Dos jóvenes fueron imputados este viernes por su presunta participación en el secuestro y homicidio de Gastón Eduardo Montenegro, de 25 años, quien desapareció el 27 de junio en Capitán Bermúdez y fue encontrado semienterrado una semana después en una zona rural cercana a la localidad santafesina de Serodino. Ambos quedaron en prisión preventiva efectiva.
Los acusados son los primos Juan Manuel Vega, de 23 años, y Matías Nicolás Vega, de 22. La audiencia se realizó ante el juez Ariel Cattáneo, mientras que la investigación está a cargo del fiscal Aquiles Balbis.
El secuestro y la desaparición
Según expuso el fiscal, Montenegro había salido de su casa en la noche del 26 de junio y les dijo a sus familiares que debía regresar temprano porque al día siguiente tenía previsto arbitrar un partido de fútbol, actividad con la que obtenía un ingreso económico. Sin embargo, nunca volvió.
De acuerdo con los elementos incorporados a la causa, cerca de las 9.30 del 27 de junio, la víctima caminaba junto a un amigo hacia su domicilio cuando un Volkswagen Gol Trend gris les bloqueó el paso en la esquina de Güemes y Paraguay, en Capitán Bermúdez.
Siempre según la acusación, dos hombres armados descendieron del vehículo y obligaron a Montenegro a subir por la fuerza. Al acompañante lo amenazaron apuntándole con un arma y le advirtieron: «Vos no te metas».
Tras la denuncia presentada por la familia, comenzaron tareas de búsqueda que incluyeron movilizaciones para reclamar información sobre el paradero del joven. Paralelamente, la investigación derivó en allanamientos realizados por la Policía de Investigaciones en Rosario, Funes, Fray Luis Beltrán y Capitán Bermúdez.
La principal hipótesis del crimen
La pesquisa sostiene que detrás del ataque habría actuado una presunta organización dedicada a la comercialización de estupefacientes en el cordón industrial del sur santafesino. En ese contexto, cuatro personas fueron detenidas y acusadas en la Justicia federal por delitos vinculados con la venta minorista de drogas.
El cuerpo de Montenegro fue hallado por Bomberos Zapadores de Rosario el 4 de julio, alrededor de las 10.30, parcialmente enterrado en un camino rural ubicado a la vera de la ruta provincial 10, entre Serodino y Andino. De acuerdo con el fiscal, presentaba dos heridas de arma de fuego en el cráneo.
Balbis atribuyó a Juan Manuel Vega el rol de uno de los presuntos secuestradores, al considerar que la evidencia reunida, incluidas imágenes incorporadas a la investigación, lo ubican como una de las personas que obligó a la víctima a subir al vehículo.
La acusación también identifica como presunto autor material del homicidio a Diego Nicolás Blanco Paschetto, alias «Nico Paschetto», señalado como un presunto dealer. Según la hipótesis fiscal, días antes del crimen ofrecía dinero a cambio de información que permitiera localizar a Montenegro.
De acuerdo con la investigación, el móvil habría sido una represalia por una balacera sufrida semanas antes por Blanco Paschetto, hecho por el que responsabilizaba a la víctima. Esa es, hasta el momento, la principal línea de investigación que intenta explicar el secuestro y posterior asesinato del joven.
Dos primos de 22 y 23 años fueron imputados con prisión preventiva por su presunta participación en el secuestro y homicidio de Gastón Montenegro, de 25 años, ocurrido el 27 de junio en Capitán Bermúdez, Santa Fe. La investigación sostiene que el crimen habría estado motivado por una disputa vinculada a un presunto dealer. El cuerpo de la víctima fue hallado semienterrado una semana después en una zona rural cercana a Serodino.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Una bronca. Dos disparos. Siete días bajo tierra. El expediente reconstruye una secuencia donde una discusión terminó con un secuestro a plena luz del día y un cuerpo semienterrado al costado de un camino rural. Hay conflictos que en otros lados terminan con un bloqueo en redes; acá, según la acusación, terminaron con una ejecución.
La lógica parece salida de un manual escrito con pólvora. Si alguien decide quién vive y quién muere porque cree que lo perjudicaron semanas antes, la Justicia deja de perseguir delitos para correr detrás de vendettas con GPS. Como si reclamar una deuda fuera cambiar una cubierta y no desaparecer a una persona delante de un testigo.
El secuestro ocurrió a las 9.30 de la mañana. No de madrugada, no en un descampado perdido, sino cuando la víctima caminaba con un amigo rumbo a su casa. Un auto les cruzó el paso, hombres armados bajaron, uno fue obligado a subir y al otro le alcanzó una frase para entender que cualquier intento de intervenir podía costarle la vida: «Vos no te metas». Hay amenazas que no necesitan levantar la voz.
Mientras la familia buscaba respuestas y organizaba movilizaciones, la investigación avanzaba entre allanamientos, detenciones y la hipótesis de una estructura dedicada al narcomenudeo en el cordón industrial santafesino. En ese escenario, cada dato parecía abrir otra puerta y detrás había otra historia de violencia. Como esos pasillos interminables de los hospitales donde siempre aparece una puerta más antes de llegar a la salida.
La acusación sostiene que el origen del crimen fue una represalia por una balacera previa. No una sentencia judicial. No una investigación. Una sospecha convertida, presuntamente, en condena. Cuando la revancha reemplaza a la ley, la única institución que parece funcionar con puntualidad es el cementerio.
Después aparecieron las imágenes, las imputaciones y la reconstrucción de los hechos. Lo que faltaba era Gastón. Lo encontraron semienterrado, con dos disparos en el cráneo, en un camino rural. Hay lugares donde los caminos conducen a un pueblo. Otros desembocan directamente en un expediente judicial. El país donde algunos todavía creen que la discusión más peligrosa es la del grupo de WhatsApp.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Dos jóvenes fueron imputados este viernes por su presunta participación en el secuestro y homicidio de Gastón Eduardo Montenegro, de 25 años, quien desapareció el 27 de junio en Capitán Bermúdez y fue encontrado semienterrado una semana después en una zona rural cercana a la localidad santafesina de Serodino. Ambos quedaron en prisión preventiva efectiva.
Los acusados son los primos Juan Manuel Vega, de 23 años, y Matías Nicolás Vega, de 22. La audiencia se realizó ante el juez Ariel Cattáneo, mientras que la investigación está a cargo del fiscal Aquiles Balbis.
El secuestro y la desaparición
Según expuso el fiscal, Montenegro había salido de su casa en la noche del 26 de junio y les dijo a sus familiares que debía regresar temprano porque al día siguiente tenía previsto arbitrar un partido de fútbol, actividad con la que obtenía un ingreso económico. Sin embargo, nunca volvió.
De acuerdo con los elementos incorporados a la causa, cerca de las 9.30 del 27 de junio, la víctima caminaba junto a un amigo hacia su domicilio cuando un Volkswagen Gol Trend gris les bloqueó el paso en la esquina de Güemes y Paraguay, en Capitán Bermúdez.
Siempre según la acusación, dos hombres armados descendieron del vehículo y obligaron a Montenegro a subir por la fuerza. Al acompañante lo amenazaron apuntándole con un arma y le advirtieron: «Vos no te metas».
Tras la denuncia presentada por la familia, comenzaron tareas de búsqueda que incluyeron movilizaciones para reclamar información sobre el paradero del joven. Paralelamente, la investigación derivó en allanamientos realizados por la Policía de Investigaciones en Rosario, Funes, Fray Luis Beltrán y Capitán Bermúdez.
La principal hipótesis del crimen
La pesquisa sostiene que detrás del ataque habría actuado una presunta organización dedicada a la comercialización de estupefacientes en el cordón industrial del sur santafesino. En ese contexto, cuatro personas fueron detenidas y acusadas en la Justicia federal por delitos vinculados con la venta minorista de drogas.
El cuerpo de Montenegro fue hallado por Bomberos Zapadores de Rosario el 4 de julio, alrededor de las 10.30, parcialmente enterrado en un camino rural ubicado a la vera de la ruta provincial 10, entre Serodino y Andino. De acuerdo con el fiscal, presentaba dos heridas de arma de fuego en el cráneo.
Balbis atribuyó a Juan Manuel Vega el rol de uno de los presuntos secuestradores, al considerar que la evidencia reunida, incluidas imágenes incorporadas a la investigación, lo ubican como una de las personas que obligó a la víctima a subir al vehículo.
La acusación también identifica como presunto autor material del homicidio a Diego Nicolás Blanco Paschetto, alias «Nico Paschetto», señalado como un presunto dealer. Según la hipótesis fiscal, días antes del crimen ofrecía dinero a cambio de información que permitiera localizar a Montenegro.
De acuerdo con la investigación, el móvil habría sido una represalia por una balacera sufrida semanas antes por Blanco Paschetto, hecho por el que responsabilizaba a la víctima. Esa es, hasta el momento, la principal línea de investigación que intenta explicar el secuestro y posterior asesinato del joven.
Dos primos de 22 y 23 años fueron imputados con prisión preventiva por su presunta participación en el secuestro y homicidio de Gastón Montenegro, de 25 años, ocurrido el 27 de junio en Capitán Bermúdez, Santa Fe. La investigación sostiene que el crimen habría estado motivado por una disputa vinculada a un presunto dealer. El cuerpo de la víctima fue hallado semienterrado una semana después en una zona rural cercana a Serodino.
Una bronca. Dos disparos. Siete días bajo tierra. El expediente reconstruye una secuencia donde una discusión terminó con un secuestro a plena luz del día y un cuerpo semienterrado al costado de un camino rural. Hay conflictos que en otros lados terminan con un bloqueo en redes; acá, según la acusación, terminaron con una ejecución.
La lógica parece salida de un manual escrito con pólvora. Si alguien decide quién vive y quién muere porque cree que lo perjudicaron semanas antes, la Justicia deja de perseguir delitos para correr detrás de vendettas con GPS. Como si reclamar una deuda fuera cambiar una cubierta y no desaparecer a una persona delante de un testigo.
El secuestro ocurrió a las 9.30 de la mañana. No de madrugada, no en un descampado perdido, sino cuando la víctima caminaba con un amigo rumbo a su casa. Un auto les cruzó el paso, hombres armados bajaron, uno fue obligado a subir y al otro le alcanzó una frase para entender que cualquier intento de intervenir podía costarle la vida: «Vos no te metas». Hay amenazas que no necesitan levantar la voz.
Mientras la familia buscaba respuestas y organizaba movilizaciones, la investigación avanzaba entre allanamientos, detenciones y la hipótesis de una estructura dedicada al narcomenudeo en el cordón industrial santafesino. En ese escenario, cada dato parecía abrir otra puerta y detrás había otra historia de violencia. Como esos pasillos interminables de los hospitales donde siempre aparece una puerta más antes de llegar a la salida.
La acusación sostiene que el origen del crimen fue una represalia por una balacera previa. No una sentencia judicial. No una investigación. Una sospecha convertida, presuntamente, en condena. Cuando la revancha reemplaza a la ley, la única institución que parece funcionar con puntualidad es el cementerio.
Después aparecieron las imágenes, las imputaciones y la reconstrucción de los hechos. Lo que faltaba era Gastón. Lo encontraron semienterrado, con dos disparos en el cráneo, en un camino rural. Hay lugares donde los caminos conducen a un pueblo. Otros desembocan directamente en un expediente judicial. El país donde algunos todavía creen que la discusión más peligrosa es la del grupo de WhatsApp.