El ministro de Economía, Luis Caputo, modificó la estrategia que el Tesoro venía sosteniendo en las últimas licitaciones y, este viernes, no sólo evitó absorber liquidez del mercado, sino que además convalidó una expansión monetaria.
La decisión se produjo en un contexto marcado por las subas de las tasas de interés, que fueron la tónica de las últimas jornadas financieras, y por los reclamos de los bancos ante la falta de liquidez en el sistema.
El Tesoro renovó sólo el 81% de los vencimientos
De acuerdo con los datos de la licitación, sobre un vencimiento de deuda por $16,27 millones, el Tesoro solamente «rolleó» un 81%.
Esto implica que pagó, sin renovar, bonos por unos $3 billones, fondos que ampliarán la base monetaria transaccional.
El movimiento marca un quiebre respecto de la dinámica que el Ministerio de Economía venía aplicando durante los últimos meses, cuando colocaba de manera sistemática más deuda de la que el Tesoro necesitaba.
El objetivo de esa estrategia era evitar que quedaran pesos «excedentes» en el mercado, que pudieran trasladarse a una mayor presión sobre la inflación o el tipo de cambio.
La presión de los bancos por la falta de liquidez
El cambio de postura llegó después de las protestas de los bancos por la iliquidez del sistema. Esa situación se había reflejado en las fuertes subas de tasas para la operatoria «repo», una de las principales herramientas utilizadas por las entidades financieras para administrar diariamente su caja.
La falta de pesos no sólo impactaba en el manejo operativo de los bancos, sino que también generaba preocupación por sus efectos sobre el crédito.
Impacto sobre tasas y crédito
La crítica de las entidades apuntaba a que, en un escenario de baja liquidez bancaria, la variable de ajuste termina siendo un ensanchamiento del spread de tasas de interés.
Esto significa que se amplía la diferencia entre las tasas pasivas, que son las que los bancos pagan a los depositantes de plazos fijos, y las tasas activas, que son las que cobran a sus clientes al otorgar préstamos.
En ese contexto, la decisión del Tesoro de renovar sólo una parte de los vencimientos y permitir una expansión de pesos aparece como una respuesta a las tensiones que venía mostrando el mercado financiero en las últimas jornadas.
El Tesoro modificó su estrategia en la licitación de este viernes y renovó sólo el 81% de los vencimientos, lo que implicará una expansión de liquidez por unos $3 billones. La decisión se produjo tras reclamos de los bancos por la falta de pesos en el sistema y la suba de tasas de interés.
Luis Caputo decidió aflojar la mano en la licitación del Tesoro y, por primera vez en varios meses, la famosa aspiradora de pesos pareció quedarse sin bolsa. Después de semanas en las que el mercado financiero venía mirando la liquidez como quien busca señal en medio del desierto, el Ministerio de Economía optó por no absorber más dinero del sistema y convalidó una expansión que los bancos venían reclamando con la sutileza de una alarma de auto a las tres de la mañana.
Hasta ahora, la estrategia oficial había sido bastante clara: colocar más deuda de la necesaria para que no quedaran pesos «excedentes» dando vueltas, con el temor de que terminaran presionando sobre la inflación o el tipo de cambio. Una política monetaria de dieta estricta, sin harinas, sin postre y con la heladera cerrada con candado. Pero el sistema financiero empezó a mostrar señales de agotamiento, especialmente con la suba de las tasas de la operatoria «repo», esa herramienta bancaria que suena a trámite técnico pero que, cuando se recalienta, puede poner nervioso hasta al Excel más disciplinado.
El dato central fue que, sobre el vencimiento informado, el Tesoro solamente «rolleó» el 81%. En criollo técnico, decidió no renovar una porción importante de la deuda y pagar unos $3 billones, que ahora ampliarán la base monetaria transaccional. Es decir: después de meses de pasar la mopa monetaria por cada rincón del mercado, el Gobierno dejó algunos pesos circulando, una escena que para los bancos debe haber tenido la emotividad de reencontrarse con un familiar después de años de iliquidez.
La presión no venía sólo por el manejo diario de la caja. Las entidades también advertían que la escasez de pesos estaba afectando el crédito, porque cuando la liquidez baja, las tasas empiezan a estirarse como elástico vencido. La diferencia entre lo que los bancos pagan por los plazos fijos y lo que cobran por prestar se agranda, y en ese movimiento el crédito empieza a parecer menos una herramienta productiva y más una excursión financiera con casco, arnés y declaración jurada.