La estrategia de Estados Unidos para reducir su dependencia de China en minerales críticos encuentra en Argentina una dificultad concreta: las compañías de capital chino continúan ampliando su participación en la minería y aparecen vinculadas con algunos de los proyectos más relevantes que buscan ingresar o ya fueron incorporados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
La presencia es especialmente significativa en el sector del litio. Al sumar los proyectos aprobados y aquellos que todavía esperan una definición oficial, cerca del 70% de la capacidad productiva anunciada corresponde a desarrollos con participación directa de capital chino.
Ese porcentaje no implica que China sea propietaria de una proporción equivalente de la producción argentina, pero permite dimensionar el peso alcanzado por sus empresas dentro del proceso de expansión minera.
«China tiene una ventaja difícil de revertir porque no solamente aporta capital, sino que controla buena parte de la cadena industrial del litio. Para Argentina es muy difícil pensar una expansión acelerada de la producción sin financiamiento o participación de empresas chinas», explicó a LPO un analista del sector minero.
Ganfeng y Zijin avanzan dentro del RIGI
La presencia china ya puede observarse entre las iniciativas incorporadas al régimen. En junio, el Gobierno aprobó la ampliación de Cauchari-Olaroz, en Jujuy, operación encabezada por Minera Exar y con participación de Ganfeng Lithium, Lithium Argentina y la estatal jujeña JEMSE.
La segunda etapa contempla una inversión estimada de entre US$1.166 millones y US$1.241 millones y permitirá elevar la capacidad del emprendimiento hasta aproximadamente 85.000 toneladas anuales.
Un mes después fue aprobado Tres Quebradas, en Catamarca. El proyecto pertenece a Liex, controlada por Zijin Mining, que proyecta desembolsar alrededor de US$709 millones para desarrollar una segunda etapa con capacidad para producir otras 40.000 toneladas anuales de carbonato de litio.
Zijin controla el 100% del emprendimiento.
Entre ambos desarrollos, las empresas chinas ya participan directamente en proyectos aprobados por el RIGI con una capacidad conjunta cercana a las 125.000 toneladas anuales. La cifra podría incrementarse considerablemente si el Ministerio de Economía autoriza expedientes que todavía permanecen bajo evaluación.
«China tiene una ventaja difícil de revertir porque no solamente aporta capital, sino que controla buena parte de la cadena industrial del litio. Para Argentina es muy difícil pensar una expansión acelerada de la producción sin financiamiento o participación de empresas chinas.»
El proyecto de US$3.000 millones que puede cambiar el mapa del litio
Uno de los emprendimientos de mayor escala es Pozuelos-Pastos Grandes (PPG), en Salta. Ganfeng desarrolla el proyecto junto con Lithium Argentina y prevé una inversión de US$3.000 millones.
El plan contempla alcanzar una producción de hasta 150.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente, distribuidas en tres etapas. Una vez consolidada la estructura societaria, Ganfeng tendrá una participación del 67% y Lithium Argentina conservará el 33% restante.
«Si PPG finalmente entra al RIGI, el peso de Ganfeng en el mapa argentino cambia de escala. Es un proyecto que por sí solo puede alcanzar una capacidad superior a la de varias operaciones que actualmente están en producción», señaló la fuente consultada por LPO.
La presencia asiática se extiende a otros emprendimientos. CNGR Advanced Material presentó un proyecto para el Salar de Jama, en Jujuy, con una inversión prevista de US$1.151 millones y una capacidad estimada de 22.000 toneladas anuales.
A ese desarrollo se suma Litio Ángeles, vinculado a Tibet Summit/Xizang Zhufeng, que contempla una inversión aproximada de US$726 millones para producir unas 50.000 toneladas.
La expansión china tampoco se limita al litio. En San Juan, Veladero, la mina de oro y plata controlada en partes iguales por Barrick y Shandong Gold, también ingresó al RIGI mediante la ampliación de las fases 8 y 9 de su sistema de lixiviación.
El vínculo con Estados Unidos y una tensión difícil de evitar
El avance de estas inversiones ocurre mientras el Gobierno de Javier Milei profundiza su alineamiento político con Donald Trump. Estados Unidos convirtió el acceso a minerales críticos en una cuestión de seguridad nacional y busca disminuir especialmente su dependencia de cadenas de suministro procesadas en China.
En febrero, Argentina y Estados Unidos firmaron un acuerdo sobre minerales críticos. Sin embargo, el canciller Pablo Quirno aclaró que ese entendimiento no supone excluir las inversiones provenientes de China.
«Washington puede intentar limitar la dependencia china en sus propias cadenas de suministro, pero es mucho más difícil pedirle a Argentina que rechace inversiones por miles de millones de dólares. El RIGI fue diseñado para atraer capital y no establece una diferenciación geopolítica sobre su origen», explicó el operador consultado.
«Washington puede intentar limitar la dependencia china en sus propias cadenas de suministro, pero es mucho más difícil pedirle a Argentina que rechace inversiones por miles de millones de dólares. El RIGI fue diseñado para atraer capital y no establece una diferenciación geopolítica sobre su origen.»
La situación expone una de las principales tensiones de la estrategia internacional del Gobierno. Mientras Milei consolidó una relación política privilegiada con Washington, la economía argentina mantiene vínculos significativos con Beijing.
China continúa entre los principales compradores de productos argentinos, incrementó su participación en la minería y conserva además un papel relevante en las reservas internacionales del Banco Central mediante el swap de monedas.
La dimensión comercial refleja esa relación. Durante el primer semestre, las exportaciones mineras alcanzaron los US$4.742 millones, un crecimiento del 74,4% respecto del mismo período de 2025.
China concentró el 20% de esas ventas mineras argentinas, mientras que Estados Unidos representó el 9%.
En paralelo, el RIGI se consolidó como una herramienta central para la expansión de las grandes inversiones. El régimen acumula 21 proyectos aprobados por US$46.708 millones, de los cuales 12 pertenecen al sector minero.
Además, permanecen bajo análisis otros 23 proyectos por US$152.271 millones, entre ellos siete iniciativas mineras.
El escenario plantea así una tensión entre los objetivos geopolíticos de Estados Unidos y la realidad económica de la minería argentina: mientras Washington busca reducir la influencia china sobre las cadenas globales de minerales críticos, el RIGI puede contribuir a profundizar la participación de empresas de Beijing en algunos de los recursos estratégicos más importantes del país.
Las empresas chinas consolidan su presencia en la minería argentina y concentran una participación relevante en proyectos de litio vinculados al RIGI. Mientras Estados Unidos busca reducir su dependencia de China en minerales críticos, el Gobierno de Javier Milei enfrenta una tensión entre su alineamiento con Washington y la necesidad de atraer inversiones para desarrollar recursos estratégicos.
La geopolítica minera argentina consiguió una combinación digna de manual diplomático avanzado: Javier Milei fortalece su vínculo con Donald Trump mientras algunas de las mayores inversiones destinadas a extraer los minerales que Estados Unidos considera estratégicos llegan precisamente desde China. Washington pide reducir dependencias, Beijing despliega capital y el RIGI, fiel a su diseño, observa los pasaportes de los inversores con aproximadamente el mismo interés con el que una calculadora evalúa una bandera.
El litio concentra buena parte de esa paradoja. Si se consideran los proyectos aprobados y los que esperan autorización, cerca del 70% de la capacidad anunciada corresponde a desarrollos con participación directa de empresas chinas. Eso no convierte automáticamente a China en propietaria del 70% del litio argentino, pero sí permite entender por qué intentar diseñar una expansión acelerada del sector sin capital asiático podría parecerse bastante a organizar una competencia de automovilismo y después descubrir que alguien decidió prescindir de los motores.
Ganfeng, Zijin, CNGR y otras compañías aparecen en proyectos de Jujuy, Catamarca y Salta, mientras Shandong Gold comparte con Barrick el control de Veladero, en San Juan. La presencia china, por lo tanto, ya no constituye una hipótesis futura sino una parte concreta del mapa minero argentino. Y ese mapa coincide con otro dato incómodo para cualquier estrategia de alineamiento automático: China recibe una porción mayor de las exportaciones mineras argentinas que Estados Unidos.
El Gobierno intenta resolver la ecuación sin elegir públicamente entre dos gigantes. Por un lado, profundiza su asociación política con Washington y suscribe acuerdos sobre minerales críticos. Por otro, sostiene que esos entendimientos no implican cerrar las puertas al capital chino. Traducido al lenguaje de la supervivencia económica: amistad estratégica con Estados Unidos, inversiones bienvenidas desde China y que la diplomacia consiga explicar el resto sin que nadie tire el tablero.
El RIGI amplifica esa tensión porque fue creado precisamente para seducir inversiones multimillonarias, no para someterlas a un examen ideológico previo. Con decenas de proyectos aprobados o bajo estudio, la Argentina busca convertir sus recursos en producción y exportaciones mientras las dos mayores potencias mundiales disputan quién controla las cadenas de suministro. El país parece haber conseguido así un lugar privilegiado en la nueva Guerra Fría de los minerales: sentado sobre el litio mientras Washington y Beijing discuten quién debería financiar la pala.