Alternativa para Alemania (AfD) profundizó su avance electoral tras imponerse en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, mientras la Unión Cristianodemócrata (CDU) del canciller Friedrich Merz sufrió un resultado histórico que incrementó las tensiones alrededor del liderazgo del jefe de Gobierno.
Según los resultados preliminares oficiales, la AfD obtuvo el 38,2% de los votos, seguida por el Partido Socialdemócrata (SPD), con el 35,5%. La CDU quedó en el 4,9%, por debajo del umbral necesario para ingresar al Parlamento regional, en el peor resultado de su historia en una elección de este nivel.
Pese a quedar en primer lugar, la AfD no dispone por sí sola de los apoyos necesarios para gobernar y las demás fuerzas mantienen su rechazo a integrar una coalición con el partido. El SPD conserva, por lo tanto, posibilidades de construir una mayoría junto con otras fuerzas.
La AfD aumenta la presión sobre Merz
Los dirigentes de la AfD utilizaron el resultado para cuestionar directamente la continuidad del canciller y presentar al partido como una nueva fuerza central dentro del escenario político alemán.
“El canciller no llegará con toda seguridad a final de año”, declaró Leif-Erik Holm, principal candidato de la AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. “Creo que el ocaso del canciller ha comenzado”, añadió.
La copresidenta de la AfD, Alice Weidel, también reivindicó el crecimiento electoral de su espacio. “Hemos reemplazado a la CDU como partido del pueblo”, aseguró.
Las declaraciones representan la interpretación política de los dirigentes de la AfD y no determinan por sí mismas la continuidad del Gobierno federal. Merz continúa como canciller y la conducción de la CDU expresó respaldo a su permanencia tras los resultados regionales.
El revés en Mecklemburgo-Pomerania Occidental se produjo además después de otras elecciones adversas para la CDU. En Berlín, Die Linke ganó los comicios regionales con el 25,7%, mientras la CDU quedó segunda con el 18,8%.
La AfD también había conseguido semanas antes una amplia victoria en Sajonia-Anhalt, donde quedó cerca de alcanzar la mayoría absoluta de escaños, aunque sin los respaldos suficientes para formar gobierno.
Merz promete continuar pese al “desastre”
Ante las especulaciones sobre su futuro político, Merz reconoció el duro resultado de la CDU pero aseguró que continuará al frente del Gobierno.
“La confianza en las instituciones de nuestro país está disminuyendo” y está siendo “activamente socavada por partidos radicales tanto de izquierdas como de derechas”, aseguró Merz en televisión.
“Lo que hay que hacer ahora requiere determinación, firmeza y paciencia”, declaró. “Lo demostraré como presidente de la CDU y, sobre todo, como canciller de nuestro país”.
El Gobierno federal se sostiene sobre una coalición entre la CDU/CSU y el SPD. Los socialdemócratas mantienen por el momento su participación, aunque reclamaron modificaciones en la orientación del Ejecutivo.
“Seguimos comprometidos con esta coalición, pero no podemos continuar como en estos últimos meses. Hace falta cambios”, dijo Lars Klingbeil, dirigente del SPD y ministro de Finanzas.
“Ir de cabeza contra el muro, explicando que basta con ser aún más estrictos en lo que hemos hecho hasta ahora y que la gente acabará por entender, eso no va a funcionar”, insistió.
La CDU enfrenta una etapa de fuerte presión interna
Merz lleva apenas 16 meses como canciller y enfrenta un escenario marcado por resultados electorales adversos, dificultades económicas y el crecimiento de fuerzas ubicadas fuera del tradicional centro político alemán.
El canciller canceló su viaje previsto a Nueva York para participar de la Asamblea General de Naciones Unidas mientras la CDU analiza las consecuencias de las derrotas regionales.
Entre los dirigentes mencionados públicamente como eventuales alternativas dentro del espacio conservador aparecen Hendrik Wüst, jefe del Gobierno de Renania del Norte-Westfalia, y Markus Söder, jefe del Gobierno de Baviera y líder de la CSU. Ninguno planteó abiertamente una candidatura para reemplazar a Merz.
Cuando asumió como canciller en mayo de 2025, Merz prometió impulsar la economía alemana, fortalecer las Fuerzas Armadas y reducir la inmigración irregular. Los recientes resultados regionales muestran, sin embargo, un escenario político cada vez más fragmentado y una creciente competencia para los partidos tradicionales.
La victoria de la AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental no le garantiza el acceso al gobierno regional, pero consolida su crecimiento electoral y aumenta la presión sobre una CDU que enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.
Alternativa para Alemania (AfD) ganó las elecciones regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,2% de los votos, mientras la CDU del canciller Friedrich Merz quedó fuera del Parlamento regional con un histórico 4,9%. Los dirigentes de la AfD reivindicaron su crecimiento y pronosticaron la salida anticipada del canciller, quien descartó retroceder y prometió mantener su agenda de reformas.
La política alemana acaba de descubrir que la palabra “desastre” también puede formar parte del vocabulario oficial de un canciller. Friedrich Merz utilizó el término después de observar cómo la CDU obtuvo un 4,9% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, cifra particularmente incómoda porque el Parlamento exige un 5% para ingresar. En términos electorales, fue como llegar a la estación cuando el tren todavía está visible, pero las puertas ya cerraron.
La AfD, naturalmente, interpretó el resultado con bastante menos dramatismo. Después de alcanzar el primer lugar, sus dirigentes anunciaron prácticamente una mudanza en el sistema político alemán. “Hemos reemplazado a la CDU como partido del pueblo”, afirmó Alice Weidel, mientras Leif-Erik Holm directamente puso fecha de vencimiento política al canciller: “El canciller no llegará con toda seguridad a final de año”. La democracia alemana, siempre conocida por su entusiasmo por los procedimientos ordenados, entró así en esa etapa en la que los adversarios ya discuten el funeral político mientras el interesado insiste en que todavía tiene reuniones agendadas.
Merz respondió que continuará. El SPD dijo que mantiene la coalición, aunque reclamó cambios. Y los posibles sucesores mencionados públicamente todavía no levantaron la mano. Alemania quedó entonces ante una situación extraordinariamente europea: todos reconocen que existe un problema, nadie coincide completamente sobre la solución y, mientras tanto, probablemente haya una reunión para analizar cuándo realizar la próxima reunión.
La paradoja es que ganar tampoco garantiza gobernar. La AfD fue primera en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, pero continúa aislada por el rechazo de las demás fuerzas a formar una coalición con ella. El resultado ofrece así una particular lección matemática: se puede ser el partido más votado y, simultáneamente, observar cómo otros intentan construir una mayoría sin invitarlo. Alemania no necesita una nueva calculadora electoral; necesita una con función para coaliciones.