La tercera intervención de Javier Milei ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, realizada este miércoles 23 de septiembre en Nueva York, dejó una diferencia marcada respecto de su debut de 2024: el Presidente volvió a confrontar con la ONU, pero esta vez colocó en el centro de su mensaje el reclamo por las Islas Malvinas, la explotación petrolera en el Atlántico Sur y las posibles consecuencias para las compañías vinculadas con esas actividades.
En 2024, una parte de la repercusión posterior a su primera intervención estuvo asociada a las similitudes casi textuales entre un fragmento de su discurso y un parlamento del presidente ficticio Josiah Bartlet, interpretado por Martin Sheen en «The West Wing». La comparación fue difundida días después por distintos medios argentinos e internacionales.
En 2026, en cambio, el impacto internacional se concentró principalmente en la escalada discursiva sobre Malvinas y la explotación de hidrocarburos. Milei calificó a Naciones Unidas como una organización que “se convirtió en una organización inútil que sólo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados” y cuestionó su capacidad para hacer cumplir sus propias resoluciones.
Malvinas, petróleo y Vaca Muerta
Uno de los principales ejes del discurso fue el proyecto petrolero Sea Lion, desarrollado en aguas próximas a las Islas Malvinas mediante licencias otorgadas por las autoridades británicas. Argentina rechaza esas autorizaciones y sostiene que las actividades requieren su consentimiento debido a la disputa de soberanía existente.
El Gobierno argentino ya había iniciado durante septiembre procedimientos sancionatorios contra personas y empresas vinculadas con actividades hidrocarburíferas en el área. La administración de Milei también anunció acciones judiciales y un endurecimiento del régimen de sanciones asociado a la explotación de recursos naturales sin autorización argentina.
Ante la Asamblea General, Milei vinculó esa política directamente con las oportunidades energéticas existentes en territorio continental. “Vaca Muerta es una oportunidad histórica, con potencial para ser una de las grandes protagonistas energéticas de las próximas décadas. Vengan. Inviertan. Desarróllenla con nosotros. Pero esta invitación tiene un límite: no seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal”.
El planteo no constituyó simplemente un nuevo reclamo diplomático. Durante las semanas previas, el Gobierno había anticipado que las compañías involucradas en explotaciones que Argentina considera ilegales podrían enfrentar restricciones para operar dentro del país. El proyecto Sea Lion involucra principalmente a la compañía israelí Navitas Petroleum y a la británica Rockhopper Exploration, que cotiza en Londres.
La repercusión en el Reino Unido
El discurso tuvo repercusión inmediata en medios británicos. The Guardian presentó la intervención como una escalada de la retórica argentina sobre las islas, mientras Sky News siguió en vivo las referencias a Malvinas, al proyecto petrolero y al rechazo de Milei a la aplicación del principio de autodeterminación en el caso de los habitantes del archipiélago.
El Gobierno británico sostiene que los habitantes de las islas tienen derecho a determinar su estatus político y mantiene su posición sobre la soberanía. El primer ministro Andy Burnham había reiterado además, durante su encuentro con Donald Trump en Nueva York, que Londres defenderá el derecho de los isleños a continuar bajo administración británica. Argentina, por su parte, rechaza que el principio de autodeterminación resulte aplicable en este caso y reclama negociaciones bilaterales de soberanía.
Milei volvió a pedir formalmente que Londres retome las conversaciones: “Al Reino Unido le reiteramos nuestro llamado a reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía, como lo requiere el derecho internacional, y también nuestra invitación a proceder sin demora a intercambiar opiniones con miras a resolver la cuestión relativa a la controversia referida sobre explotación de nuestros recursos naturales”.
De la controversia televisiva a una discusión económica
La comparación entre las presentaciones de 2024 y 2026 muestra una diferencia principalmente en sus consecuencias inmediatas. Hace dos años, además de sus críticas a la Agenda 2030 y al multilateralismo, la repercusión mediática posterior quedó atravesada por el descubrimiento de un fragmento prácticamente idéntico a un diálogo de «The West Wing».
En 2026, aunque Milei mantuvo su discurso crítico contra la estructura de Naciones Unidas y volvió a cuestionar regulaciones sobre inteligencia artificial, el foco internacional estuvo puesto en Malvinas, Sea Lion y las advertencias económicas vinculadas con las empresas que operan en el área disputada.
En materia tecnológica, el mandatario planteó que Argentina buscará convertirse en un destino competitivo para el desarrollo de inteligencia artificial, con menor regulación preventiva, beneficios fiscales y un marco jurídico favorable a las empresas del sector. La posición mantiene la línea que el Gobierno ya había defendido durante 2026 frente a advertencias sobre posibles riesgos de la IA.
La intervención dejó así dos dimensiones diferenciadas. Por un lado, continuó la confrontación ideológica de Milei con el multilateralismo y con la regulación internacional. Por otro, el reclamo por Malvinas quedó asociado a acciones administrativas, judiciales y económicas concretas contra compañías vinculadas con la explotación petrolera, mientras el Gobierno intenta simultáneamente atraer inversiones internacionales hacia Vaca Muerta.
Ese cruce entre política exterior, soberanía y energía convirtió al discurso de 2026 en un episodio con consecuencias potenciales más allá de la retórica. La dimensión y duración de esas tensiones dependerán de las decisiones que adopten Argentina, el Reino Unido y las compañías alcanzadas por las medidas, en una disputa de soberanía que Naciones Unidas continúa considerando pendiente de una solución negociada entre ambos países.
El discurso de Javier Milei ante la 81.ª Asamblea General de la ONU profundizó su confrontación con el organismo y colocó a Malvinas, la explotación petrolera y Vaca Muerta en el centro de su mensaje. Dos años después de la controversia por las similitudes de su intervención de 2024 con «The West Wing», el Presidente vinculó su reclamo soberano con medidas económicas concretas contra empresas involucradas en el Atlántico Sur.
En 2024, Javier Milei consiguió que un discurso ante Naciones Unidas terminara compartiendo conversación con «The West Wing». Dos años después, el guion cambió de género: menos serie política estadounidense y más conflicto diplomático por petróleo, sanciones y Malvinas. Si aquella intervención produjo comparaciones cuadro por cuadro con el presidente ficticio Josiah Bartlet, la de 2026 terminó obligando a Londres, medios británicos y compañías energéticas a prestar atención a algo bastante menos ficticio: qué consecuencias puede tener operar en el Atlántico Sur sin autorización argentina.
Milei tampoco abandonó completamente las referencias cinematográficas y culturales en su discusión sobre inteligencia artificial, terreno donde su Gobierno viene rechazando los escenarios apocalípticos asociados a «Terminator». Pero esta vez el argumento principal de Nueva York tuvo barriles de petróleo, licencias, resoluciones internacionales y Vaca Muerta. Una evolución narrativa considerable: de Aaron Sorkin a la geopolítica energética sin pasar por una temporada intermedia.
La combinación fue particularmente argentina: invitar a capitales internacionales a invertir en una de las mayores formaciones de hidrocarburos no convencionales del mundo y, casi en el mismo movimiento, advertir que existen límites para quienes participen de explotaciones que Buenos Aires considera ilegales en las Islas Malvinas. Diplomacia con puerta abierta, pero con derecho de admisión.
El resultado fue una cobertura internacional concentrada en la disputa con el Reino Unido y no en una curiosidad televisiva. «The West Wing» quedó como antecedente; Sea Lion y Vaca Muerta pasaron al centro de la escena. En apenas dos años, la discusión alrededor de los discursos de Milei en la ONU pasó de preguntar quién había escrito una frase a analizar qué empresas podrían quedar alcanzadas por una política de sanciones.