“Los chicos no hablan de fútbol, sino de pronósticos. Las charlas van por ese lado. Sobre apuestas combinadas, sobre qué tipster (pronosticador de apuestas) siguen, qué páginas pagan mejor. El partido pasa a un segundo plano, ya no importa tanto. Y esta distorsión es el síntoma más claro que estoy viendo entre la pasión y la posible adicción”. Así describe Mariana Savid Saravia, psicopedagoga y especialista en Ciudadanía Digital, una realidad que observa en los talleres que dicta entre adolescentes. En medio del clima mundialista, los especialistas advierten sobre un fervor que podría transformarse en un factor de riesgo.
Una emergencia de salud pública
“El Mundial no es el origen de este problema, pero sí va a actuar como un acelerador descomunal. Porque las plataformas de apuestas están usando un marketing perverso. El campeonato anterior nos dejó un montón de aprendizajes de lo que es trabajar en equipo, pero también la naturalización del vínculo entre el fútbol y las apuestas. Hoy la adicción a las apuestas es una emergencia de salud pública que estamos viviendo en las aulas y en las familias”, sostuvo Savid Saravia desde Córdoba.
La preocupación no es nueva. Después del Mundial de Qatar se registró una fuerte demanda de tratamientos vinculados a las apuestas. “Hubo muchísimos casos desde entonces. Hace 23 años que trabajo en el campo de la ludopatía, nunca vi lo que estamos viendo en los últimos años”, afirmó Débora Blanca, directora de Lazos en Juego.
Los datos respaldan las advertencias. Según el informe “Apuestas Online y Adolescencia: construyendo entornos seguros”, publicado por el Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina en diciembre de 2025, entre el 51% y el 66% de los adolescentes no logra diferenciar plataformas legales de ilegales. La encuesta, realizada sobre 11.421 estudiantes de 231 escuelas de 16 provincias, también reveló que seis de cada diez adolescentes están expuestos al juego online, ya sea por participación directa (16%) o por vínculos cercanos que apuestan (45%).
El debate por la regulación
Dos semanas antes del inicio del Mundial, el Gobierno envió al Congreso un paquete de leyes que incluye una iniciativa presentada como una herramienta para combatir la ludopatía. Sin embargo, distintas voces cuestionaron que la propuesta se concentra en restringir los sitios ilegales sin avanzar sobre otros aspectos, como la publicidad masiva de las plataformas habilitadas.
“El excelente proyecto que había en el Congreso para generar mecanismos de regulación y factores de protección quedó detenido y el Gobierno busca presentar uno nuevo para favorecer a las empresas legales de apuestas. La cooptación en el fútbol de todo el dinero que manejan las empresas de apuestas online es enorme. Complica mucho cualquier grado de intervención preventiva”, planteó Nicolás Poliansky, psicólogo, doctor en Ciencias de la Salud y especialista en adicciones.
El informe de Cruz Roja también indica que entre el 71% y el 79% de los adolescentes estuvo expuesto a publicidad o contenidos vinculados a apuestas online, incluso sin participar de ellas. Entre quienes sí apuestan, el 79% reconoce riesgo de adicción, mientras que uno de cada ocho terminó endeudado. Además, el 69% reportó ansiedad o malestar y el 49% señaló alteraciones en el sueño y en el rendimiento escolar asociadas a esta práctica.
El impacto del contexto económico
La inquietud crece al ritmo de la expansión de la publicidad de casinos online, que aprovechan el Mundial como plataforma para captar nuevos usuarios. En un país atravesado por dificultades económicas y una profunda pasión por el fútbol, los especialistas consideran que el escenario resulta especialmente delicado.
“Si Argentina gana, te llevás $ 10.000 gratis”, promociona una de las ofertas visibles en plataformas de apuestas deportivas vinculadas al campeonato. Para los expertos, este tipo de mensajes potencia la percepción de que las apuestas pueden convertirse en una vía rápida para obtener ingresos.
“Hay una base muy fuerte con evidencia de que cualquier crisis económica agrava los problemas de salud mental y de adicciones. A eso se le suma este nuevo escenario donde las apuestas online generan la ilusión de la posibilidad de hacerse con un dinero rápidamente. Apostando en un deporte que genera mucho fanatismo. La combinación es bastante explosiva”, explicó Poliansky.
El especialista anticipó además que el impacto más visible podría aparecer una vez finalizado el torneo. “Seguramente el aumento de las consultas se va a dar después del Mundial. Mientras funciona la excitación, la algarabía, el entusiasmo, eso queda de alguna manera enmarcado dentro de los márgenes del espectáculo deportivo”, señaló. También remarcó una diferencia conceptual: “El problema no es el juego. Son las apuestas. Esta diferencia hay que marcarla con mucha claridad”.
Savid Saravia coincide en que la situación económica agrava el fenómeno. “La promesa de ganar plata fácil es irresistible para chicos y chicas que ven que en su casa falta. Creo que el vínculo es directo y el contexto de dificultades económicas agrava el cuadro”, sostuvo. Y agregó: “Lo ven como una solución económica mágica. Para un adolescente, apostar 5000 pesos en una plataforma no es un gasto. Es una inversión desesperada para supuestamente obtener 10 mil”.
Los números reflejan las consecuencias de esa percepción. Según el relevamiento de Cruz Roja, uno de cada ocho adolescentes que apuesta termina endeudado. “Esta deuda empieza con amigos y termina recayendo en padres, tíos, abuelos. O en robos”, advirtió la especialista.
<p>Especialistas en salud mental, ciudadanía digital y adicciones advirtieron sobre el crecimiento de las apuestas online entre adolescentes en la previa del Mundial. Alertan que la exposición masiva a la publicidad, la crisis económica y la falta de regulaciones más estrictas podrían profundizar un problema que ya afecta a miles de jóvenes, con consecuencias que incluyen endeudamiento, ansiedad y deterioro del rendimiento escolar.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hubo una época en la que las discusiones futboleras giraban alrededor de si el 4-3-3 era una obra de arte o un atentado táctico, si el árbitro había visto otro partido o si el delantero había definido con la precisión de un cirujano o la puntería de un turista arrojando monedas a una fuente. Ahora, en demasiados recreos, la conversación parece haberse mudado a otro terreno: cuotas, combinadas, bonos de bienvenida y pronosticadores que prometen acertar el futuro con más seguridad que un horóscopo escrito por una inteligencia artificial con exceso de confianza.
El fenómeno preocupa porque el fútbol dejó de ser únicamente el espectáculo para convertirse, para muchos adolescentes, en una especie de mercado financiero con camiseta. El resultado importa, sí, pero sobre todo importa cuánto paga. El gol ya no siempre se grita por pasión: a veces se celebra como quien ve subir una acción en la bolsa. La diferencia es que en este mercado los analistas tienen menos corbatas y más códigos promocionales.
Los especialistas observan una transformación silenciosa. Mientras las publicidades prometen dinero rápido con la misma insistencia con la que un vendedor intenta convencer de que una licuadora cambiará la vida de una familia, miles de jóvenes reciben el mensaje de que apostar es apenas una extensión natural del deporte. Como si mirar un partido y arriesgar dinero fueran actividades inseparables, del mismo modo que el mate y el termo o la pizza y la discusión sobre quién debe pagarla.
En el medio aparece el Mundial, ese acontecimiento capaz de detener reuniones, alterar horarios laborales y convertir a expertos improvisados en estrategas internacionales durante noventa minutos. Para las plataformas de apuestas, semejante concentración de emociones equivale a encontrar petróleo en el patio de casa. Cada partido se convierte en una vidriera perfecta para ofrecer la ilusión de ganancias instantáneas en un contexto donde muchas familias atraviesan dificultades económicas.
La ecuación resulta inquietante: pasión deportiva más promesas de dinero fácil más incertidumbre económica. Una mezcla que los especialistas describen como explosiva y que no necesita demasiada imaginación para entender sus consecuencias. Porque cuando la promesa parece demasiado sencilla, suele haber una letra chica. Y cuando la emoción del espectáculo se mezcla con la expectativa de obtener ganancias rápidas, el resultado puede terminar siendo mucho menos festivo que la publicidad que lo vendió.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
“Los chicos no hablan de fútbol, sino de pronósticos. Las charlas van por ese lado. Sobre apuestas combinadas, sobre qué tipster (pronosticador de apuestas) siguen, qué páginas pagan mejor. El partido pasa a un segundo plano, ya no importa tanto. Y esta distorsión es el síntoma más claro que estoy viendo entre la pasión y la posible adicción”. Así describe Mariana Savid Saravia, psicopedagoga y especialista en Ciudadanía Digital, una realidad que observa en los talleres que dicta entre adolescentes. En medio del clima mundialista, los especialistas advierten sobre un fervor que podría transformarse en un factor de riesgo.
Una emergencia de salud pública
“El Mundial no es el origen de este problema, pero sí va a actuar como un acelerador descomunal. Porque las plataformas de apuestas están usando un marketing perverso. El campeonato anterior nos dejó un montón de aprendizajes de lo que es trabajar en equipo, pero también la naturalización del vínculo entre el fútbol y las apuestas. Hoy la adicción a las apuestas es una emergencia de salud pública que estamos viviendo en las aulas y en las familias”, sostuvo Savid Saravia desde Córdoba.
La preocupación no es nueva. Después del Mundial de Qatar se registró una fuerte demanda de tratamientos vinculados a las apuestas. “Hubo muchísimos casos desde entonces. Hace 23 años que trabajo en el campo de la ludopatía, nunca vi lo que estamos viendo en los últimos años”, afirmó Débora Blanca, directora de Lazos en Juego.
Los datos respaldan las advertencias. Según el informe “Apuestas Online y Adolescencia: construyendo entornos seguros”, publicado por el Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina en diciembre de 2025, entre el 51% y el 66% de los adolescentes no logra diferenciar plataformas legales de ilegales. La encuesta, realizada sobre 11.421 estudiantes de 231 escuelas de 16 provincias, también reveló que seis de cada diez adolescentes están expuestos al juego online, ya sea por participación directa (16%) o por vínculos cercanos que apuestan (45%).
El debate por la regulación
Dos semanas antes del inicio del Mundial, el Gobierno envió al Congreso un paquete de leyes que incluye una iniciativa presentada como una herramienta para combatir la ludopatía. Sin embargo, distintas voces cuestionaron que la propuesta se concentra en restringir los sitios ilegales sin avanzar sobre otros aspectos, como la publicidad masiva de las plataformas habilitadas.
“El excelente proyecto que había en el Congreso para generar mecanismos de regulación y factores de protección quedó detenido y el Gobierno busca presentar uno nuevo para favorecer a las empresas legales de apuestas. La cooptación en el fútbol de todo el dinero que manejan las empresas de apuestas online es enorme. Complica mucho cualquier grado de intervención preventiva”, planteó Nicolás Poliansky, psicólogo, doctor en Ciencias de la Salud y especialista en adicciones.
El informe de Cruz Roja también indica que entre el 71% y el 79% de los adolescentes estuvo expuesto a publicidad o contenidos vinculados a apuestas online, incluso sin participar de ellas. Entre quienes sí apuestan, el 79% reconoce riesgo de adicción, mientras que uno de cada ocho terminó endeudado. Además, el 69% reportó ansiedad o malestar y el 49% señaló alteraciones en el sueño y en el rendimiento escolar asociadas a esta práctica.
El impacto del contexto económico
La inquietud crece al ritmo de la expansión de la publicidad de casinos online, que aprovechan el Mundial como plataforma para captar nuevos usuarios. En un país atravesado por dificultades económicas y una profunda pasión por el fútbol, los especialistas consideran que el escenario resulta especialmente delicado.
“Si Argentina gana, te llevás $ 10.000 gratis”, promociona una de las ofertas visibles en plataformas de apuestas deportivas vinculadas al campeonato. Para los expertos, este tipo de mensajes potencia la percepción de que las apuestas pueden convertirse en una vía rápida para obtener ingresos.
“Hay una base muy fuerte con evidencia de que cualquier crisis económica agrava los problemas de salud mental y de adicciones. A eso se le suma este nuevo escenario donde las apuestas online generan la ilusión de la posibilidad de hacerse con un dinero rápidamente. Apostando en un deporte que genera mucho fanatismo. La combinación es bastante explosiva”, explicó Poliansky.
El especialista anticipó además que el impacto más visible podría aparecer una vez finalizado el torneo. “Seguramente el aumento de las consultas se va a dar después del Mundial. Mientras funciona la excitación, la algarabía, el entusiasmo, eso queda de alguna manera enmarcado dentro de los márgenes del espectáculo deportivo”, señaló. También remarcó una diferencia conceptual: “El problema no es el juego. Son las apuestas. Esta diferencia hay que marcarla con mucha claridad”.
Savid Saravia coincide en que la situación económica agrava el fenómeno. “La promesa de ganar plata fácil es irresistible para chicos y chicas que ven que en su casa falta. Creo que el vínculo es directo y el contexto de dificultades económicas agrava el cuadro”, sostuvo. Y agregó: “Lo ven como una solución económica mágica. Para un adolescente, apostar 5000 pesos en una plataforma no es un gasto. Es una inversión desesperada para supuestamente obtener 10 mil”.
Los números reflejan las consecuencias de esa percepción. Según el relevamiento de Cruz Roja, uno de cada ocho adolescentes que apuesta termina endeudado. “Esta deuda empieza con amigos y termina recayendo en padres, tíos, abuelos. O en robos”, advirtió la especialista.
Hubo una época en la que las discusiones futboleras giraban alrededor de si el 4-3-3 era una obra de arte o un atentado táctico, si el árbitro había visto otro partido o si el delantero había definido con la precisión de un cirujano o la puntería de un turista arrojando monedas a una fuente. Ahora, en demasiados recreos, la conversación parece haberse mudado a otro terreno: cuotas, combinadas, bonos de bienvenida y pronosticadores que prometen acertar el futuro con más seguridad que un horóscopo escrito por una inteligencia artificial con exceso de confianza.
El fenómeno preocupa porque el fútbol dejó de ser únicamente el espectáculo para convertirse, para muchos adolescentes, en una especie de mercado financiero con camiseta. El resultado importa, sí, pero sobre todo importa cuánto paga. El gol ya no siempre se grita por pasión: a veces se celebra como quien ve subir una acción en la bolsa. La diferencia es que en este mercado los analistas tienen menos corbatas y más códigos promocionales.
Los especialistas observan una transformación silenciosa. Mientras las publicidades prometen dinero rápido con la misma insistencia con la que un vendedor intenta convencer de que una licuadora cambiará la vida de una familia, miles de jóvenes reciben el mensaje de que apostar es apenas una extensión natural del deporte. Como si mirar un partido y arriesgar dinero fueran actividades inseparables, del mismo modo que el mate y el termo o la pizza y la discusión sobre quién debe pagarla.
En el medio aparece el Mundial, ese acontecimiento capaz de detener reuniones, alterar horarios laborales y convertir a expertos improvisados en estrategas internacionales durante noventa minutos. Para las plataformas de apuestas, semejante concentración de emociones equivale a encontrar petróleo en el patio de casa. Cada partido se convierte en una vidriera perfecta para ofrecer la ilusión de ganancias instantáneas en un contexto donde muchas familias atraviesan dificultades económicas.
La ecuación resulta inquietante: pasión deportiva más promesas de dinero fácil más incertidumbre económica. Una mezcla que los especialistas describen como explosiva y que no necesita demasiada imaginación para entender sus consecuencias. Porque cuando la promesa parece demasiado sencilla, suele haber una letra chica. Y cuando la emoción del espectáculo se mezcla con la expectativa de obtener ganancias rápidas, el resultado puede terminar siendo mucho menos festivo que la publicidad que lo vendió.