El 18 de julio de 2026, el vocero presidencial Adrián Ravier escribió en la red social X una frase que volvió a instalar el debate sobre el trato de los dirigentes hacia la sociedad argentina.
«Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas».
Posteriormente intentó aclarar que la expresión era «condicional». Sin embargo, la publicación generó repercusiones y pasó a integrar una lista de declaraciones de distintos gobiernos que, según el informe, reflejan un fuerte desprecio hacia sectores de la sociedad o hacia los argentinos en general.
El planteo central es que los ciudadanos eligen representantes para que los conduzcan políticamente, pero en numerosas ocasiones terminan siendo objeto de descalificaciones provenientes de quienes ocupan el poder.

Néstor y Cristina Kirchner
Durante los gobiernos kirchneristas se consolidó una lógica de confrontación permanente.
Entre los episodios mencionados aparecen audios atribuidos a Cristina Fernández de Kirchner en los que expresó:
«que se fundan todos» y otros insultos a funcionarios.
También recuerda que calificó a un jubilado como «abuelito amarrete» y que utilizó cadenas nacionales para cuestionar a opositores y medios de comunicación, más que una confrontación hacía los ciudadanos argentinos.
Respecto de Néstor Kirchner, su estilo era más frontal y señalaba un clima político sintetizado en la consigna:
«Vamos por todo».
Según el análisis de estos dos exmandatarios, hubo pocos agravios dirigidos a los argentinos como conjunto, aunque sí un tono permanente de descalificación hacia quienes no compartían el proyecto político.

Mauricio Macri y Jorge Macri
Durante la presidencia de Mauricio Macri, el informe recuerda que en 2019 compartió un video cuya conclusión era:
«El problema de la Argentina somos los argentinos».
Ya fuera del gobierno, en 2022, sostuvo:
«Mi querido país debe ser la sociedad más fracasada de los últimos 70 años».
Según los archivos, esas expresiones son parte de un discurso de decepción hacia la sociedad argentina.
También incorpora una declaración atribuida a Jorge Macri, difundida ampliamente en 2026:
«Hay una discusión que tenemos que tener, y la tengo, con la Iglesia. La lógica de darle comida y abrigo afuera —porque nunca la meten en la Iglesia, los dejan puertas afuera— solo hace que vengan más, y cada vez queden más dependientes de eso».
Estas declaraciones afirman una visión negativa, según la cual la asistencia alimentaria incrementa la dependencia y favorece el crecimiento de la población en situación de calle.
Alberto Fernández
Durante la pandemia, el entonces presidente afirmó:
«El personal médico se relajó».
La frase generó una inmediata respuesta de trabajadores de la salud, que difundieron imágenes de extensas jornadas laborales acompañadas por el mensaje:
«Perdón por habernos relajado.»
También se recuerda la declaración realizada ante el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez:
«Los brasileros salieron de la selva y nosotros de los barcos europeos».
Posteriormente, Alberto Fernández ofreció disculpas públicas por esa expresión.

Javier Milei y su gobierno
El estudio demuestra que durante la actual administración, la cantidad de declaraciones polémicas alcanzó un nivel superior al de gobiernos anteriores.
“País de mierda”: frase utilizada por Milei antes y durante su carrera política al describir determinadas condiciones institucionales de la Argentina.
“Cómplices de chorros”: dirigido contra periodistas y medios acusados de defender a gobiernos anteriores.
“Gerentes de la pobreza”: utilizada contra organizaciones sociales y referentes de comedores comunitarios.
“El país más miserable del planeta Tierra”: Milei advirtió en 2023 que la Argentina podía convertirse en eso si continuaba con las mismas políticas
Entre ellas menciona la publicación de Adrián Ravier:
«Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas».
También atribuye a Javier Milei la afirmación:
«Argentina solo produce dulce de leche y biromes».
Respecto del exjefe de asesores Demian Reidel, cita:
«El único problema de Argentina es que está llena de argentinos».
Sobre Federico Sturzenegger, recuerda la expresión:
«Argentina es un país que endiosó la trampa».
El informe además sostiene que médicos del Hospital Garrahan fueron acusados de «usar una causa noble para hacer política»; que organizaciones de derechos humanos fueron calificadas como «negocio» y «bolsa de trabajo ideologizada»; y que un baremo oficial volvió a incluir términos como «idiota», «imbécil» y «débil mental» para clasificaciones vinculadas a discapacidad.
Asimismo, menciona declaraciones y el estilo comunicacional de Manuel Adorni, incluyendo referencias a ironías sobre los 30.000 desaparecidos, la frase «con mi plata hago lo que quiero» y un trato confrontativo hacia periodistas y críticos.
El informe afirma que una diferencia respecto de administraciones anteriores es que, mientras otros gobiernos ofrecieron disculpas o buscaron matizar algunas expresiones, la gestión actual mantiene una postura de defensa de esas declaraciones y, según el texto, suele reforzarlas en lugar de retractarse.
Una pregunta abierta
Según todo el análisis realizado concluye que, por cantidad de episodios, intensidad de las expresiones y ausencia de arrepentimiento, la administración de Javier Milei representa el caso más extremo dentro del recorrido presentado. También incorpora las declaraciones de Jorge Macri sobre las personas en situación de calle como parte del mismo análisis político.
Finalmente, se plantea una reflexión sobre el contraste entre las imágenes de unidad que dejó la consagración argentina en el Mundial y las expresiones de distintos dirigentes hacia la propia sociedad.
Elegimos presidentes para que nos representen. ¿Qué pasa cuando terminan siendo nuestros verdugos verbales?
Las declaraciones del vocero presidencial Adrián Ravier, quien escribió que Argentina era un «país bananero», reavivaron el debate sobre los discursos de funcionarios y presidentes hacia la sociedad. El informe repasa expresiones de distintas administraciones, desde Néstor y Cristina Kirchner hasta Javier Milei, y plantea una reflexión sobre el vínculo entre los gobernantes y los ciudadanos.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay países que exportan soja, litio o futbolistas. Argentina, en cambio, descubrió un recurso renovable e inagotable: gobernantes que, tarde o temprano, miran a su propio pueblo como si hubieran aterrizado por error en un reality show de supervivencia. La campaña promete representar a la ciudadanía; el ejercicio del poder termina pareciendo una competencia olímpica para ver quién encuentra la forma más creativa de explicar que el problema, casualmente, siempre es la gente que lo votó. Es una disciplina nacional no reconocida por el Comité Olímpico, aunque ya tiene varias medallas acumuladas.
El fenómeno es fascinante. Cada administración llega convencida de que heredó un desastre irrepetible, pero pocas resisten la tentación de señalar a los argentinos como si fueran una plaga bíblica con DNI. Cambian los colores partidarios, cambian los slogans y hasta cambian los peinados presidenciales, pero el libreto conserva una línea argumental estable: cuando algo sale mal, el ciudadano promedio adquiere poderes sobrenaturales para convertirse simultáneamente en responsable de la economía, de la cultura, de la moral y, si el calendario ayuda, hasta del clima.
La política argentina consiguió algo que parecía imposible: unir a dirigentes de veredas opuestas en una misma tradición retórica. Unos descubrieron enemigos en empresarios, periodistas o jubilados; otros encontraron defectos estructurales en la sociedad completa. El resultado es una especie de campeonato nacional del desdén institucional, donde cada declaración intenta superar a la anterior con la delicadeza de un elefante aprendiendo porcelana fina. Mientras tanto, el ciudadano común observa el espectáculo con la misma expresión de quien paga una entrada para un concierto y termina siendo parte del repertorio.
Quizás esa sea la paradoja más extravagante de todas. Se gana una elección prometiendo conducir un país y, una vez en el poder, algunos parecen convencidos de que recibieron la administración de un experimento sociológico irreparable. Entre conferencias, entrevistas y publicaciones en redes sociales, las frases quedan flotando mucho después de que sus autores intentan explicarlas, contextualizarlas o simplemente seguir adelante. La memoria colectiva tiene un defecto insoportable para cualquier estratega de comunicación: recuerda exactamente aquello que después nadie quería haber dicho.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El 18 de julio de 2026, el vocero presidencial Adrián Ravier escribió en la red social X una frase que volvió a instalar el debate sobre el trato de los dirigentes hacia la sociedad argentina.
«Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas».
Posteriormente intentó aclarar que la expresión era «condicional». Sin embargo, la publicación generó repercusiones y pasó a integrar una lista de declaraciones de distintos gobiernos que, según el informe, reflejan un fuerte desprecio hacia sectores de la sociedad o hacia los argentinos en general.
El planteo central es que los ciudadanos eligen representantes para que los conduzcan políticamente, pero en numerosas ocasiones terminan siendo objeto de descalificaciones provenientes de quienes ocupan el poder.

Néstor y Cristina Kirchner
Durante los gobiernos kirchneristas se consolidó una lógica de confrontación permanente.
Entre los episodios mencionados aparecen audios atribuidos a Cristina Fernández de Kirchner en los que expresó:
«que se fundan todos» y otros insultos a funcionarios.
También recuerda que calificó a un jubilado como «abuelito amarrete» y que utilizó cadenas nacionales para cuestionar a opositores y medios de comunicación, más que una confrontación hacía los ciudadanos argentinos.
Respecto de Néstor Kirchner, su estilo era más frontal y señalaba un clima político sintetizado en la consigna:
«Vamos por todo».
Según el análisis de estos dos exmandatarios, hubo pocos agravios dirigidos a los argentinos como conjunto, aunque sí un tono permanente de descalificación hacia quienes no compartían el proyecto político.

Mauricio Macri y Jorge Macri
Durante la presidencia de Mauricio Macri, el informe recuerda que en 2019 compartió un video cuya conclusión era:
«El problema de la Argentina somos los argentinos».
Ya fuera del gobierno, en 2022, sostuvo:
«Mi querido país debe ser la sociedad más fracasada de los últimos 70 años».
Según los archivos, esas expresiones son parte de un discurso de decepción hacia la sociedad argentina.
También incorpora una declaración atribuida a Jorge Macri, difundida ampliamente en 2026:
«Hay una discusión que tenemos que tener, y la tengo, con la Iglesia. La lógica de darle comida y abrigo afuera —porque nunca la meten en la Iglesia, los dejan puertas afuera— solo hace que vengan más, y cada vez queden más dependientes de eso».
Estas declaraciones afirman una visión negativa, según la cual la asistencia alimentaria incrementa la dependencia y favorece el crecimiento de la población en situación de calle.
Alberto Fernández
Durante la pandemia, el entonces presidente afirmó:
«El personal médico se relajó».
La frase generó una inmediata respuesta de trabajadores de la salud, que difundieron imágenes de extensas jornadas laborales acompañadas por el mensaje:
«Perdón por habernos relajado.»
También se recuerda la declaración realizada ante el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez:
«Los brasileros salieron de la selva y nosotros de los barcos europeos».
Posteriormente, Alberto Fernández ofreció disculpas públicas por esa expresión.

Javier Milei y su gobierno
El estudio demuestra que durante la actual administración, la cantidad de declaraciones polémicas alcanzó un nivel superior al de gobiernos anteriores.
“País de mierda”: frase utilizada por Milei antes y durante su carrera política al describir determinadas condiciones institucionales de la Argentina.
“Cómplices de chorros”: dirigido contra periodistas y medios acusados de defender a gobiernos anteriores.
“Gerentes de la pobreza”: utilizada contra organizaciones sociales y referentes de comedores comunitarios.
“El país más miserable del planeta Tierra”: Milei advirtió en 2023 que la Argentina podía convertirse en eso si continuaba con las mismas políticas
Entre ellas menciona la publicación de Adrián Ravier:
«Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas».
También atribuye a Javier Milei la afirmación:
«Argentina solo produce dulce de leche y biromes».
Respecto del exjefe de asesores Demian Reidel, cita:
«El único problema de Argentina es que está llena de argentinos».
Sobre Federico Sturzenegger, recuerda la expresión:
«Argentina es un país que endiosó la trampa».
El informe además sostiene que médicos del Hospital Garrahan fueron acusados de «usar una causa noble para hacer política»; que organizaciones de derechos humanos fueron calificadas como «negocio» y «bolsa de trabajo ideologizada»; y que un baremo oficial volvió a incluir términos como «idiota», «imbécil» y «débil mental» para clasificaciones vinculadas a discapacidad.
Asimismo, menciona declaraciones y el estilo comunicacional de Manuel Adorni, incluyendo referencias a ironías sobre los 30.000 desaparecidos, la frase «con mi plata hago lo que quiero» y un trato confrontativo hacia periodistas y críticos.
El informe afirma que una diferencia respecto de administraciones anteriores es que, mientras otros gobiernos ofrecieron disculpas o buscaron matizar algunas expresiones, la gestión actual mantiene una postura de defensa de esas declaraciones y, según el texto, suele reforzarlas en lugar de retractarse.
Una pregunta abierta
Según todo el análisis realizado concluye que, por cantidad de episodios, intensidad de las expresiones y ausencia de arrepentimiento, la administración de Javier Milei representa el caso más extremo dentro del recorrido presentado. También incorpora las declaraciones de Jorge Macri sobre las personas en situación de calle como parte del mismo análisis político.
Finalmente, se plantea una reflexión sobre el contraste entre las imágenes de unidad que dejó la consagración argentina en el Mundial y las expresiones de distintos dirigentes hacia la propia sociedad.
Elegimos presidentes para que nos representen. ¿Qué pasa cuando terminan siendo nuestros verdugos verbales?
Las declaraciones del vocero presidencial Adrián Ravier, quien escribió que Argentina era un «país bananero», reavivaron el debate sobre los discursos de funcionarios y presidentes hacia la sociedad. El informe repasa expresiones de distintas administraciones, desde Néstor y Cristina Kirchner hasta Javier Milei, y plantea una reflexión sobre el vínculo entre los gobernantes y los ciudadanos.
Hay países que exportan soja, litio o futbolistas. Argentina, en cambio, descubrió un recurso renovable e inagotable: gobernantes que, tarde o temprano, miran a su propio pueblo como si hubieran aterrizado por error en un reality show de supervivencia. La campaña promete representar a la ciudadanía; el ejercicio del poder termina pareciendo una competencia olímpica para ver quién encuentra la forma más creativa de explicar que el problema, casualmente, siempre es la gente que lo votó. Es una disciplina nacional no reconocida por el Comité Olímpico, aunque ya tiene varias medallas acumuladas.
El fenómeno es fascinante. Cada administración llega convencida de que heredó un desastre irrepetible, pero pocas resisten la tentación de señalar a los argentinos como si fueran una plaga bíblica con DNI. Cambian los colores partidarios, cambian los slogans y hasta cambian los peinados presidenciales, pero el libreto conserva una línea argumental estable: cuando algo sale mal, el ciudadano promedio adquiere poderes sobrenaturales para convertirse simultáneamente en responsable de la economía, de la cultura, de la moral y, si el calendario ayuda, hasta del clima.
La política argentina consiguió algo que parecía imposible: unir a dirigentes de veredas opuestas en una misma tradición retórica. Unos descubrieron enemigos en empresarios, periodistas o jubilados; otros encontraron defectos estructurales en la sociedad completa. El resultado es una especie de campeonato nacional del desdén institucional, donde cada declaración intenta superar a la anterior con la delicadeza de un elefante aprendiendo porcelana fina. Mientras tanto, el ciudadano común observa el espectáculo con la misma expresión de quien paga una entrada para un concierto y termina siendo parte del repertorio.
Quizás esa sea la paradoja más extravagante de todas. Se gana una elección prometiendo conducir un país y, una vez en el poder, algunos parecen convencidos de que recibieron la administración de un experimento sociológico irreparable. Entre conferencias, entrevistas y publicaciones en redes sociales, las frases quedan flotando mucho después de que sus autores intentan explicarlas, contextualizarlas o simplemente seguir adelante. La memoria colectiva tiene un defecto insoportable para cualquier estratega de comunicación: recuerda exactamente aquello que después nadie quería haber dicho.