Wall Street sigue con atención una creciente disputa entre el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y los denominados “bond vigilantes”, inversores que castigan la deuda pública cuando consideran que la política fiscal se aleja de una trayectoria sostenible.

La tensión aumentó después de que el Departamento del Tesoro anunciara una ampliación inesperada de las recompras de bonos de largo plazo, una medida destinada oficialmente a mejorar la liquidez del mercado pero que también fue interpretada como un intento de frenar el aumento de los rendimientos.

El principal interrogante para los analistas es si estas intervenciones pueden contener las tasas cuando los fundamentos macroeconómicos permanecen prácticamente sin cambios: inflación elevada, déficits fiscales crecientes y una fuerte demanda de capital vinculada con inversiones en inteligencia artificial.

Bessent duplica la apuesta con las recompras

El Departamento del Tesoro anunció que duplicará, como mínimo, el tamaño máximo de las operaciones de recompra de bonos federales con vencimientos de entre 10 y 30 años.

El límite actual de US$2.000 millones por operación aumentará a por lo menos US$4.000 millones.

La modificación comenzará a regir el 9 de septiembre y permanecerá vigente durante el resto del trimestre de refinanciamiento, hasta el 4 de noviembre.

El Tesoro justificó la decisión al señalar que el incremento “refleja su deseo de brindar mayor apoyo a la liquidez”.

Sin embargo, para Philip Marey, estratega de Rabobank para Estados Unidos, el momento elegido para el anuncio sugiere también una intención de contener el rápido ascenso de los rendimientos de los bonos de largo plazo.

La reacción inicial del mercado fue favorable, pero duró poco. Los rendimientos de los bonos a 10 y 30 años volvieron a subir, y el de 10 años incluso terminó superando el nivel registrado antes del anuncio.

Bessent posteriormente dejó abierta la posibilidad de incrementar todavía más las recompras.

Por qué suben los rendimientos

Los analistas consideran que la principal dificultad para el Tesoro es que las recompras no modifican las variables que vienen presionando a las tasas de interés de largo plazo.

Entre esos factores aparece la persistencia de riesgos inflacionarios, especialmente en un escenario atravesado por interrupciones en el suministro de petróleo.

También pesa el incremento del gasto en defensa estadounidense, que agrega presión sobre el déficit presupuestario federal.

A esto se suma una competencia creciente por el financiamiento entre el sector público y las empresas privadas que están destinando enormes cantidades de capital a infraestructura relacionada con inteligencia artificial.

El Congreso y la Casa Blanca tienen herramientas para intervenir sobre algunas de estas variables. El Tesoro, en cambio, optó por actuar directamente sobre el funcionamiento del mercado de bonos.

El riesgo es que una política de emisión y recompra menos predecible termine generando mayor volatilidad y una prima de riesgo más elevada, exactamente lo contrario de lo que se busca conseguir.

La estrategia tiene un límite financiero

Otro problema señalado por los especialistas es que las recompras tienen un costo.

En el corto plazo, el Tesoro puede financiar estas operaciones reemplazando parte de la deuda de largo plazo por obligaciones de vencimiento más corto.

Sin embargo, la deuda federal se encuentra condicionada por el techo de endeudamiento, lo que limita el margen disponible para sostener indefinidamente la estrategia.

Se espera que ese límite vuelva a convertirse en un problema relevante en 2027.

Para entonces, además, la composición política del Congreso podría dificultar una nueva ampliación del techo de deuda y obligar a una negociación fiscal más compleja.

En ese escenario, las posibilidades del Tesoro para continuar interviniendo podrían reducirse considerablemente.

La Fed podría terminar entrando en escena

Si los rendimientos de los bonos vuelven a subir con fuerza y el Tesoro pierde margen de acción, la Reserva Federal podría verse obligada a intervenir.

La Fed cuenta con una capacidad de compra mucho mayor que el Tesoro y no enfrenta el mismo límite operativo a la hora de adquirir bonos.

Eso le otorgaría mayor credibilidad frente a los inversores, pero también generaría una contradicción importante con los planes de reducción de su balance.

En lugar de disminuir su presencia en el mercado, el banco central podría verse forzado a ampliarla nuevamente para estabilizar las tasas de largo plazo.

Para Marey, el aumento de las recompras del Tesoro reduce temporalmente la presión sobre la Fed, pero no elimina la posibilidad de una intervención posterior.

La advertencia de Stanley Druckenmiller

La discusión también sumó la voz del influyente inversor estadounidense Stanley Druckenmiller, mentor de Bessent y una de las figuras más respetadas de Wall Street.

Druckenmiller cuestionó la idea de utilizar recompras para contener artificialmente los rendimientos y sostuvo: “He pasado cinco décadas operando bajo un principio simple: los mercados agregan información que ningún comité posee y los precios son la forma en que esa información llega a los tomadores de decisiones. El rendimiento a largo plazo del Tesoro es el precio más importante del mundo. También es el único disciplinador fiscal que le queda a EEUU”.

También afirmó: “Cada punto básico de supresión artificial del rendimiento es un subsidio a la procrastinación”.

Y agregó: “Devuelvan las recompras a su propósito declarado: operaciones pequeñas, programadas, de liquidez fuera de lo común, anunciadas en las refinanciaciones trimestrales, nunca respuestas fuera de ciclo a los niveles de rendimiento. Extiendan el plazo de la deuda con honestidad y paguen el precio que establece el mercado”.

Finalmente, planteó: “Si el rendimiento a 30 años debe cotizar al 5,5% para equilibrarse, eso no es una crisis. Es una factura. Entonces, hagan lo único que reduce de manera duradera los rendimientos a largo plazo: aborden el déficit primario”.

La advertencia resume la discusión que atraviesa actualmente al mercado: si los rendimientos están reflejando problemas fiscales y económicos estructurales, intervenir sobre el precio de los bonos puede brindar alivio temporal, pero difícilmente reemplace una corrección de esos fundamentos.

En los próximos meses, Wall Street seguirá de cerca la pulseada entre Bessent y los “bond vigilantes”. Si la presión sobre los rendimientos continúa y el margen del Tesoro comienza a agotarse, la discusión podría trasladarse rápidamente hacia la Reserva Federal.