Una comunidad tecnológica nacida en Estados Unidos eligió Uruguay para intentar convertir una organización digital en una ciudad física y, a largo plazo, avanzar hacia una ambición todavía mayor: construir lo que sus propios impulsores describen como una “nación”. Praxis anunció que desarrollará su primera sede territorial dentro de +Colonia, el proyecto urbanístico ubicado junto a Colonia del Sacramento, con una inversión proyectada de US$1.000 millones durante los próximos tres años.
La organización, cofundada por Dryden Brown, se presenta como una comunidad internacional vinculada con emprendedores, inversores, científicos, artistas y referentes tecnológicos. Según las cifras difundidas alrededor del acuerdo, cuenta con más de 150.000 miembros en diferentes países.
Sin embargo, el anuncio combina dos planos que requieren ser diferenciados. Uno es concreto: un proyecto inmobiliario y tecnológico dentro del territorio uruguayo. El otro es una aspiración política de largo plazo promovida por Praxis: evolucionar desde una comunidad organizada por internet hacia una entidad con mayores grados de autonomía.
US$1.000 millones y una primera ciudad en Uruguay
Praxis anunció el 22 de septiembre que eligió +Colonia después de aproximadamente dos años de búsqueda internacional. La organización había analizado diferentes ubicaciones antes de decidirse por Uruguay, país que destacó por factores como su estabilidad institucional, sus condiciones económicas y su ubicación.
El acuerdo prevé que Praxis ocupe en una primera etapa aproximadamente 350.000 metros cuadrados de edificabilidad, equivalentes a más del 20% de la urbanización planificada de +Colonia. Allí pretende desarrollar residencias y espacios compartidos para integrantes de su comunidad.
De los más de 150.000 miembros que la organización afirma reunir internacionalmente, alrededor de 2.700 manifestaron formalmente interés y compromiso de mudarse e invertir en la sede uruguaya, según explicó Eduardo Bastitta, impulsor de +Colonia.
La organización prevé que los primeros residentes puedan instalarse a mediados de 2027, inicialmente utilizando edificios existentes mientras avanza la construcción del nuevo sector.
La cifra de US$1.000 millones, sin embargo, corresponde a una inversión proyectada durante tres años y no a capital ya ejecutado. Tampoco estaba concretada al momento del anuncio la adquisición completa de las tierras: Bastitta explicó que todavía debían realizarse procesos de fraccionamiento y estimó que la primera compra podría materializarse durante el primer semestre de 2027.
De una comunidad tecnológica a una “nación digital”
La particularidad de Praxis aparece cuando el proyecto deja el terreno estrictamente inmobiliario. La propia organización se presenta como una “nación digital” y declara abiertamente que pretende utilizar inteligencia artificial para desarrollar nuevas formas de coordinación colectiva y organización social.
En su presentación institucional, Praxis sostiene que busca reunir personas mediante una cultura compartida, utilizar herramientas tecnológicas para coordinar esa comunidad y trasladar posteriormente esa organización al mundo físico mediante la construcción de ciudades.
Brown vincula el proyecto con su visión sobre el impacto que tendrá la inteligencia artificial general sobre la economía y el empleo. El empresario sostiene que esa transformación obligará a pensar nuevas estructuras sociales y considera que Praxis puede funcionar como una plataforma para experimentar con ellas.
La organización también menciona entre sus objetivos de largo plazo la creación de una entidad política autónoma. Esa definición, sin embargo, describe una aspiración del proyecto y no la situación jurídica de la instalación anunciada en Uruguay.
Praxis no posee actualmente soberanía sobre territorio uruguayo ni el anuncio implica la creación de un Estado independiente dentro del país. Su primera fase será desarrollada dentro de +Colonia y deberá desenvolverse bajo el ordenamiento jurídico uruguayo. La eventual autonomía política pertenece a los objetivos futuros expresados por la organización y requeriría condiciones jurídicas y políticas que no forman parte del acuerdo inmobiliario anunciado.
La discusión detrás de la inteligencia artificial
El desembarco de Praxis abre así un debate que supera ampliamente la innovación tecnológica. La organización no propone únicamente desarrollar viviendas para empresarios y especialistas en inteligencia artificial, sino experimentar con modelos propios de comunidad, economía y coordinación social.
La magnitud del capital proyectado también introduce interrogantes sobre la relación entre poder económico, territorio y capacidad de establecer reglas. Una comunidad privada puede organizar múltiples aspectos de la convivencia de sus integrantes, pero la aspiración de convertirse en una entidad política autónoma plantea preguntas diferentes sobre representación, derechos, controles institucionales y soberanía.
Esas preguntas todavía pertenecen principalmente al terreno de las aspiraciones de Praxis. El acuerdo conocido hasta ahora tiene como núcleo una urbanización dentro de territorio uruguayo, mientras que la eventual construcción de una estructura política independiente no constituye una realidad jurídica vigente.
El proyecto tampoco comienza desde cero. +Colonia ya se encuentra en desarrollo junto a Colonia del Sacramento y busca posicionarse como un polo regional capaz de atraer empresas, inversiones y profesionales vinculados con tecnología e innovación. La llegada de Praxis ampliaría significativamente esa escala.
La diferencia fundamental estará entre construir una ciudad y construir un Estado. Lo primero tiene un acuerdo anunciado, una localización concreta, una inversión proyectada y un cronograma inicial. Lo segundo continúa siendo una ambición declarada por los impulsores de Praxis.
Mientras avance el desarrollo, las definiciones sobre gobernanza tendrán especial relevancia: qué decisiones quedarán en manos de la comunidad privada, cuáles continuarán bajo autoridades uruguayas y qué papel pretenden asignarle sus fundadores a la inteligencia artificial en la coordinación de sus residentes.
Por ahora, Praxis encontró territorio para comenzar su primera comunidad física, pero no obtuvo soberanía. Los US$1.000 millones anunciados pueden levantar viviendas, infraestructura y un distrito tecnológico frente al Río de la Plata. La posibilidad de convertir ese espacio en una “nación autónoma”, en cambio, pertenece a una discusión mucho más profunda: una en la que el capital y la inteligencia artificial pueden proponer nuevas reglas, pero donde la cuestión central seguirá siendo quién tiene legitimidad para escribirlas.
Praxis, una comunidad tecnológica estadounidense que se define como una “nación digital”, eligió +Colonia, en Uruguay, para desarrollar su primera sede física. El proyecto prevé movilizar US$1.000 millones durante tres años y recibir residentes desde 2027. Aunque sus impulsores aspiran a construir una entidad política autónoma apoyada en inteligencia artificial, esa autonomía no existe actualmente y el desarrollo deberá operar bajo las leyes uruguayas.
US$1.000 millones, 2.700 potenciales residentes y una organización que dice estar usando inteligencia artificial para crear su propio país. Praxis eligió Uruguay para comenzar a transformar su “nación digital” en territorio físico, porque aparentemente comprar un departamento frente al Río de la Plata ya no alcanza: ahora el paquete premium incluye la posibilidad de imaginar una Constitución.
El escenario será +Colonia, el desarrollo inmobiliario ubicado junto a Colonia del Sacramento y frente a Buenos Aires. Allí Praxis pretende construir viviendas, espacios comunes, infraestructura y servicios para parte de una comunidad global que asegura superar los 150.000 miembros. Los primeros residentes podrían instalarse a mediados de 2027.
La cifra que encabeza el anuncio también necesita letra chica: los US$1.000 millones son una inversión proyectada para los próximos tres años, no mil millones ya depositados sobre una mesa en Colonia. Incluso la compra de las tierras previstas para la primera etapa todavía no estaba concretada al momento del anuncio porque restaban procesos de fraccionamiento.
Hasta ahí podría tratarse de otro megaproyecto inmobiliario con abundancia de vidrio, renders y gente mirando el horizonte con una notebook. Pero Praxis tiene una ambición adicional: se presenta como una “nación digital” y sostiene que utiliza IA para impulsar formas propias de organización colectiva y, eventualmente, construir una entidad política autónoma.
Eso no significa que Uruguay haya entregado un pedazo del mapa con moño y escribano. Praxis no constituye actualmente un Estado soberano dentro del territorio uruguayo, y la instalación anunciada es un desarrollo físico dentro de +Colonia sujeto al marco jurídico del país. La independencia, por ahora, pertenece al proyecto político de sus impulsores, no al catastro de la República Oriental.
Dryden Brown, cofundador de Praxis, plantea una sociedad preparada para un escenario donde la inteligencia artificial transforme radicalmente el empleo y la economía. La organización incluso habla de utilizar IA para facilitar la acción colectiva. Es Silicon Valley descubriendo la asamblea de consorcio, pero con servidores y ambiciones territoriales.
El asunto, entonces, excede ampliamente la pregunta sobre cuántas casas pueden construirse con US$1.000 millones. Si una comunidad financiada por grandes capitales aspira algún día a obtener autonomía política, la discusión inevitable será quién escribe las reglas, quién puede modificarlas, quién controla a quienes gobiernan y qué autoridad conserva el Estado democrático que contiene ese territorio.
Por ahora, Uruguay recibió un proyecto inmobiliario y tecnológico de enorme escala, no una nueva bandera en Naciones Unidas. Pero Praxis ya dejó escrita la ambición: primero una comunidad digital, después una ciudad física y, en algún momento, una entidad autónoma.
La inteligencia artificial todavía no fundó un país. Los inversores ya están buscando dónde ponerle la dirección.