La Policía de San Juan atraviesa uno de los episodios institucionales más delicados de los últimos años tras el inicio de una auditoría interna destinada a determinar el paradero de 150 pistolas Bersa calibre 9 milímetros que no fueron localizadas durante un control de inventario. El armamento integra un lote de 500 unidades adquirido por el Estado provincial en 2022 mediante una licitación pública adjudicada a la firma «Punto de Impacto».
Un faltante que encendió las alarmas
De acuerdo con la información conocida, las armas que no pudieron ser ubicadas corresponden a los lotes de fabricación M y N. En la fuerza sostienen, por el momento, que la situación respondería a un «grave desorden administrativo» acumulado durante años, agravado por la ausencia de un sistema digital de legajos que permita realizar un seguimiento preciso del armamento asignado al personal.
Las primeras inspecciones detectaron además importantes inconsistencias en los registros. Entre ellas, la existencia de subcomisarios portando armas que, según la documentación, estaban asignadas a cabos, además de otras irregularidades similares distribuidas en distintas jerarquías de la institución.
El memorándum que aceleró la investigación
La revisión de los depósitos tomó impulso el 13 de julio de 2026, luego de que la Jefatura dispusiera cambios de destino mediante el memorándum 36/2026. La medida reorganizó personal dentro de la Dirección de Inspección y Logística y alcanzó directamente a la División Armamento.
Fuentes policiales indicaron que una de las hipótesis bajo análisis es que las pistolas permanezcan aún en cajas sin haber sido incorporadas correctamente al sistema de registros. Sin embargo, también advirtieron que, si la auditoría no logra localizar físicamente las 150 armas en el corto plazo, se presentará una denuncia penal ante la UFI de turno para investigar un eventual robo o desvío de material bélico oficial.
Cambios de autoridades y traslados
El faltante habría sido detectado semanas atrás, lo que motivó la intervención de la Dirección de Control de Gestión sobre quienes tuvieron a su cargo la recepción, custodia y entrega del armamento en la División Armamento. El anterior jefe de esa dependencia, que dejó el cargo tras los ascensos de marzo de este año, cumple actualmente funciones en el área de Obras de la Policía de San Juan.
Si bien no existen imputaciones ni acusaciones formales, la investigación puso bajo análisis a quienes participaron del ingreso de las Bersa 9 mm adquirido en 2022. Como medida preventiva, la Jefatura designó al subcomisario Mauricio Osvaldo Montaña al frente de la División Armamento, acompañado por el oficial principal Héctor Jesús Quiroga Elizondo, y dispuso además el traslado a comisarías de departamentos cordilleranos de gran parte del personal subalterno que prestaba funciones en esa oficina mientras continúa la auditoría.
La Policía de San Juan inició una auditoría interna para determinar el paradero de 150 pistolas Bersa calibre 9 mm pertenecientes a un lote de 500 armas adquirido por la Provincia en 2022. La investigación comenzó tras detectarse irregularidades en los registros de la División Armamento y, si el faltante no se esclarece en el corto plazo, la fuerza evalúa presentar una denuncia penal.
Ciento cincuenta pistolas desaparecidas. No es la trama de una serie policial ni un depósito de utilería después de un rodaje. Es el número que hoy intenta explicar la propia Policía de San Juan mientras revisa cajas, planillas y destinos administrativos como quien busca las llaves del auto en el freezer, pero con consecuencias bastante más delicadas.
La explicación oficial, por ahora, habla de un «grave desorden administrativo». Una definición que suena tan tranquilizadora como escuchar que el piloto anunció turbulencias porque «más o menos» sabe dónde quedó la pista. En los primeros controles aparecieron subcomisarios usando armas asignadas a cabos y registros que parecen haber sido organizados con el mismo criterio que un cajón donde conviven facturas viejas, cargadores de celulares que ya no existen y una llave que nadie recuerda de qué puerta era.
Todo se aceleró después de un memorándum que modificó destinos dentro de la Dirección de Inspección y Logística y obligó a mirar con mayor detalle la División Armamento. Ahí empezó la pregunta incómoda: si se compraron 500 pistolas mediante una licitación pública y 150 no aparecen en el inventario físico, ¿están mal registradas, siguen embaladas o falta algo mucho más serio? La diferencia entre una respuesta y la otra es la distancia que separa un expediente administrativo de una causa penal.
Mientras avanza la auditoría, la conducción policial ya reacomodó autoridades y trasladó personal. La investigación todavía no tiene imputados ni responsables señalados formalmente, pero sí una certeza: cuando el objeto perdido son armas reglamentarias, el margen para decir «después vemos» desaparece bastante antes que las pistolas.
En cualquier oficina un inventario mal hecho termina con un reto y horas de planillas. En una división encargada de custodiar armamento oficial, el inventario decide si el problema es un desorden de papeles o un escándalo institucional. Hay países donde las armas tienen trazabilidad. Acá, por ahora, las está siguiendo una auditoría con una linterna.
Porque hay cosas que se pueden extraviar. Un expediente. Un sello. Hasta el cargador del celular. Ciento cincuenta pistolas no deberían integrar esa lista.
