El cobre volvió a superar la barrera de los US$ 6 por libra en la Bolsa de Metales de Londres, un nivel que no alcanzaba desde el 5 de mayo pasado. Sin embargo, pese a esa recuperación puntual, el metal cerró la semana con una baja de 1,79%.
El ajuste se produjo en un contexto internacional marcado por la fortaleza del dólar. La moneda estadounidense subió con fuerza en el mundo, impulsada por las expectativas de nuevas alzas de tasas en Estados Unidos, lo que encareció la compra del metal rojo y presionó sobre su cotización.
JP Morgan mantiene una mirada optimista
A pesar del retroceso semanal, las perspectivas para el precio del cobre continúan siendo favorables. Una de las últimas proyecciones corresponde a JP Morgan, que anticipa que la tonelada podría avanzar hacia los US$ 15.000, equivalente a unos US$ 6,80 por libra, hacia fin de año.
En su reporte Global Research Mid-Year Outlook 2026, la entidad sostuvo que el metal irá “persistentemente empujando hacia pisos y techos más altos en un camino hacia los US$15.000 la tonelada” durante el segundo semestre.
La proyección final del banco se ubica en US$ 14.800 por tonelada, equivalente a US$ 6,71 por libra. Ese valor representa un salto de 11,38% respecto del precio con el que el cobre cerró la jornada en la Bolsa de Metales de Londres.
La pulseada entre Estados Unidos y China
En el documento, JP Morgan enmarca su análisis del mercado del cobre en lo que describe como un “tira y afloja entre EE.UU. y China”, una dinámica que, según el banco, no muestra señales de resolverse en el corto plazo.
Desde comienzos de 2025, de acuerdo con el informe, Estados Unidos ha absorbido volúmenes significativos de cobre mediante un “atractivo arbitraje COMEX/LME”. Esa operatoria, señala el reporte, ha “tensionado significativamente el mercado fuera de EE.UU.” y redujo el papel histórico de China como fijador marginal de precios.
El resultado de esa dinámica es que China se ha visto “obligada a tolerar precios significativamente más altos para satisfacer sus necesidades totales de importación”.
Un mercado con precios más altos
La expectativa de JP Morgan apunta a un mercado con pisos y techos más elevados durante el segundo semestre. Si bien la fortaleza del dólar puede seguir condicionando la cotización en el corto plazo, el banco mantiene una visión alcista para el cobre hacia fin de año.
En ese escenario, el metal rojo queda atravesado por dos fuerzas principales: por un lado, el impacto financiero de las tasas en Estados Unidos y el avance global del dólar; por el otro, la presión estructural de la demanda y el reacomodamiento del mercado entre Estados Unidos y China.
El cobre volvió a superar los US$ 6 por libra en la Bolsa de Metales de Londres, aunque cerró la semana con una baja de 1,79%. Pese al retroceso, JP Morgan mantiene una mirada optimista y proyecta que el metal podría acercarse a los US$ 15.000 por tonelada hacia fin de año.
El cobre volvió a cruzar la barrera de los US$ 6 y el mercado reaccionó como corresponde ante todo número redondo que aparece en una pantalla financiera: con analistas hablando de pisos, techos, arbitrajes y tensiones geopolíticas, mientras el resto de la humanidad intenta recordar si el metal rojo se mide por libra, por tonelada o por el nivel de ansiedad que genera en las bolsas internacionales.
La semana había empezado con entusiasmo, siguió con ajuste y terminó con ese suspenso elegante de los commodities: el precio recuperó los US$ 6 en la Bolsa de Metales de Londres, pero igual cerró con una baja de 1,79%. Una especie de victoria con gusto a empate, muy propia de los mercados, donde una buena noticia puede venir acompañada de un gráfico rojo para que nadie se relaje demasiado.
El dólar, por su parte, decidió hacer de antagonista global. Subió con fuerza en el mundo, impulsado por las expectativas de nuevas alzas de tasas en Estados Unidos, y encareció la compra del cobre. En términos simples: cuando el billete verde se pone musculoso, el metal rojo empieza a transpirar. Una dinámica cromática que parece diseñada por alguien que quiso convertir la economía internacional en una pelea de superhéroes de bajo presupuesto.
Pero JP Morgan no se baja del optimismo. En su reporte de mitad de año, el banco proyecta que el cobre podría avanzar hacia los US$ 15.000 por tonelada durante el segundo semestre. La explicación llega envuelta en la habitual poesía de los bancos de inversión: el metal iría “persistentemente empujando hacia pisos y techos más altos en un camino hacia los US$15.000 la tonelada”. Una frase que suena a mantra corporativo, pero que para el mercado significa una sola cosa: todavía hay margen para que el cobre siga dando pelea.
El trasfondo es un “tira y afloja entre EE.UU. y China”, dos gigantes que no parecen dispuestos a soltar la cuerda ni aunque el árbitro se haya ido a almorzar. Estados Unidos absorbió volúmenes importantes mediante un “atractivo arbitraje COMEX/LME”, China perdió parte de su rol histórico como fijador marginal de precios y el mercado quedó más tenso que reunión familiar después de discutir política monetaria. En ese tablero, el cobre no es sólo un metal: es el termómetro brillante de una pulseada global que todavía no encuentra pausa.