La histórica ola de calor que atraviesa Francia provocó una situación límite en París, donde las morgues alcanzaron su capacidad máxima debido al aumento de fallecimientos asociado a las temperaturas extremas. Con registros superiores a los 40°C durante varios días consecutivos, hospitales, servicios de emergencia y funerarias trabajan bajo una presión inédita.

Según datos de la agencia de salud pública francesa, desde el 24 de junio se registraron alrededor de 1.000 muertes más de lo habitual, una cifra preliminar que podría incrementarse a medida que se incorporen nuevos certificados de defunción. El 85% de las víctimas tenía 65 años o más, y el mayor incremento de fallecimientos se produjo en personas que murieron en sus hogares.

Morgues colapsadas y funerarias sin capacidad

El incremento de la mortalidad llevó al límite la capacidad de los depósitos refrigerados de la capital francesa. Las funerarias reciben llamados constantes de hospitales, residencias para adultos mayores y familias que buscan un lugar para trasladar a sus seres queridos, aunque muchos establecimientos ya no cuentan con espacio disponible.

Zouhaeir Hertelli, propietario de una morgue cercana al aeropuerto de Orly, describió la gravedad del escenario al afirmar: «Estamos enfrentando una situación realmente catastrófica». Según explicó, la cámara frigorífica de su establecimiento, con capacidad para 32 cuerpos, permanece completamente ocupada y debe rechazar nuevas solicitudes.

De acuerdo con agencias internacionales, algunas morgues llegaron a rechazar hasta 150 cuerpos durante un fin de semana, reflejando el fuerte impacto que las altas temperaturas provocaron sobre el sistema funerario.

El calor extremo golpea a los más vulnerables

Las autoridades sanitarias señalaron que la mayoría de las víctimas corresponde a personas mayores de 65 años, especialmente aquellas que vivían solas o padecían enfermedades crónicas.

Uno de los factores que agrava la situación es que la mayoría de las viviendas parisinas no dispone de equipos de aire acondicionado. Durante las noches, las temperaturas permanecieron elevadas, impidiendo que los hogares se enfriaran y dificultando la recuperación del organismo frente al calor acumulado durante el día.

Los hospitales también trabajan con una elevada demanda debido al incremento de consultas por golpes de calor, deshidratación e insuficiencias respiratorias, mientras los servicios de emergencia reciben miles de llamados diarios relacionados con las altas temperaturas.

El recuerdo de la tragedia de 2003 y el desafío climático

La emergencia sanitaria volvió a poner en primer plano la devastadora ola de calor de 2003, que dejó cerca de 15.000 fallecidos en Francia y obligó al país a reformular sus protocolos de respuesta frente a fenómenos extremos.

Especialistas sostienen que el cambio climático está aumentando tanto la frecuencia como la intensidad de estos episodios. Las denominadas noches tropicales, en las que la temperatura no desciende lo suficiente para permitir el descanso del organismo, representan uno de los principales factores de riesgo para la salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que más de 1.300 personas fallecieron en Europa desde el inicio de esta ola de calor y advirtió que alrededor de 150 millones de europeos estuvieron expuestos a temperaturas extremas durante los últimos días.

Mientras continúan las alertas máximas en gran parte del territorio francés, expertos insisten en que muchas de estas muertes podrían evitarse mediante una mejor adaptación de las ciudades, viviendas preparadas para temperaturas extremas y sistemas de prevención capaces de proteger a los sectores más vulnerables de la población.