El inicio de esta semana estuvo marcado por una intensa actividad sísmica en distintos puntos de América Latina. México registró varios movimientos de magnitud igual o superior a 4.0 sobre la costa del Pacífico, mientras en Chile especialistas mantienen bajo observación un enjambre que superó los 370 eventos en el sector cordillerano del Cajón del Maipo.

Los episodios vuelven a poner en primer plano la dinámica tectónica de una región expuesta a diferentes sistemas de fallas y procesos de subducción, además de la importancia del monitoreo científico, la infraestructura resistente y la preparación de la población.

En ese contexto, también permanece como antecedente reciente el fuerte terremoto de magnitud 7.4 registrado en Colombia, que provocó la muerte de dos ciudadanos mexicanos, fallecimientos posteriormente confirmados por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

México: sismos en Oaxaca, Guerrero y Chiapas

Durante las primeras horas de este lunes 7 de septiembre, el Servicio Sismológico Nacional registró una serie de movimientos telúricos, con actividad principalmente en los estados de Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

Entre los eventos de magnitud 4.0 o superior se registró, a las 00:41, un sismo de magnitud 4.1 localizado a 39 kilómetros al noreste de Unión Hidalgo, Oaxaca, con una profundidad de 106 kilómetros.

Poco después, a las 00:58, otro movimiento de magnitud 4.1 se produjo a 8 kilómetros al este de Acapulco, Guerrero, con una profundidad de 23 kilómetros. La cercanía con la zona urbana costera generó especial atención.

Más tarde, a las 04:15, se registró un sismo de magnitud 4.0 a 141 kilómetros al suroeste de Huixtla, Chiapas, con una profundidad de 10 kilómetros.

La elevada actividad sísmica mexicana está vinculada con su ubicación dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico y con la interacción entre distintas placas tectónicas. En buena parte de la costa, los movimientos están relacionados con procesos de subducción, entre ellos el ingreso de la Placa de Cocos por debajo de la Placa Norteamericana.

En paralelo, México también fue alcanzado recientemente por las consecuencias humanas de otro terremoto ocurrido en la región. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó la muerte de dos ciudadanos mexicanos en Colombia tras un sismo de magnitud 7.4 registrado en ese país.

Chile: más de 370 sismos en el Cajón del Maipo

En Chile, la atención se concentra sobre el Cajón del Maipo, en la Región Metropolitana, donde se desarrolla un enjambre sísmico que comenzó a las 09:44 del sábado 5 de septiembre.

Los registros contabilizaron más de 370 movimientos concentrados entre el Monumento Natural Glaciar Colgante El Morado y la localidad de Los Chacayes.

La mayoría corresponde a microsismos de magnitud inferior a 2.0, aunque al menos tres movimientos alcanzaron o superaron la magnitud 3.0. Debido a la escasa profundidad de algunos eventos, ciertos temblores pudieron ser percibidos levemente en sectores cercanos.

Los análisis vinculan preliminarmente esta actividad con procesos de deformación y reajuste de la corteza terrestre en una zona donde existen fallas corticales activas.

Entre las estructuras geológicas del sector se encuentra la Falla Las Melosas, asociada al terremoto ocurrido en esa zona en 1958. El geólogo Christian Salazar explicó que pertenece al sistema de faja plegada y corrida de la Cordillera de los Andes y que presenta características diferentes a los grandes terremotos generados por subducción.

Los especialistas señalaron que la elevada cantidad de movimientos no implica por sí misma la ocurrencia inminente de un terremoto de mayor magnitud, aunque la actividad continúa bajo monitoreo.

El desafío de convivir con territorios sísmicos

La sucesión de movimientos vuelve a poner el foco sobre la importancia de los sistemas de monitoreo, pero también sobre las medidas que permiten reducir las consecuencias de los grandes terremotos.

La prevención ciudadana, los códigos de construcción adecuados y la educación frente al riesgo sísmico forman parte de las herramientas fundamentales para mejorar la capacidad de respuesta de las comunidades ubicadas en zonas tectónicamente activas.

La información científica permite comprender qué ocurre debajo de la superficie y evitar interpretaciones alarmistas, pero la preparación previa sigue siendo determinante cuando un fenómeno sísmico alcanza una magnitud capaz de afectar viviendas, infraestructura y vidas humanas.