Luego de trabajar durante más de 11 años en una compañía dedicada al desarrollo de software, un empleado fue despedido por insultar a su jefe durante una videollamada laboral. El episodio derivó en una disputa judicial que finalmente favoreció al trabajador, quien recibió una indemnización de $12 millones.
El conflicto comenzó en junio de 2020, durante la pandemia de coronavirus, cuando gran parte de las actividades laborales se desarrollaban de manera remota. En ese contexto, el empleado participaba de una reunión virtual de equipo cuando mantuvo una discusión con su superior por una tarea vinculada con su trabajo.
La discusión que terminó en un despido
De acuerdo con el expediente, el problema comenzó después de que el jefe le solicitara al trabajador que completara una tarea antes del viernes. Durante el intercambio, el empleado se enojó y respondió con distintas expresiones ofensivas dirigidas hacia su superior.
Tras lo ocurrido en la videollamada, la compañía consideró que la conducta justificaba finalizar la relación laboral y decidió despedir al trabajador con causa mediante una carta documento.
El empleado cuestionó la decisión y llevó el conflicto ante la Justicia. En una primera instancia, su planteo fue desestimado, pero posteriormente apeló la resolución.
De esta manera, el expediente llegó hasta la Sala Laboral de la Cámara de Apelaciones de Concepción del Uruguay, que volvió a analizar las circunstancias en las que se había producido el despido.
Por qué la Justicia consideró injustificado el despido
Durante la revisión del caso, los jueces determinaron que los insultos efectivamente habían existido. Las expresiones utilizadas por el trabajador durante aquella reunión virtual quedaron acreditadas mediante una pericia informática.
Sin embargo, el tribunal entendió que la existencia de los insultos no era suficiente, por sí sola, para considerar justificado el despido dispuesto por la empresa.
Para evaluar la gravedad de lo ocurrido, los magistrados tuvieron especialmente en cuenta los antecedentes laborales del empleado. Al momento del conflicto, llevaba 11 años y 8 meses trabajando en la compañía y no registraba sanciones disciplinarias ni antecedentes negativos.
Con esos elementos, la Cámara consideró que la conducta acreditada no alcanzaba el nivel de gravedad necesario para justificar la decisión adoptada por la compañía. El conflicto judicial terminó así favoreciendo al trabajador, que recibió una indemnización de $12 millones tras cuestionar su despido.
Un trabajador de una empresa de desarrollo de software fue despedido luego de insultar a su jefe durante una videollamada laboral realizada en junio de 2020. Tras recurrir a la Justicia, la Cámara de Apelaciones de Concepción del Uruguay consideró injustificada la desvinculación y el empleado, que acumulaba más de 11 años sin sanciones disciplinarias, recibió una indemnización de $12 millones.
Insultó a su jefe por videollamada, lo despidieron y terminó indemnizado con $12 millones. Una discusión laboral de la pandemia necesitó varios años, una pericia informática y una Cámara de Apelaciones para establecer que el exabrupto existió, pero no alcanzaba para justificar semejante desenlace.
Todo empezó con una tarea que debía estar terminada antes del viernes. El pedido cayó mal, la conversación subió de temperatura y aquella videollamada terminó bastante lejos del tutorial corporativo sobre cómo mantener un ambiente de trabajo saludable.
La empresa eligió el camino más contundente: despido con causa mediante carta documento. El trabajador, después de 11 años y 8 meses en la compañía, respondió llevando la discusión desde la pantalla de la computadora hasta los tribunales.
El primer resultado judicial no lo favoreció, pero apeló. Entonces apareció la Sala Laboral de la Cámara de Apelaciones de Concepción del Uruguay, que volvió a mirar el episodio con una lupa menos interesada en quién había dicho qué y más concentrada en determinar si aquello justificaba terminar una relación laboral de más de una década.
Los insultos estaban acreditados mediante una pericia informática. Sin embargo, los jueces ponderaron que el trabajador no registraba sanciones disciplinarias ni antecedentes negativos durante sus 11 años y 8 meses de antigüedad y entendieron que aquella conducta no tenía gravedad suficiente para sostener el despido.
El conflicto terminó con una indemnización de $12 millones para el empleado. La videollamada pudo haber terminado; el botón de “salir de la reunión”, evidentemente, no cerró el asunto.