Por momentos, el temporal ha registrado pequeñas «ventanas» que interrumpieron las nevadas y permitieron avanzar con tareas de limpieza y despeje en caminos de la Alta Montaña mendocina. Sin embargo, en varias localidades de la zona, los estudiantes ya acumulan tres días sin clases debido a las condiciones meteorológicas y al bloqueo de los accesos.
«Es la nevada más intensa desde 2006, seguro», resume Juan Mario «Lito» Calabrese (72), dueño de un restaurante en Las Cuevas y quien vive hace 24 años en este pequeño pueblo ubicado en la Alta Montaña de Mendoza.
Las Cuevas es la última localidad del lado argentino de la Cordillera de los Andes antes del cruce hacia Chile por Mendoza. También es una de las villas cordilleranas más afectadas por el intenso temporal de nieve que se registra desde el 15 de julio.
Más de tres metros de nieve y tránsito interrumpido
En Punta de Vacas, Penitentes, Puente del Inca, Polvaredas y Las Cuevas, todas ubicadas sobre el corredor internacional, la acumulación de nieve supera los tres metros en algunos sectores.
Con el tránsito vehicular interrumpido, los habitantes de estas localidades se organizan para evitar quedar aislados. Quienes cuentan con esquís de travesía o raquetas para desplazarse sobre la nieve los comparten con otros vecinos.
De esa manera, pueden salir de sus viviendas, muchas de las cuales tienen la nieve «taponeando» puertas y ventanas. Además, se realizan tareas comunitarias para «palear» y mantener accesibles las entradas y salidas de las casas.
Los trabajos también incluyen la limpieza de la nieve acumulada sobre los techos, con el objetivo de reducir el riesgo de derrumbes provocados por el sobrepeso.
«Ha sido un año con poco turismo. Uno esperaba recuperarse durante las vacaciones de invierno y nos toca esto. Pero siempre hay que priorizar la seguridad de las personas», describe Calabrese.
En Las Cuevas, la nieve acumulada sobre el suelo supera los tres metros de altura.
«La montaña manda, y tenés que estar preparado para estos imprevistos», agrega con la sabiduría de la experiencia.
Asistencia y rescates en la cordillera
Durante estos días, una de las constantes en la Alta Montaña mendocina y en otras zonas cordilleranas, como el Valle de Uco y Malargüe, ha sido la intervención de Gendarmería y Vialidad Nacional para asistir a los pobladores afectados.
Los operativos se concentran en el despeje de caminos, la asistencia a personas aisladas y el mantenimiento de accesos esenciales, mientras las condiciones meteorológicas continúan limitando la circulación y condicionando el ritmo de las tareas.
Un intenso temporal de nieve afecta desde el 15 de julio a varias localidades de la Alta Montaña mendocina, donde la acumulación supera los tres metros en algunos sectores. El tránsito permanece interrumpido, las clases llevan tres días suspendidas y vecinos, Gendarmería y Vialidad Nacional trabajan para despejar accesos, asistir a pobladores y evitar daños en viviendas.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La Cordillera decidió recordarles a todos quién administra realmente la agenda en Mendoza y, desde el 15 de julio, desplegó una nevada con vocación de interventora federal. No hubo decreto, conferencia ni cadena nacional: alcanzaron tres metros de nieve, caminos bloqueados y escuelas cerradas para que quedara claro que, en la Alta Montaña, el calendario escolar y el tránsito internacional funcionan bajo supervisión directa del clima.
En Las Cuevas, Punta de Vacas, Penitentes, Puente del Inca y Polvaredas, salir de casa dejó de ser una actividad cotidiana para convertirse en una prueba clasificatoria de los Juegos Olímpicos de Invierno. Las puertas y ventanas quedaron tapadas, los techos acumularon peso y las palas pasaron a cotizar como activos estratégicos. Quien tiene raquetas o esquís de travesía los comparte; quien no, desarrolla una relación espiritual con el living hasta nuevo aviso.
Los vecinos trabajan en equipo para despejar accesos y evitar derrumbes, mientras el turismo, que esperaba una recuperación durante las vacaciones de invierno, contempla cómo la temporada alta fue reemplazada por una pared blanca de dimensiones administrativas. El paisaje es imponente, sí, pero también tiene la delicadeza comercial de una persiana metálica bajada frente al restaurante.
En medio de la emergencia, Gendarmería y Vialidad Nacional asisten a pobladores y avanzan cuando las pequeñas «ventanas» del temporal lo permiten. Son pausas breves, casi negociaciones informales con la tormenta, que concede algunos minutos para limpiar y luego vuelve a cubrirlo todo con la eficiencia de quien considera que tres metros eran apenas un borrador.
La montaña, mientras tanto, no ofrece explicaciones. Hace lo que suele hacer toda autoridad indiscutida: manda, obliga a reorganizar la vida diaria y deja que los seres humanos redacten comunicados sobre la situación. La diferencia es que, en este caso, nadie puede pedirle una reunión, presentar un reclamo ni sugerirle que modere la intensidad.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Por momentos, el temporal ha registrado pequeñas «ventanas» que interrumpieron las nevadas y permitieron avanzar con tareas de limpieza y despeje en caminos de la Alta Montaña mendocina. Sin embargo, en varias localidades de la zona, los estudiantes ya acumulan tres días sin clases debido a las condiciones meteorológicas y al bloqueo de los accesos.
«Es la nevada más intensa desde 2006, seguro», resume Juan Mario «Lito» Calabrese (72), dueño de un restaurante en Las Cuevas y quien vive hace 24 años en este pequeño pueblo ubicado en la Alta Montaña de Mendoza.
Las Cuevas es la última localidad del lado argentino de la Cordillera de los Andes antes del cruce hacia Chile por Mendoza. También es una de las villas cordilleranas más afectadas por el intenso temporal de nieve que se registra desde el 15 de julio.
Más de tres metros de nieve y tránsito interrumpido
En Punta de Vacas, Penitentes, Puente del Inca, Polvaredas y Las Cuevas, todas ubicadas sobre el corredor internacional, la acumulación de nieve supera los tres metros en algunos sectores.
Con el tránsito vehicular interrumpido, los habitantes de estas localidades se organizan para evitar quedar aislados. Quienes cuentan con esquís de travesía o raquetas para desplazarse sobre la nieve los comparten con otros vecinos.
De esa manera, pueden salir de sus viviendas, muchas de las cuales tienen la nieve «taponeando» puertas y ventanas. Además, se realizan tareas comunitarias para «palear» y mantener accesibles las entradas y salidas de las casas.
Los trabajos también incluyen la limpieza de la nieve acumulada sobre los techos, con el objetivo de reducir el riesgo de derrumbes provocados por el sobrepeso.
«Ha sido un año con poco turismo. Uno esperaba recuperarse durante las vacaciones de invierno y nos toca esto. Pero siempre hay que priorizar la seguridad de las personas», describe Calabrese.
En Las Cuevas, la nieve acumulada sobre el suelo supera los tres metros de altura.
«La montaña manda, y tenés que estar preparado para estos imprevistos», agrega con la sabiduría de la experiencia.
Asistencia y rescates en la cordillera
Durante estos días, una de las constantes en la Alta Montaña mendocina y en otras zonas cordilleranas, como el Valle de Uco y Malargüe, ha sido la intervención de Gendarmería y Vialidad Nacional para asistir a los pobladores afectados.
Los operativos se concentran en el despeje de caminos, la asistencia a personas aisladas y el mantenimiento de accesos esenciales, mientras las condiciones meteorológicas continúan limitando la circulación y condicionando el ritmo de las tareas.
Un intenso temporal de nieve afecta desde el 15 de julio a varias localidades de la Alta Montaña mendocina, donde la acumulación supera los tres metros en algunos sectores. El tránsito permanece interrumpido, las clases llevan tres días suspendidas y vecinos, Gendarmería y Vialidad Nacional trabajan para despejar accesos, asistir a pobladores y evitar daños en viviendas.
La Cordillera decidió recordarles a todos quién administra realmente la agenda en Mendoza y, desde el 15 de julio, desplegó una nevada con vocación de interventora federal. No hubo decreto, conferencia ni cadena nacional: alcanzaron tres metros de nieve, caminos bloqueados y escuelas cerradas para que quedara claro que, en la Alta Montaña, el calendario escolar y el tránsito internacional funcionan bajo supervisión directa del clima.
En Las Cuevas, Punta de Vacas, Penitentes, Puente del Inca y Polvaredas, salir de casa dejó de ser una actividad cotidiana para convertirse en una prueba clasificatoria de los Juegos Olímpicos de Invierno. Las puertas y ventanas quedaron tapadas, los techos acumularon peso y las palas pasaron a cotizar como activos estratégicos. Quien tiene raquetas o esquís de travesía los comparte; quien no, desarrolla una relación espiritual con el living hasta nuevo aviso.
Los vecinos trabajan en equipo para despejar accesos y evitar derrumbes, mientras el turismo, que esperaba una recuperación durante las vacaciones de invierno, contempla cómo la temporada alta fue reemplazada por una pared blanca de dimensiones administrativas. El paisaje es imponente, sí, pero también tiene la delicadeza comercial de una persiana metálica bajada frente al restaurante.
En medio de la emergencia, Gendarmería y Vialidad Nacional asisten a pobladores y avanzan cuando las pequeñas «ventanas» del temporal lo permiten. Son pausas breves, casi negociaciones informales con la tormenta, que concede algunos minutos para limpiar y luego vuelve a cubrirlo todo con la eficiencia de quien considera que tres metros eran apenas un borrador.
La montaña, mientras tanto, no ofrece explicaciones. Hace lo que suele hacer toda autoridad indiscutida: manda, obliga a reorganizar la vida diaria y deja que los seres humanos redacten comunicados sobre la situación. La diferencia es que, en este caso, nadie puede pedirle una reunión, presentar un reclamo ni sugerirle que modere la intensidad.