Gladys «La Bomba Tucumana» expuso la difícil situación que atraviesa con su emprendimiento gastronómico y reveló que analiza cerrar su local de empanadas ante la dificultad para sostener los costos diarios del negocio.
La cantante abordó el tema durante su participación en La Noche de Mirtha (El Trece), programa conducido en esta oportunidad por Juana Viale, donde vinculó su experiencia personal con la situación que atraviesan pymes, comerciantes y trabajadores independientes.
“Por ejemplo, la pobreza que hay, las pymes que cierran, los emprendedores. Yo soy una emprendedora, por eso hablo con conocimiento de causa. Ya estoy viendo si voy a cerrar o voy a continuar. Me va excelente, pero los gastos que tengo para mantener mi local directamente no coindicen con el ingreso que tengo”, explicó sobre la realidad de su local de empanadas.
La preocupación por los comercios y el consumo
Gladys sostuvo que su situación no sería un caso aislado y describió un escenario marcado por el cierre de comercios y las dificultades para sostener las ventas.
“Y no solo yo… Vas por una cuadra y hay 90 negocios cerrados, uno solo abierto que no vende nada, con la exportación que se abrió también, y que está bueno, porque la gente que no tiene recursos, dinero, por ahí podés comprar cosas más baratas, pero está costando un montón salir adelante”.
La artista puso el foco especialmente en el incremento de los costos de los insumos que necesita para mantener funcionando su emprendimiento gastronómico.
El fuerte aumento que detectó en uno de sus insumos
Para ejemplificar la situación, Gladys relató una suba que registró en pocos días al momento de comprar mercadería para su negocio.
“La semana pasada, compré una bolsa de cebollas para mi local. Me costó 17 mil pesos el viernes, y el lunes me costó 28. Y hoy no sé cuánto está”.
Ante ese escenario, la cantante reconoció que está evaluando si continuará con su local de empanadas o si finalmente optará por cerrarlo, pese a asegurar que el nivel de actividad comercial del emprendimiento es bueno.
Gladys «La Bomba Tucumana» contó que evalúa cerrar su local de empanadas debido al aumento de los costos y la dificultad para sostener los gastos fijos. Durante su participación en La Noche de Mirtha, la cantante vinculó su situación con la crisis que atraviesan comerciantes, pymes y emprendedores, y describió fuertes subas en los insumos de su negocio.
Gladys «La Bomba Tucumana» pasó de cantar sobre corazones explosivos a enfrentarse con una bomba bastante menos bailable: la estructura de costos de un comercio argentino. La cantante contó que su local de empanadas funciona bien, pero que los gastos necesarios para mantenerlo abierto avanzan a una velocidad que convierte cualquier planilla de Excel en material de suspenso psicológico. Vender mucho, según su relato, ya no garantiza necesariamente que el negocio cierre por rentabilidad y no, precisamente, por decisión de su dueña.
El ejemplo elegido por la artista tuvo como protagonista a una humilde bolsa de cebollas, producto que consiguió transformarse en pocos días en una especie de activo financiero de alta volatilidad. La semana anterior, relató, pagó 17 mil pesos un viernes y 28 mil el lunes siguiente. Una evolución de precio suficientemente vertiginosa como para que cualquiera sospeche que las cebollas dejaron la verdulería y empezaron a cotizar en una terminal de Bloomberg.
Pero Gladys aseguró que su caso forma parte de un escenario mucho más amplio. Habló de comercios cerrados, locales con pocas ventas y emprendedores que deben revisar permanentemente si continuar tiene sentido económico. El panorama que describió tiene una paradoja particularmente argentina: un negocio puede tener clientes, reconocimiento y buenas ventas y, aun así, terminar discutiendo con la calculadora sobre la conveniencia de seguir existiendo.
Así, la intérprete llevó a una mesa televisiva una preocupación cotidiana de miles de comerciantes: sostener alquileres, servicios, mercadería y otros costos mientras los precios cambian con una frecuencia capaz de dejar obsoleta cualquier previsión antes del siguiente pedido al proveedor. En este capítulo, la farándula cedió espacio a la economía real y la estrella invitada terminó siendo una bolsa de cebollas que, sin pedir camarín ni representante, consiguió quedarse con buena parte del protagonismo.