En San Juan, la agrupación Escritores del Sol llevó adelante una “suelta de libros a ciegas” que se convirtió en un fenómeno cultural inesperado: en apenas 18 minutos se agotaron los 200 ejemplares disponibles, superando ampliamente todas las expectativas de los organizadores.
La actividad se realizó en la Celda Histórica de San Martín y convocó a una gran cantidad de público desde antes del horario previsto. Media hora antes de la apertura, una fila de personas de distintas edades ya aguardaba el inicio del evento con el objetivo de acceder a un libro sorpresa.
Cada ejemplar estaba envuelto en papel de diario, lo que impedía conocer su autor, temática o género. Entre los libros había obras de política, religión, arte, cocina, historia, poesía, novelas, ediciones antiguas y publicaciones recientes.
A las 15 en punto se habilitó el ingreso del público, que avanzó de manera continua hasta que, antes de las 15:18, los organizadores anunciaron que no quedaban más ejemplares disponibles.
“Nunca imaginamos tener este éxito. Esto nos impulsa a repetir la suelta de libros con la modalidad de cita a ciegas”, expresó Miriam Fonseca, referente de la agrupación Escritores del Sol.
La propuesta invitaba a los participantes a descubrir el contenido del libro recién en sus hogares, aunque muchos optaron por abrirlos en el lugar, generando un espacio espontáneo de lectura y comentarios entre los presentes.
Entre las anécdotas de la jornada, se destacó el caso de una adolescente que recibió un libro de matemáticas, situación que generó risas entre los asistentes.
A pesar del agotamiento de los ejemplares, el público permaneció en el lugar para participar de un sorteo de una Bandera Argentina donada por los organizadores. Posteriormente, de manera inesperada, se sumó una donación adicional de libros que extendió la actividad.
La iniciativa no solo evidenció el interés por la lectura en formato físico, sino que consolidó una experiencia cultural colectiva que los organizadores ya evalúan repetir en una próxima edición.
En San Juan, una “suelta de libros a ciegas” organizada por la agrupación Escritores del Sol agotó los 200 ejemplares disponibles en apenas 18 minutos. La propuesta, realizada en la Celda Histórica de San Martín, convocó a una multitud que accedió a libros envueltos sin conocer su contenido, en una jornada cultural que superó todas las expectativas.
En tiempos donde todo parece anticiparse con una pantalla, un algoritmo o una reseña previa, San Juan decidió probar algo casi subversivo: leer sin saber qué se está por leer. Y lo que empezó como una actividad cultural terminó pareciendo un experimento social con final feliz y ansiedad colectiva incluida.
La escena tuvo algo de ritual moderno con reglas simples y resultados imprevisibles. Libros envueltos en papel de diario, identidades ocultas y una fila que crecía como si se tratara del lanzamiento de un dispositivo tecnológico, aunque en este caso el “hardware” era papel, tinta y misterio. El resultado: 200 ejemplares desaparecidos en menos tiempo del que tarda un café en enfriarse.
El lugar elegido, la Celda Histórica de San Martín, aportó su propia solemnidad al evento. Pero la solemnidad duró lo que tardó en abrirse la puerta. Después, la lógica fue otra: la de la urgencia lectora, la curiosidad y la pequeña competencia silenciosa por ver quién se llevaba la mejor sorpresa literaria.
La propuesta tenía una consigna clara: no juzgar al libro por su portada porque, directamente, no había portada visible. Sin embargo, la curiosidad hizo lo suyo y muchos no esperaron a llegar a casa para descubrir su contenido. El espacio público se transformó en sala de lectura improvisada, con reacciones que iban del entusiasmo al desconcierto absoluto.
Entre las historias que dejó la jornada, una adolescente que recibió un libro de matemáticas aportó el costado más humano del evento: el destino, cuando quiere dar mensajes, no siempre elige la delicadeza. Aun así, el humor terminó siendo parte central de la experiencia colectiva.
Lo que ocurrió en San Juan no fue solo una actividad cultural exitosa, sino una señal de que el vínculo con el libro físico sigue generando algo difícil de reemplazar: sorpresa real. Y en tiempos de consumo anticipado, la sorpresa también se volvió un pequeño lujo.