La Corte Suprema se prepara para resolver una controversia originada en Formosa que podría tener consecuencias políticas más allá de esa provincia y convertirse en un elemento inesperado dentro de la discusión interna del peronismo de cara a 2027.
El conflicto comenzó alrededor de la posibilidad de una nueva candidatura de Gildo Insfrán, gobernador de Formosa desde 1995, aunque el debate ya excede su situación particular.
Los gobernadores Raúl Jalil, de Catamarca; Gustavo Sáenz, de Salta; y Osvaldo Jaldo, de Tucumán, también tienen por delante definiciones sobre su futuro político y mantienen abierta, bajo situaciones jurídicas diferentes, la posibilidad de continuar en el poder después de 2027.
Los tres integran además el grupo de mandatarios provinciales de extracción peronista que durante la gestión de Javier Milei optó por mantener una relación de cooperación con el Gobierno nacional.
Jalil, Sáenz y Jaldo negociaron con la Casa Rosada, acompañaron iniciativas del oficialismo o contribuyeron a garantizar gobernabilidad en distintos momentos de la administración libertaria.
La discusión dentro del peronismo
Esa posición comenzó a tener nuevas implicancias dentro del Partido Justicialista. En las últimas semanas, distintos sectores del PJ avanzaron en conversaciones orientadas a consolidar una coordinación política más dura frente al Gobierno nacional.
En ese contexto también comenzó a discutirse qué lugar tendrán en una eventual construcción opositora para 2027 los dirigentes que durante los primeros años de Milei eligieron colaborar con la Casa Rosada.
En medio de ese debate político apareció una nueva intervención de la Corte Suprema.
La controversia por la reelección de Insfrán
En diciembre de 2024, el máximo tribunal declaró inconstitucional el régimen que permitía la reelección indefinida del gobernador y vicegobernador de Formosa.
Después de ese fallo, la provincia reformó su Constitución e incorporó un límite de dos períodos consecutivos. Sin embargo, el nuevo texto incluyó una cláusula transitoria que abrió una nueva controversia judicial.
La disposición establece que el mandato de las autoridades que se encontraban en funciones al momento de sancionarse la reforma será considerado como el primero bajo el nuevo régimen.
En los hechos, ese criterio dejaría a Insfrán en condiciones de intentar una nueva candidatura en 2027.
Ante esa situación, la oposición volvió a recurrir a la Corte Suprema. La Confederación Frente Amplio Formoseño, integrada por la UCR, el PRO, la Coalición Cívica y otros espacios opositores, presentó una acción contra la cláusula transitoria cuarta.
La semana pasada, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti declararon la competencia originaria de la Corte para intervenir en el planteo.
Si Insfrán fuera habilitado para competir, se presentara nuevamente y resultara ganador, iniciaría su noveno mandato consecutivo.
Un fallo limitado jurídicamente, pero con impacto político
El expediente tiene alcances jurídicos concretos. Una eventual sentencia contraria a Insfrán no inhabilitaría automáticamente a otros gobernadores ni resolvería controversias que se encuentran reguladas por constituciones provinciales diferentes.
Sin embargo, una nueva decisión de la Corte que consolide una interpretación restrictiva sobre las reelecciones y, especialmente, sobre los mecanismos utilizados para comenzar a contabilizar los mandatos hacia adelante, podría generar una repercusión política considerable en otras provincias.
En ese escenario, el caso iniciado en Formosa podría convertirse en una referencia central para futuras discusiones sobre continuidad en el poder y sumarse a una interna peronista que ya comenzó a ordenar posiciones con vistas a 2027.
La Corte Suprema intervendrá en una nueva controversia por la reelección de Gildo Insfrán en Formosa, luego de que una cláusula transitoria de la Constitución provincial reformada habilitara la posibilidad de otra candidatura en 2027. Aunque el expediente se limita jurídicamente a esa provincia, el criterio que adopte el tribunal podría tener repercusiones políticas sobre otros gobernadores peronistas.
La Corte Suprema recibió un expediente nacido en Formosa y, sin haber comprado entrada para la función, terminó sentándose en primera fila de la interna peronista. El protagonista inicial es Gildo Insfrán, gobernador desde 1995 y figura central de una discusión que parece haber encontrado una habilidad particular para sobrevivir a reformas constitucionales, fallos judiciales y al simple paso del calendario.
El asunto, sin embargo, ya no termina en los límites formoseños. Raúl Jalil, Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo miran el escenario desde Catamarca, Salta y Tucumán con realidades jurídicas distintas pero una pregunta política semejante: qué margen existirá para continuar en el poder después de 2027. Como detalle nada menor, los tres forman parte del grupo de gobernadores de origen peronista que eligió negociar con Javier Milei, una decisión que dentro del PJ empieza a ser revisada con el entusiasmo habitual de una familia cuando aparecen las facturas después de la cena.
La cuestión central es una cláusula transitoria de la Constitución reformada de Formosa. Después de que la Corte declarara inconstitucional la reelección indefinida, la provincia incorporó un límite de dos mandatos consecutivos, pero estableció que el período en curso contaría como el primero bajo las nuevas reglas. En términos políticos, el reloj fue puesto nuevamente en hora justo cuando algunos sospechaban que llevaba décadas funcionando perfectamente.
Ahora serán Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti quienes deberán resolver una disputa estrictamente jurídica que puede terminar produciendo ondas expansivas mucho más amplias. Una sentencia sobre Insfrán no resolverá automáticamente las situaciones de otros gobernadores, pero en la política argentina los precedentes suelen viajar más rápido que los expedientes. Y si el fallo endurece el criterio sobre cómo deben contabilizarse los mandatos, más de una gobernación podría descubrir que 2027 dejó de ser una fecha electoral para convertirse en una incómoda ecuación constitucional.