante ambiciosa para alguien cuya principal herramienta de ingreso aparentemente no era una invitación oficial, sino una infraestructura diseñada para esconder de dónde venían los ataques.
El Departamento de Justicia informó que incautó dominios asociados a dos plataformas denominadas “QScan” y “QTRouter”, utilizadas presuntamente para ejecutar y encubrir la campaña. El menú de objetivos incluyó también al Departamento de Energía, Salud y Servicios Humanos y los Institutos Nacionales de Salud. Si existía un programa de millas para ataques cibernéticos contra agencias federales, aparentemente alguien estaba acumulando puntos con entusiasmo.
La respuesta oficial fue bastante menos irónica. “Los piratas informáticos maliciosos patrocinados por el Estado que atacan la infraestructura crítica de América serán detenidos y procesados”, afirmó el fiscal general Todd Blanche. Desde el FBI, Kash Patel agregó que “estas herramientas fueron utilizadas por actores cibernéticos de la República Popular China para ocultar el origen de sus ataques”. El problema del anonimato digital, una vez más, terminó chocando con esa incómoda costumbre de las agencias de seguridad de seguir cables, servidores y dominios hasta encontrar quién estaba detrás.
Además de organismos estadounidenses, la declaración jurada mencionó cuatro empresas no identificadas de Estados Unidos y Corea del Sur entre las víctimas. La investigación muestra hasta qué punto la disputa entre potencias también se juega frente a pantallas: sin uniformes, sin fronteras visibles y con servidores que pueden causar dolores de cabeza diplomáticos desde miles de kilómetros de distancia.