Las redes privadas virtuales, conocidas como VPN, son utilizadas para cifrar parte del tráfico de internet y modificar la dirección IP visible durante una conexión. Sin embargo, algunas aplicaciones que se presentan como servicios VPN pueden utilizar el celular del usuario como intermediario para el tráfico de terceros.

El mecanismo puede convertir al dispositivo en un denominado “proxy residencial”. En ese esquema, conexiones originadas por otras personas o sistemas salen a internet utilizando la dirección IP correspondiente al usuario que instaló la aplicación.

Esto permite que actividades realizadas por terceros aparezcan asociadas a una conexión doméstica o móvil distinta de su verdadero origen.

Cómo puede utilizarse la IP de la víctima

Cuando un dispositivo funciona como proxy residencial, el tráfico de otra persona puede circular a través de su conexión a internet.

De esta manera, la dirección IP del usuario puede terminar vinculada con actividades que no realizó, mientras quienes generan ese tráfico ocultan su ubicación o infraestructura real.

Este tipo de mecanismos puede ser aprovechado para fraudes, ataques informáticos, automatizaciones abusivas o redes de bots, entre otras actividades destinadas a dificultar la identificación del origen de las conexiones.

El riesgo no implica que todas las aplicaciones gratuitas de VPN funcionen de esta manera. Sin embargo, utilizar servicios desconocidos o con prácticas de privacidad poco transparentes puede aumentar la exposición del dispositivo y de la conexión.

Qué revisar antes de instalar una VPN

Para reducir riesgos, se recomienda descargar aplicaciones únicamente desde sitios oficiales o tiendas autorizadas y verificar quién es el desarrollador responsable del servicio.

También resulta importante revisar los permisos solicitados por la aplicación. Una VPN necesita determinadas autorizaciones para administrar el tráfico de red, pero permisos excesivos o sin una justificación clara pueden constituir una señal de alerta.

Otro criterio relevante es analizar la política de privacidad del proveedor y comprobar si el servicio cuenta con auditorías independientes que permitan verificar sus prácticas de seguridad y tratamiento de datos.

La gratuidad, por sí sola, no determina que una VPN sea insegura. Tampoco garantiza lo contrario. El punto central es conocer cómo se financia el servicio y qué tratamiento realiza de la información y de la conexión de sus usuarios.

Qué hacer si ya se instaló una aplicación sospechosa

Si existen dudas sobre una VPN instalada, la recomendación es desinstalarla y eliminar también cualquier configuración de red que haya dejado en el dispositivo.

Como medida adicional, conviene cambiar las contraseñas de las cuentas importantes desde otro dispositivo considerado seguro, especialmente si durante el período de uso se ingresaron credenciales personales.

También es aconsejable revisar movimientos bancarios, accesos recientes a las cuentas y el consumo de datos móviles o de internet, ya que un uso inusual podría aportar indicios sobre actividad no reconocida.

En caso de detectar accesos sospechosos, movimientos financieros desconocidos o modificaciones en cuentas personales, será necesario actuar sobre cada servicio afectado y reforzar sus mecanismos de seguridad.

Una VPN tampoco debe considerarse una solución integral de ciberseguridad. No protege automáticamente contra virus, phishing, robo de contraseñas ni aplicaciones maliciosas.

Su función principal está vinculada con la administración y protección del tráfico de red. La seguridad del dispositivo sigue dependiendo de factores como la procedencia de las aplicaciones instaladas, las contraseñas utilizadas, los permisos otorgados y la capacidad del usuario para reconocer intentos de fraude.