El endeudamiento de los hogares sanjuaninos comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de los gastos cotidianos, con una fuerte utilización del crédito para cubrir alimentos, servicios públicos, salud y educación.
Un relevamiento permitió conocer con mayor detalle para qué utilizan el dinero quienes recurren al financiamiento.
Entre las 284 personas que respondieron sobre ese punto, el 94% indicó que había destinado el dinero obtenido mediante crédito a la compra de alimentos.
Además, 203 encuestados, equivalentes al 67,4%, utilizaron esos fondos para pagar servicios públicos.
Otros 160, el 53,2%, señalaron que recurrieron al financiamiento para afrontar gastos relacionados con la salud.
Los gastos educativos fueron mencionados por 108 personas, el 35,9%, mientras que 24 encuestados, el 8%, utilizaron el dinero para transporte.
El crédito comenzó a cubrir gastos básicos
Los datos muestran que el endeudamiento no está relacionado exclusivamente con consumos extraordinarios o compras de alto valor.
En una parte importante de los hogares, el crédito comenzó a ser utilizado para cubrir necesidades habituales del presupuesto mensual.
En cuanto a los tipos de deuda acumulados, los servicios públicos encabezaron la lista con 163 menciones, correspondientes al 54,2% de los encuestados endeudados.
Luego aparecieron las tarjetas de crédito, con 159 casos, equivalentes al 52,8%.
Los préstamos personales o financieros fueron mencionados por 147 personas, el 48,8%.
De las tarjetas a los «créditos de la casa»
Desde el sector comercial señalaron que muchas familias comienzan a buscar nuevas alternativas financieras cuando ya tienen comprometida gran parte de su capacidad de endeudamiento con tarjetas de crédito o préstamos anteriores.
En ese escenario aparecen los denominados «créditos de la casa», utilizados en algunos casos para cancelar obligaciones previas o afrontar gastos que quedaron pendientes.
Economistas sanjuaninos ya habían advertido sobre el riesgo de que esta dinámica derive en una cadena creciente de compromisos financieros.
Tomar un nuevo préstamo puede resolver una urgencia inmediata, especialmente cuando permite reemplazar una deuda costosa por otra con mejores condiciones.
Sin embargo, cuando el nuevo financiamiento se utiliza únicamente para cancelar obligaciones anteriores sin disminuir el costo financiero, el problema puede trasladarse hacia adelante y aumentar con el tiempo.
Los especialistas describieron ese mecanismo como una «bola de nieve».
El mismo fenómeno también fue señalado desde la Asociación de Inquilinos de San Juan, donde hablaron de los «préstamos de los préstamos».
La dinámica consiste en obtener dinero para cancelar una obligación previa y, posteriormente, volver a financiarse para poder afrontar la cuota generada por ese nuevo compromiso.
El comercio también siente la falta de liquidez
El crecimiento de la demanda de créditos coincide con un escenario complejo para los comercios sanjuaninos.
Durante las últimas semanas, distintos negocios adelantaron liquidaciones que tradicionalmente se concentran en septiembre y ampliaron promociones con el objetivo de recuperar ventas.
Hermes Rodríguez, presidente de la Cámara de Comercio de San Juan, había advertido sobre la necesidad de generar liquidez debido al bajo movimiento registrado en los locales.
Según explicó, las promociones no apuntan solamente a atraer consumidores o renovar mercadería, sino también a convertir stock en dinero para poder afrontar compromisos.
El escenario expone así una doble presión: mientras los comercios buscan efectivo para sostener su actividad, una parte de los hogares recurre cada vez más al crédito para cubrir gastos esenciales.
Alimentos, servicios, salud y educación aparecen entre los principales destinos del dinero prestado, en un contexto donde el endeudamiento comenzó a incorporarse al funcionamiento cotidiano de muchas familias sanjuaninas.
Un relevamiento en San Juan mostró que gran parte del endeudamiento familiar se destina a cubrir gastos básicos. El 94% de quienes respondieron sobre el uso del financiamiento indicó que utilizó el dinero para comprar alimentos, mientras que también crecieron los préstamos para pagar servicios, salud y educación. Especialistas advierten sobre el riesgo de encadenar nuevas deudas para cancelar obligaciones anteriores.
El 94% usó el crédito para comprar alimentos. No para cambiar el auto, viajar o renovar el living: para llenar la heladera. En San Juan, el financiamiento empezó a ocupar un lugar que antes pertenecía directamente al ingreso mensual, como si la tarjeta y el préstamo hubieran sido incorporados al presupuesto familiar con la naturalidad del gas y la luz.
Los números siguen por el mismo camino: el 67,4% destinó dinero prestado al pago de servicios públicos y el 53,2% a gastos de salud. También aparecen educación y transporte. La deuda, en muchos hogares, dejó de financiar excepciones y pasó a cubrir lo cotidiano, una especie de delivery financiero donde el pedido llega hoy y la cuenta se queda varios meses.
El problema se vuelve más pesado cuando el crédito nuevo no reemplaza una deuda cara por otra mejor, sino que sirve solamente para apagar el incendio anterior. Ahí aparecen los «créditos de la casa», los préstamos personales, las tarjetas y esa mecánica que los especialistas describen como una «bola de nieve»: pagar una cuota con otra deuda y después necesitar una tercera para cubrir la segunda.
Desde el sector de inquilinos también describieron los «préstamos de los préstamos», una expresión que suena exagerada hasta que uno descubre que explica bastante bien cómo funciona el problema. Cuando el sueldo llega comprometido y la tarjeta ya está cargada, la nueva financiación puede ser menos una oportunidad que otro vencimiento esperando turno.
Todo ocurre mientras el comercio sanjuanino intenta generar liquidez con promociones y liquidaciones adelantadas por la caída de las ventas. Los negocios necesitan efectivo y las familias necesitan crédito para sostener consumos básicos. Una economía donde unos buscan desesperadamente vender y otros necesitan endeudarse para comprar.
La deuda todavía figura como financiamiento. En muchos hogares, ya funciona como parte de la despensa.