Flybondi atraviesa la crisis más profunda desde su creación. La primera aerolínea low cost de la Argentina enfrenta una fuerte reducción de su operación, dificultades para abastecerse de combustible, reclamos judiciales y un pedido de quiebra, luego de varios meses marcados por cancelaciones que afectaron a cientos de miles de pasajeros.
La situación se agravó en los últimos días, cuando trascendió que la empresa llevaba cinco días consecutivos sin realizar vuelos comerciales, pese a contar con dos aeronaves en condiciones de operar. Según fuentes del sector aeronáutico, el inconveniente estaría vinculado a la interrupción del suministro de combustible Jet A-1 por parte de YPF debido a diferencias comerciales entre ambas partes.
Cancelaciones, pérdida de mercado y una flota reducida
De acuerdo con estimaciones del sector aeronáutico, entre junio de 2025 y mayo de 2026 Flybondi canceló alrededor de 2.500 vuelos, una situación que habría afectado a más de 350.000 pasajeros. Como consecuencia, la empresa registró una marcada caída en su participación dentro del mercado doméstico, pasando de concentrar cerca del 25% de los vuelos de cabotaje a niveles cercanos al 6%.
El impacto también se refleja en distintos aeropuertos del país. En Bariloche, uno de los principales destinos turísticos durante la temporada invernal, la compañía acumuló seis días consecutivos sin operar y aún no existe una fecha confirmada para la normalización del servicio, en la antesala del receso escolar.
La empresa también redujo significativamente su capacidad operativa. De las 13 aeronaves que integraban su flota, solo dos estarían en condiciones de volar. Diversas fuentes del mercado atribuyen esta situación a dificultades para afrontar los costos de mantenimiento y el pago de contratos de leasing, lo que dejó fuera de servicio a la mayor parte de los aviones.
Pedido de quiebra y suspensiones de trabajadores
El deterioro financiero comenzó además a trasladarse a los tribunales. En los últimos días, el Hotel Presidente presentó un pedido de quiebra contra Flybondi por una deuda superior a $660 millones correspondiente a servicios de alojamiento impagos. El reclamo se suma a otras demandas impulsadas por proveedores y exempleados.
Desde mediados de 2025, la compañía quedó bajo el control del grupo COC Global Enterprise, tras la salida del fondo Cartesian Capital. Aunque hacia fines del año pasado había anunciado un plan de expansión de su flota, la situación actual muestra un escenario muy diferente, con operaciones reducidas y dificultades para recuperar la confianza del mercado.
En paralelo, los trabajadores representados por la Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi (ATAF) acordaron un esquema de suspensiones rotativas con una garantía del 70% de sus ingresos. La medida alcanza a unos 1.200 empleados, de los cuales alrededor de 300 aceptaron retiros voluntarios.
Flybondi atraviesa la crisis más profunda de su historia tras acumular cancelaciones, una fuerte reducción de su flota operativa y problemas para abastecerse de combustible. La compañía enfrenta además un pedido de quiebra, reclamos judiciales y una pérdida de participación en el mercado, mientras cientos de miles de pasajeros se vieron afectados durante el último año.
Trece aviones en la flota. Dos en condiciones de volar. Cinco días sin vuelos comerciales. La matemática de la crisis terminó siendo más contundente que cualquier campaña publicitaria.
La primera aerolínea low cost del país prometía que viajar en avión sería casi tan habitual como subirse a un micro. Hoy la postal es otra: pasajeros esperando respuestas, aeropuertos con pantallas vacías y una empresa que parece intentar despegar con el tanque de la confianza marcando reserva hace demasiado tiempo.
El problema ya no pasa únicamente por las demoras o las cancelaciones que durante meses pusieron a prueba la paciencia de los viajeros. Ahora también aparecen dificultades para conseguir combustible, una flota reducida a su mínima expresión, demandas judiciales y un pedido de quiebra que agrega otro capítulo a una crisis que dejó de ser una turbulencia para transformarse en un aterrizaje de emergencia.
Mientras tanto, los anuncios de expansión realizados meses atrás quedaron archivados junto a esas valijas que nadie quiere ver dando vueltas eternamente en la cinta del aeropuerto. La distancia entre las promesas y la realidad empezó a medirse en aviones inmovilizados, rutas suspendidas y pasajeros buscando alternativas para llegar a destino.
Los trabajadores también quedaron atrapados en ese escenario. Suspensiones rotativas, retiros voluntarios y una operación reducida reflejan el impacto interno de una empresa que alguna vez quiso revolucionar el mercado aerocomercial. Al final, la turbulencia más fuerte no estaba en el pronóstico meteorológico.