Una noche de tensión se vivió este miércoles 12 de octubre en el Sanatorio Argentino, ubicado sobre calle San Luis, en Capital, cuando una mujer de 32 años provocó daños en distintas áreas del establecimiento tras ser informada de que no estaba embarazada.
Según precisaron fuentes policiales, el hecho ocurrió cerca de las 21.45. La mujer, identificada por sus iniciales M.F.P., ingresó al centro médico para ser atendida por un supuesto embarazo. Tras ser evaluada, el médico de guardia confirmó que no se encontraba en estado de gestación, lo que desencadenó una reacción violenta por parte de la paciente.
En pocos minutos, la joven comenzó a patear y golpear puertas de vidrio, mostradores, monitores, paredes y otros elementos del sanatorio, generando alarma entre el personal y los pacientes que se encontraban en el lugar.
Intervención policial
Al arribar efectivos de la Comisaría 2ª, entrevistaron a la mujer y constataron que se encontraba bajo medicación y poseía certificados psiquiátricos, información que fue relevante para encauzar la situación.
Desde la UFI Delitos Especiales informaron que la mujer quedó al resguardo tras ser contenida por el personal policial y médico. En la intervención trabajaron agentes de la Comisaría 2ª y, por la UFI de turno, el ayudante fiscal Mario Quiroga, bajo disposición del fiscal Alejandro Soler.
Una mujer de 32 años provocó daños en el Sanatorio Argentino, en Capital, luego de que médicos constataran que no estaba embarazada. La paciente golpeó puertas y equipamiento hasta que intervino personal policial. Fue asistida y quedó al resguardo de la UFI Delitos Especiales.
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La noche sanjuanina suele traer su cuota de sobresaltos, pero pocos imaginaron que el Sanatorio Argentino tendría un episodio digno de una serie dramática. Una mujer ingresó convencida de estar embarazada y salió protagonizando una escena que dejó a más de un monitor con ganas de jubilarse. La tensión se instaló cuando el médico de guardia le comunicó que no estaba gestando: allí comenzó una coreografía de patadas, golpes y discusiones, una suerte de ballet involuntario donde las puertas de vidrio llevaron la peor parte.
Los profesionales, que ya habían visto de todo, quedaron mudos ante la intensidad del momento, mientras la joven convertía cada superficie del lugar en un testimonio involuntario de su furia. La llegada de la Policía trajo un poco de calma, revelando que la paciente estaba bajo medicación y con certificados psiquiátricos, lo que explicó —al menos parcialmente— la virulencia de su reacción. Los agentes y el personal médico trabajaron para contener la situación sin sumar daños colaterales, una misión que a esa altura ya era casi comunitaria.
Con la intervención de la UFI Delitos Especiales, la mujer quedó finalmente al resguardo. El sanatorio, en tanto, recuperó su silencio habitual, aunque seguramente algún que otro escritorio todavía recuerde el impacto de aquella noche. Y así, entre partes médicos, denuncias y respiraciones profundas, Capital sumó otra historia que se contará en voz baja en los pasillos clínicos durante semanas.
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