Jorge “Roña” Castro coordina una red de comedores en el conurbano bonaerense que creció de manera sostenida desde la pandemia y que actualmente asiste a familias enteras, jubilados, personas desempleadas y trabajadores que no consiguen cubrir sus necesidades básicas.
El exboxeador y excampeón mundial administra cuatro comedores propios y colabora con el abastecimiento de otros diez establecimientos ubicados en distintos barrios.
La asistencia también se extendió hacia pedidos provenientes de otros municipios, entre ellos Almirante Brown y Ezeiza.

De una olla popular a una red de comedores
La iniciativa comenzó durante los meses más duros de la pandemia dentro del gimnasio de Castro.
“Empezamos con una olla popular y después hicimos una olla para treinta, vinieron 70 y así sucesivamente empezamos con las ollas en mi gimnasio”, recordó.
Cuando el espacio no pudo volver a funcionar como gimnasio, Castro decidió mantener allí la asistencia alimentaria.
En menos de dos años, el proyecto se expandió y consolidó presencia en Villa Fiorito, Temperley y otros puntos del conurbano bonaerense.
Actualmente, el abastecimiento proviene de distintas fuentes.
Castro indicó que recibe alimentos del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, además de aportes de empresas y productores de diferentes puntos del país.
Entre los productos mencionó envíos desde Buenos Aires, donaciones de una fábrica de Quilmes, galletas provenientes de Santa Fe y azúcar enviada desde Tucumán.
También destacó la colaboración de la Fundación Locomotora Castro y de la Asociación Civil El Roña Castro.
“Mientras que podamos ayudar, ayudamos”, afirmó.

Ya no llegan solamente los chicos
Uno de los principales cambios detectados por Castro está relacionado con el perfil de las personas que recurren a los comedores.
“Antes le dábamos de comer a los chicos, ahora le damos de comer a los padres, las madres, a los abuelos. Hoy en día mucha gente grande, mucha gente mayor”, describió.
Según explicó, también aumentó la presencia de personas que tienen empleo formal o informal pero cuyos ingresos no alcanzan para llegar a fin de mes.
Castro relató una de las situaciones que comenzó a repetirse: “Hoy va alguien y me dice: ‘Roña, disculpame, pero en realidad no llego a fin de mes. Tengo trabajo, pero ¿puedo venir a comer?’”.
Muchos de quienes llegan por primera vez sienten vergüenza y prefieren retirar alimentos para consumirlos posteriormente en sus viviendas.
La preparación más habitual es el guiso, debido a que permite aprovechar mejor los alimentos disponibles y servir una mayor cantidad de porciones.
Cuando la red recibe productos ricos en proteínas, también son distribuidos entre las personas que asisten a los comedores.
La mirada de Castro sobre la pobreza
El exboxeador también cuestionó el contraste entre la situación que observa diariamente en los barrios y los indicadores oficiales sobre pobreza.
“Veo cada día que estamos peor, cada vez más pobreza, porque yo veo que se llenan la boca y sacamos trece millones de personas de la pobreza y a mí cada vez se me llenan más los comedores”, afirmó Castro.
Su testimonio describe una demanda que, según sostiene, dejó de concentrarse exclusivamente en niños y hogares sin ingresos para alcanzar también a adultos mayores y personas que trabajan.
La red mantiene actualmente cuatro comedores propios y abastece a otros diez, mientras continúa recibiendo pedidos de asistencia desde diferentes localidades del conurbano bonaerense.
El exboxeador Jorge “Roña” Castro coordina una red de comedores en el conurbano bonaerense que creció desde la pandemia y hoy asiste no sólo a niños, sino también a familias enteras, jubilados y trabajadores que no llegan a fin de mes. Actualmente administra cuatro comedores propios y abastece a otros diez con aportes públicos, empresariales y de productores.
“Antes le dábamos de comer a los chicos, ahora le damos de comer a los padres, las madres, a los abuelos.” La frase de Jorge “Roña” Castro resume un cambio que ninguna planilla puede maquillar demasiado: los comedores que antes recibían principalmente a niños hoy también sostienen a trabajadores, jubilados y familias completas.
La red nació durante la pandemia con una olla popular en su gimnasio. Prepararon comida para treinta personas y llegaron setenta. Después la demanda siguió creciendo y el esquema terminó convirtiéndose en cuatro comedores propios y asistencia para otros diez. La estadística oficial puede discutir porcentajes; la olla, en cambio, cuenta platos.
Castro asegura que incluso se acercan personas con trabajo que no consiguen cubrir el mes y preguntan, con vergüenza, si pueden llevar una vianda a sus casas. Ahí aparece una postal bastante menos abstracta que cualquier debate económico: tener empleo dejó de ser garantía suficiente para quedar lejos de un comedor.
La asistencia se sostiene con alimentos enviados por la Provincia, empresas, productores y organizaciones vinculadas al exboxeador. Galletas desde Santa Fe, azúcar desde Tucumán, productos desde Buenos Aires y guiso como fórmula principal para hacer rendir cada entrega.
Castro cuestionó además el contraste entre los discursos sobre la reducción de la pobreza y lo que observa todos los días. “Veo cada día que estamos peor, cada vez más pobreza, porque yo veo que se llenan la boca y sacamos trece millones de personas de la pobreza y a mí cada vez se me llenan más los comedores”, afirmó.
El ring cambió. Ahora la pelea es conseguir que alcance la olla.